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RAPTEG, más que un autogobierno para los raizales de San Andrés y Providencia

Endis Livingston Bernard ha sido presentado por los promotores de la organización como una figura clave en la consolidación de la visión estratégica del movimiento, que busca articular propuestas sociales, culturales y políticas para el bienestar colectivo del pueblo raizal.

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En medio de un creciente interés por el fortalecimiento de los derechos étnicos y la participación comunitaria en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, ha emergido un movimiento organizativo conocido como Raizal People Territorial Governance (RAPTEG), que busca consolidar un modelo de gobernanza propia para el pueblo raizal, basado en la autodeterminación, la identidad cultural y la participación activa de su gente.

RAPTEG, cuyo nombre en inglés se traduce como Gobernanza Territorial del Pueblo Raizal, se presentó oficialmente el 4 de julio de 2025 en un evento que reunió a liderazgos locales y comunitarios en el Centro Cultural del Banco de la República en San Andrés. Allí, representantes del movimiento expusieron su visión de una gobernanza que, sin ser separatista, aspira a garantizar que las decisiones que afectan la vida, la cultura y el territorio raizal sean consultadas y construidas desde dentro de la comunidad misma.

Al frente de esta iniciativa se encuentra Endis Livingston Bernard, quien desempeña el papel de primer ministro dentro de la estructura organizativa de RAPTEG. Livingston ha sido presentado por los promotores de la organización como una figura clave en la consolidación de la visión estratégica del movimiento, que busca articular propuestas sociales, culturales y políticas para el bienestar colectivo del pueblo raizal.

El movimiento ha generado un diálogo importante en la sociedad isleña, enfatizando la necesidad de que las voces raizales sean escuchadas con mayor fuerza en las decisiones que involucran su territorio, especialmente frente a temas como el turismo, la conservación cultural y la gestión ambiental. Líderes comunitarios han insistido en que RAPTEG busca ser una herramienta de diálogo con las autoridades locales y nacionales, con miras a defender los intereses de los raizales sin confrontaciones, sino con énfasis en respeto y reconocimiento.

Endis Livingston Bernard, en su papel de líder del movimiento, ha participado activamente en eventos comunitarios y espacios de diálogo, defendiendo la idea de que una gobernanza más participativa puede contribuir a una convivencia más equitativa y equilibrista entre el progreso social y la preservación de la identidad raizal en un contexto de cambios constantes.

Este movimiento, protagonizado por líderes como Endis Livingston, no sólo propone una gobernanza comunitaria, sino que cuestiona y desafía estructuras políticas tradicionales que históricamente han marginado al pueblo raizal.

1. Consolidación de una voz política étnica

La consolidación de RAPTEG representa un avance en la búsqueda de representación política étnica para los raizales, grupo afrocaribeño con identidad y prácticas culturales propias. A pesar de que los raizales estaban reconocidos formalmente dentro del marco multicultural de la Constitución colombiana de 1991 —que reconoce derechos colectivos y territoriales para grupos étnicos— en la práctica han enfrentado marginación en procesos de toma de decisiones que afectan directamente su territorio y cultura.

Al promover una gobernanza basada en la participación y la autodeterminación, RAPTEG fomenta que los raizales no sólo sean consultados, sino que también co-construyan políticas públicas que incidan en su futuro. Esto podría traducirse en mayor incidencia en decisiones locales y en la agenda política regional, particularmente en ámbitos como turismo, conservación ambiental, educación y planificación del territorio.

2. Dinámica con el Estado y la institucionalidad

El surgimiento de RAPTEG se da en un contexto en el que el pueblo raizal ha logrado avances jurídicos importantes, entre ellos el reconocimiento como Sujeto de Reparación Colectiva por parte del Estado colombiano, que visibiliza afectaciones históricas a su autonomía, identidad cultural y derechos territoriales.

Este reconocimiento implica, en términos políticos, una reconfiguración de las relaciones entre el Estado y las comunidades raizales. RAPTEG puede ejercer presión para que estos derechos se implementen efectivamente en políticas públicas y se respeten instancias de participación como la Consulta Previa, un mecanismo legal que obliga al Estado a dialogar con las comunidades antes de desarrollar proyectos que afecten sus territorios.

3. Identidad, poder y representación

Las implicaciones políticas de RAPTEG también se expresan en la manera como refuerza la identidad raizal como motor de movilización política. En un contexto donde la población raizal ha disminuido proporcionalmente debido a la migración desde el continente —situación que genera tensiones por la representatividad y los recursos— el movimiento propone una narrativa política que reivindica el derecho a decidir sobre el futuro del archipiélago, defendiendo sus formas de vida tradicionales frente a presiones externas.

El activismo de RAPTEG podría influir en elecciones locales y regionales, moldeando plataformas políticas donde la defensa de derechos étnicos y territoriales sea un eje central, y poniendo en la agenda la demanda de políticas diferenciales que atiendan las particularidades histórico-culturales de los raizales.

4. Desafíos y tensiones políticas

No obstante, esta búsqueda de mayor autonomía política plantea retos y tensiones. La interacción con autoridades municipales, departamentales y nacionales exige negociaciones complejas donde los raizales deben equilibrar sus demandas de autodeterminación con la integración dentro del marco constitucional colombiano. Además, existe el reto de construir alianzas con otros sectores sociales y movimientos que comparten agendas de justicia social y ambiental para consolidar propuestas políticas sostenibles.

RAPTEG se perfila no solo como un movimiento social, sino como un actor político que puede reconfigurar la participación de los raizales en la vida pública, reforzar sus demandas de derechos colectivos y aportar propuestas innovadoras de gobernanza, todo ello dentro del complejo panorama político del archipiélago y de Colombia. Su impacto dependerá de su capacidad de diálogo con el Estado, de su articulación con otros movimientos sociales y de su inserción estratégica en las dinámicas políticas locales y nacionales.

Aunque RAPTEG es todavía un proyecto emergente, su aparición en la escena social del archipiélago representa una nueva apuesta por la reconfiguración de los mecanismos de representación y participación comunitaria, con un enfoque centrado en los valores, derechos y aspiraciones de uno de los pueblos más emblemáticos de la región caribeña colombiana.

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