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El cardenal Robert Francis Prevost es el nuevo papa bajo el nombre de León XIV
Robert Francis Prevost Martínez, nativo de Chicago, se convirtió en 2023 en el prefecto del poderoso Dicasterio para los Obispos, encargado de nombrar a los mitrados de todo el mundo. Es el primer pontífice norteamericano de la Historia con el nombre de León XIV, anunció el Vaticano.
El futuro de la Iglesia católica reposaba en las manos de los 133 cardenales que eligieron desde el miércoles al sucesor del papa Francisco en un cónclave abierto, incierto y con pocos favoritos claros. Este jueves y tras cuatro votaciones, hubo humo blanco. El nuevo papa es el estadounidense Robert Prevost, de 69 años. Frente a los magníficos frescos del Miguel Ángel, los purpurados votaron “en presencia de Dios” bajo solemne silencio reunidos en la Capilla Sixtina.
Afuera, miles de fieles y curiosos rompieron en aplausos y vítores en el Vaticano al ver la esperada fumata blanca, que estuvo acompañada del redoble de las campanas de la basílica de San Pedro. Los llamados “príncipes de la Iglesia” necesitaron dos días para elegir al nuevo papa, al igual que en 2005, cuando escogieron a Benedicto XVI, y en 2013, con Francisco.
La mayoría de votos necesarios para ser elegidos estaba en 89, correspondientes a los dos tercios de los sufragios. En cada votación, los cardenales escribieron el nombre de su candidato, doblaron la papeleta y la dispusieron en un plato de plata, que se usa para depositarla en una urna ubicada precisamente a nivel de la imagen del Juicio Final. Las papeletas se quemaron en una estufa con ayuda de químicos para dar el color del escrutinio.
Antes del “extra omnes”, los cardenales juraron guardar secreto sobre el proceso y desempeñar “fielmente” el papel de pontífice si resultaba electo por “disposición divina”. El decano del colegio cardenalicio, Giovanni Battista Re, llamó en una misa previa al cónclave a “mantener la unidad de la Iglesia” de cara al momento “difícil, complejo y convulso” que enfrentará el futuro líder espiritual de 1.400 millones de católicos.
Los cardenales que eligieron al sucesor del papa Francisco tenían una tarea más fácil que muchos de sus predecesores, que soportaron condiciones espartanas y a veces estuvieron encerrados tanto tiempo que algunos murieron. En el año 236, por ejemplo, la comunidad cristiana de Roma debatía sobre posibles candidatos a papa, cuando una paloma blanca se posó sobre la cabeza de un espectador, Fabián.
“En ese momento, todo el mundo, como movido por una única inspiración divina, clamó con entusiasmo y de todo corazón que Fabián era digno”, según Eusebio, un historiador de la Iglesia de la época. Pero esta bendición acabó mal. El emperador romano Decio lo persiguió y ejecutó 14 años después.
Robert Francis Prevost Martínez, nativo de Chicago, se convirtió en 2023 en el prefecto del poderoso Dicasterio para los Obispos, encargado de nombrar a los mitrados de todo el mundo. Es el primer pontífice norteamericano de la Historia con el nombre de León XIV, anunció el Vaticano.
Prevost fue misionero en Perú, de donde tiene también nacionalidad, y años después fue nombrado arzobispo-obispo emérito de Chiclayo, en el país andino. También es el presidente de la Pontificia Comisión para América Latina.
Los retos del sucesor de Francisco
La palabra “papa” viene del griego “pappas”, que significa “padre, patriarca”, y es por eso que los fieles lo llaman “Santo Padre”. Considerado como el sucesor de San Pedro, a quien Cristo le habría encargado que dirigiera la Iglesia, el papa es el guía espiritual de los más de 1.400 millones de católicos que hay en todo el mundo.
El papel del nuevo papa será preservar y enseñar la fe, interpretar el Evangelio y velar por la unidad de la Iglesia. El papa, además, tiene el estatus de jefe de Estado y dirige la Ciudad del Vaticano, un Estado independiente enclavado en Roma que es, además, el más pequeño del mundo, con 44 hectáreas.
Como jefe de Estado ejerce poderes absolutos (ejecutivo, legislativo, judicial). También recibe a los jefes de Estado y de Gobierno en el Vaticano. En esas reuniones a puerta cerrada, llamadas “audiencias privadas”, se habla sobre temas de actualidad o se informa sobre las posiciones de la Santa Sede, una entidad soberana en el derecho internacional.
Como próximo papa deberá limar, además, los roces entre las diferentes corrientes al interior de una Iglesia, donde cohabitan sensibilidades culturales muy diversas.
El 267º sucesor de San Pedro hereda una Iglesia de 1.400 millones de fieles cuya distribución geográfica es desigual, pues se encuentra en plena expansión en el hemisferio sur mientras declina de manera continua en Europa. A fines de 2023, la Iglesia tenía 406.996 sacerdotes en el mundo, una cifra 0,2% inferior a 2022. El número de sacerdotes aumenta en África y Asia, pero baja en las otras partes.
El nuevo papa tendrá que manejar esas diversas dinámicas para relanzar la frecuentación de las iglesias y las vocaciones, pero también enfrentar la competencia de la Iglesia evangélica, especialmente en África.
Francisco reformó profundamente el manejo de las finanzas de la Santa Sede, que no obstante enfrenta un déficit presupuestario crónico y una disminución de las donaciones de los fieles. Los escándalos de malversaciones además han afectado su imagen, incluso durante el pontificado de Francisco.
Su sucesor, ahora, deberá enfrentará numerosos desafíos internos, como la pederastia en la Iglesia, la crisis de vocaciones y el papel de las mujeres, y externos, como los conflictos, el auge de gobiernos populistas y la crisis climática.
Así fue la elección
El secretismo envolvió este secular rito que se desarrolló a puerta cerrada en la Capilla Sixtina y era objeto de especulaciones sobre las “intrigas cardenalicias”. Esta sala decorada de frescos no es un espacio para discursos, debates y negociaciones. Los intercambios se daban durante las comidas o reuniones en la residencia Santa Marta y otras dependencias vaticanas.
Muestra de la solemnidad y complejidad de la elección, los cardenales escriben el nombre de su candidato, doblan su papeleta y la colocan en un plato de plata, como se dijo, ante el fresco del Juicio Final de Miguel Ángel. La Capilla Sixtina fue acondicionada con varias hileras de mesones con telas marrones y rojas, sobre las cuales estaba el nombre de cada elector.
La elección ya preveía más negociaciones y varias votaciones para llegar a un nombre de consenso entre los “bergoglistas” de Francisco y el ala más conservadora que criticó mucho el pontificado reformista del primer papa latinoamericano, enfocado en los pobres.
Ante la expectativa, unas 50.000 personas presenciaron la primera fumata negra el miércoles por la noche (hora de Roma) desde la plaza de San Pedro y sus alrededores. El primer escrutinio se conoció tres horas y cuarto después del “extra omnes”, la orden de “todos fuera” para que los “príncipes de la Iglesia” se encierren y den inicio a este ritual que data de la Edad Media.
La fumata negra del miércoles estuvo precedida por la confusión en la plaza de San Pedro, cuando las pantallas que proyectaban la imagen de la chimenea se fueron a negro antes del esperado momento. Y el anochecer volvió complicado distinguir el color del humo en un primer momento.
Sin embargo, un espeso humo negro surgió nuevamente esta mañana de la chimenea instalada en el tejado de la Capilla Sixtina, señal de que los 133 cardenales encerrados en su interior fracasaron de nuevo en su misión de escoger a un nuevo papa.
Las más de 15.000 personas congregadas hacia el mediodía en la plaza vaticana de San Pedro, en un día de soleada primavera, acogieron entre aplausos y decepción la segunda fumata negra, después de la que se elevó la víspera sobre el cielo de la Ciudad Eterna.
Los dos últimos cónclaves, que llevaron a la elección de Benedicto XVI en 2005 y al primer papa latinoamericano en 2013, se resolvieron en solo dos días, con 4 y 5 rondas de votación respectivamente. En los diez cónclaves anteriores, correspondientes a los de los siglos XX y XXI, ninguno se resolvió el primer día. Todos necesitaron entre 2 y 5 días y hasta 14 votaciones. El último cónclave largo fue en 1831, cuando se necesitaron más de 50 días para escoger a Gregorio XVI. Desde entonces, han durado menos de una semana.
Pero la decisión de los purpurados esta vez, guiados según la tradición por el Espíritu Santo e incomunicados tras la muerte de Francisco el pasado 21 de abril, parecía más complicada. El pontificado reformista de Jorge Mario Bergoglio generó fuertes divisiones en el seno de la Iglesia. Las casas de apuestas ponían por su parte en cabeza al italiano Pietro Parolin, quien fuera mano derecha del papa argentino durante su pontificado, seguido del cardenal filipino Luis Antonio Tagle. Progresista, conservador, dogmático…
El perfil del próximo pontífice estaba en elaboración, aunque expertos y cardenales coincidían en que no sería un revolucionario como el argentino.