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Se busca la recuperación de Rose Cay con cierre del lugar por seis meses
Un estudio de Coralina y la Universidad Nacional en los años 90 ya advertía que los dragados históricos habían generado “un daño irreversible en ciertas zonas arrecifales y una mayor vulnerabilidad de los cayos cercanos, incluido Rose Cay”.
El Acuario o Rose Cay, uno de los destinos más visitados del Caribe colombiano, enfrenta una silenciosa amenaza. Las presiones del turismo masivo, los dragados históricos en la isla y la falta de regulación efectiva han puesto en jaque al banco de arena y a los ecosistemas marinos que lo rodean.
Un paraíso en riesgo
Rose Cay es reconocido mundialmente por sus aguas cristalinas y su banco de arena blanca que emerge entre pastos marinos y arrecifes coralinos. Sin embargo, estudios ambientales advierten que la sobrecarga de visitantes —que en temporadas altas supera las 1.500 personas al día— ha provocado erosión, pérdida de corales juveniles y alteración en las corrientes que sostienen la formación natural del cayo.
A esto se suman los efectos de dragados costeros realizados en décadas pasadas para abrir canales de navegación y habilitar zonas turísticas, los cuales modificaron dinámicas marinas y aceleraron el desgaste de varios ecosistemas en la isla.
El impacto histórico del dragado en San Andrés
Desde los años 70 se realizaron dragados en la isla con varios fines:
Ampliación de la zona urbana y hotelera, especialmente en la bahía de San Andrés.
Construcción de muelles y áreas para embarcaciones turísticas y comerciales.
Ganarle tierra al mar para proyectos de infraestructura.
Estos dragados se hicieron principalmente en bahías, lagunas costeras y áreas coralinas poco profundas, lo que implicó la remoción de arena y corales.
Niveles de afectación al ecosistema
Los estudios ambientales (Coralina y universidades) señalan que:
1. Arrecifes coralinos:
La sedimentación generada por los dragados cubrió corales vivos, reduciendo la fotosíntesis y provocando su muerte.
Esto impactó directamente especies como peces de arrecife y crustáceos que dependen de ellos.
2. Pastos marinos:
Fueron enterrados o removidos, afectando hábitats de tortugas marinas y caballitos de mar.
3. Manglares:
En sectores cercanos a la bahía Hooker y a la laguna Big Pond se reportaron daños por cambios en el flujo del agua y pérdida de suelo natural.
4. Calidad del agua:
Aumentó la turbidez (agua más opaca por sedimentos), lo que alteró la productividad del ecosistema.
5. Biodiversidad:
Se redujo la abundancia de peces pequeños y moluscos, base de la pesca artesanal raizal.
El dragado —la extracción de arena, sedimentos y material coralino del fondo marino— se utilizó en San Andrés especialmente desde mediados del siglo XX con dos fines principales:
1. Infraestructura portuaria: para permitir el ingreso de embarcaciones de mayor calado en la bahía principal y en la zona de Spratt Bight.
2. Expansión turística y urbana: para obtener material de relleno con el que se construyeron playas artificiales y se ampliaron áreas costeras en el sector norte de la isla.
Aunque en su momento fue visto como una estrategia de desarrollo, las consecuencias ambientales fueron graves:
Alteración de corrientes marinas: los dragados cambiaron la dirección y velocidad de las corrientes, lo que redujo la estabilidad de bancos de arena como Rose Cay.
Sedimentación sobre corales: el material removido cubrió colonias coralinas, causando su muerte por asfixia.
Pérdida de pastos marinos: los dragados destruyeron extensas praderas que servían de alimento a tortugas y hábitat para peces juveniles.
Erosión costera: al modificar el equilibrio natural entre arrecifes, playas y bancos de arena, se aceleró el retroceso de la línea de costa en varias áreas.
Un estudio de Coralina y la Universidad Nacional en los años 90 ya advertía que los dragados históricos habían generado “un daño irreversible en ciertas zonas arrecifales y una mayor vulnerabilidad de los cayos cercanos, incluido Rose Cay”.
Experiencias caribeñas que inspiran
El caso no es único. Otros destinos del Caribe han enfrentado problemáticas similares y han encontrado salidas exitosas.
En Belice, la reserva marina Hol Chan redujo la pesca y reguló el buceo, logrando recuperar la cobertura coralina.
En Honduras, Cayos Cochinos limitó el acceso diario de visitantes y eliminó construcciones permanentes en los cayos.
En Bonaire, la introducción de una “tasa de conservación” permitió financiar la protección de sus arrecifes, convirtiéndolos en un referente mundial de turismo sostenible.
La propuesta para San Andrés
Inspirado en estos modelos, un plan de manejo ambiental para el Acuario plantea cinco líneas estratégicas:
1. Regular el turismo: limitar visitantes a 500 por día, con reservas previas y guías ambientales obligatorios.
2. Conservar y restaurar: crear áreas de no acceso, injertar corales y reemplazar anclajes por boyas de fondeo.
3. Educar y sensibilizar: capacitar turistas y formar a jóvenes raizales como guardianes del mar.
4. Gobernanza participativa: integrar a Coralina, comunidad raizal, gremio turístico y academia en un comité de manejo.
5. Financiamiento sostenible: implementar un “Acuario Fee” de COP $10.000 por visitante para financiar restauración y programas comunitarios.
En agosto de 2025, el Tribunal Administrativo del Archipiélago ordenó el cierre temporal del Cayo Acuario (Rose Cay) por seis meses y cierres trimestrales de tres días en Haines Cay, como parte de una acción popular por deterioro ambiental grave .
También se instruyó desmontar las estructuras fijas en las islas, elaborar estudios técnicos actualizados de capacidad de carga, limitar el número de visitantes diarios y regular el tránsito de embarcaciones .
2. Convocatoria «Fi Wi Riif» para restauración coralina
En 2025, se lanzó una convocatoria para cofinanciar proyectos de restauración de arrecifes coralinos en el archipiélago bajo la iniciativa “Fi Wi Riif” (“Nuestro arrecife”), promovida por organizaciones como Fondo Acción y Fundación Providence .
Esta iniciativa busca combinar restauración ambiental con modelos de negocio sostenibles y generar empleo local.
3. Avances del programa Fi Wi Riif
Desde 2024, el programa ha avanzado en objetivos clave:
1. Recuperar arrecifes coralinos y refugios climáticos.
2. Mejorar los medios de vida de comunidades dependientes de los arrecifes.
3. Aplicar tecnologías basadas en conocimientos locales para restauración .
4. Recursos anunciados para conservación
En julio de 2023, el Ministerio de Ambiente anunció la inversión de cerca de 27.000 millones de pesos para iniciativas en San Andrés, incluyendo:
13.000 millones para la conservación de biodiversidad en zonas turísticas.
14.000 millones destinados a la recuperación de arrecifes afectados por enfermedades coralinas .
5. Prácticas de restauración coralina en terreno
Desde 2023, organizaciones como GreenSouls, con apoyo de Coralina y aliados privados, han implementado viveros marinos para la recuperación coralina:
Fragmentos de coral (como Acropora cervicornis) se cultivan en estructuras protegidas y, tras varios meses, se trasplantan al arrecife.
La tasa de éxito de estos viveros puede alcanzar entre el 60 % y el 80 % y el crecimiento puede ser de 5 – 10 cm al año.
6. Plan de acción cuatrienal «Seaflower es Pulmón del Caribe Insular» (2024–2027)
Coralina aprobó este plan de acción que incluye:
Pilotos ambientales comunitarios.
Adaptación al cambio climático con soluciones basadas en la naturaleza.
Monitoreo participativo de enfermedades coralinas.
Creación de nuevos espacios marinos protegidos.
Educación ambiental, vigilancia y fortalecimiento de permisos ambientales
Mirando al futuro
De aplicarse estas medidas, en cinco años se podría recuperar un 30% de la cobertura coralina en áreas críticas, reducir la erosión del banco de arena en un 50% y posicionar a Rose Cay como un ejemplo regional de turismo responsable.