Nacional
Gustavo Petro lanza campaña de consulta popular para reformas sociales
El jefe de Estado sorprendió este martes al informar que –en pleno año preelectoral– convocará una consulta popular para que sea el pueblo el que decida el futuro de dos de los proyectos del seno de su Gobierno: las reformas a la salud y laboral.
Ante las dificultades y contrariedades de antaño para lograr afianzar mayorías parlamentarias, el presidente Gustavo Petro resolvió reñir con el Congreso y anunció que buscará otros caminos para materializar sus reformas. Por ello, el jefe de Estado sorprendió este martes al informar que –en pleno año preelectoral– convocará una consulta popular para que sea el pueblo el que decida el futuro de dos de los proyectos del seno de su Gobierno: las reformas a la salud y laboral.
Lo anterior, tras el revés que este martes sufrió en la Comisión Séptima del Senado la reforma laboral, sobre la que ahora pesan ocho votos de 14 a favor de archivarla. Se trata de la misma célula legislativa que tendrá que analizar en las próximas semanas la reforma a la salud que recién fue destrabada en la plenaria de la Cámara gracias a los oficios del nuevo ministro del Interior, Armando Benedetti.
No obstante, ante el riesgo de un nuevo revés legislativo, Petro optó por las calles. Al evocar el estallido social de 2021 y reclamar por un supuesto bloqueo institucional, el jefe de Estado instó a movilizaciones y afirmó que, tras la negativa del Congreso, ahora “es al pueblo al que le toca decidir”.
En esa línea, confirmó en una alocución presidencial que “el Gobierno Nacional va a convocar una consulta popular para decidir sobre la reforma laboral y sobre la reforma a la salud en Colombia. Que sea el pueblo el que decida”.
La consulta popular:
Se trata de un mecanismo de participación ciudadana contemplado por la Constitución para “consultar al pueblo decisiones de trascendencia nacional” a través de una pregunta de carácter general que deberá ser respondida con un “sí” o “no”. En este caso, tendrá alcance nacional y, pese a los intereses del primer mandatario, debe tener aval del Congreso y contar con el respaldo de todos los ministros.
“La reforma vuelve a pasar por el Senado, pero ya no en una comisión de ocho, sino de su plenaria. No querían que pasara a la plenaria, pues ahora pasa. Pero no para definir el contenido del proyecto, sino para decidir si se convoca al pueblo o no. La plenaria del Senado debe convocar al pueblo y desbloquear institucionalmente al país. Es necesaria la democracia y no la dictadura”, sostuvo el jefe de Estado.
La norma indica que para hacer la convocatoria será necesario presentar una justificación de la consulta al Senado, que pasados 20 días deberá pronunciarse a favor o en contra según su conveniencia. En caso favorable, se convocará a la consulta en un periodo de tres meses.
Se requerirá la participación de al menos una tercera parte del censo electoral, hoy calculado en 40,9 millones de personas. Es decir, deberán participar al menos 13,6 millones de ciudadanos para que tenga validez el procedimiento y será necesario el voto afirmativo de la mitad más uno de los sufragios válidos.
“La reforma laboral vuelve a sus preguntas iniciales que ahora se trasladarán al pueblo. Lo que es posible decretar se decretará en los próximos días. El poder del pueblo es el poder de movilizarse, pero sobretodo es el poder de decidir. Si no se deja decidir al pueblo no hay democracia, sino tiranía”, agregó Petro luego de su alocución en su cuenta en la red social X.
Durante esa intervención, el mandatario dejó los rodeos y puso fin al mentado acuerdo nacional que intentó promover el exministro del Interior, Juan Fernando Cristo. “Nuestra convocatoria a un gran acuerdo nacional, al que invitábamos al gran empresariado y a la oposición, ha fracasado. Se burlaron de eso, creyeron que acuerdo nacional era que el Gobierno se arrodillara e incumpliera su programa de gobierno, y eso sí sería absolutamente antidemocrático”, remató Petro.
Ante el anuncio del jefe de Estado, del presidente del Senado, Efraín Cepeda, dijo escuetamente que el presidente “está en su derecho, que el pueblo decida”. Por su parte, desde la oposición el senador Carlos Fernando Motoa (Cambio Radical) indicó que están dispuestos a responderle al presidente en las calles: “Si se cansó de ser derrotado en el Congreso –creyéndose por encima de las corporaciones que también fueron elegidas por el pueblo que él dice representar–, en la oposición estamos listos para liderar el no a su desastrosa reforma a la salud en las calles”.
Adicionalmente, desde la independencia la representante Katherine Miranda (Alianza Verde) manifestó que el jefe de Estado “se niega a reconocer el mandato popular que el pueblo colombiano le entregó al Congreso, antes de su elección y superior en votos. Incita a la violencia y a desconocer sus decisiones. Se rompe el orden constitucional y la separación de poderes”.
¿Es legal la convocatoria a consulta popular?
Con todo, el abogado Julián Quintana –profesor de la Universidad Externado y doctor en derecho– puso a tambalear la legalidad de la convocatoria de la consulta popular, explicando que no se puede invocar el mecanismo en el caso de proyectos de articulado. “Ante la falta de resultados quiere ponerle un cuchillo en el cuello a los congresistas para aprobar a la fuerza sus nefastas reformas, al mejor estilo de un dictador”, alegó.
En medio del tire y afloje, el ministro Benedetti –que en la mañana fue captado en la Comisión Séptima con un semblante de preocupación y zozobra ante lo ocurrido con la laboral–, indicó que durante su paso por el Congreso en 20 años “nunca vi que casi que por asalto se radicara una ponencia casi que de forma encapuchada”. El funcionario alegó que el proyecto se hunde “casi que sin discutirse”, catalogándolo como una situación “antidemocrática”.
Además, la senadora petrista Martha Peralta, del Pacto Histórico, lamentó el virtual hundimiento de la laboral; sin embargo, instó a activar los canales de diálogo. “Yo era de la idea de que el Congreso retirara todos los proyectos de reforma que están presentados porque ni siquiera hay una intención o voluntad de dialogar y concertar, pero lo que sí queremos es que al menos la ciudadanía conozca cuáles eran los beneficios que traía esta reforma”.
Sin mayorías
El presidente Petro resolvió acudir a un mecanismo extraordinario como la consulta popular tras el revés que sufrió ayer la reforma laboral en la Comisión Séptima. La iniciativa recibió los santos óleos por parte de una inusitada mayoría en una Corporación que también discutirá la suerte de la reforma a la salud, lo que desató un maremoto político que llevó a que inicialmente el presidente rompiera el diálogo entre el Congreso y la Casa de Nariño.
El preludio de la crisis fue justamente el sorpresivo respaldo que ganó en la mañana de ayer la ponencia de archivo de la reforma laboral. Si bien databan de antaño y eran públicos los reparos de varios integrantes de la Comisión, durante la jornada ese grupo de congresistas logró sumar aliados clave a su cruzada y conformó una sorpresiva mayoría que amenazó con hundir la iniciativa sin que hubiese arrancado en ciernes el debate.
Del bloque inicial hacían parte las senadoras conservadoras Nadia Blel y Esperanza Andrade, así como de los congresistas uribistas Honorio Henríquez y Alirio Barrera (Centro Democrático), sumado al senador liberal Miguel Ángel Pinto. Sin embargo, ayer se incorporaron a esa facción tres senadoras clave que inclinaron la balanza: la paisa Berenice Bedoya –de la Alianza Social Independiente (ASI)–, Lorena Ríos Cuellar (Colombia Justa Libres) y Ana Paola Agudelo (MIRA).
“Cada cual en la Comisión tenía una ponencia o estaba trabajando en una, pero Nadia (Blel), Honorio (Henríquez) y (Miguel Ángel) Pinto se comenzaron a mover desde primera hora y propusieron unificar una sola ponencia de archivo. Así, consiguieron las firmas”, reconoció una fuente a EL COLOMBIANO, quien siguió de cerca las movidas para consolidar la mayoría.
De hecho, este diario conoció que las senadoras Bedoya, Ríos y Agudelo también eran pretendidas por emisarios del Gobierno Nacional que buscaban convertirlas en aliadas de la reforma con miras al debate que arrancaría en la Comisión en los próximos días. No obstante, los esfuerzos fueron en vano.
Bedoya argumentó que, tal como está presentada la reforma laboral, “no genera nuevos empleos, sino que pone en riesgo los actuales”. Además, sostuvo que el proyecto no cuenta con aval fiscal y se crean nuevas cargas financieras al empleador, “generando condiciones de inviabilidad financiera, tanto para las pequeñas y medianas empresas”.
La senadora paisa, que también fue decisiva en su momento para hundir la reforma a la salud, reclamó que el Ejecutivo se ha negado a discutir “líneas rojas”, como el aumento de licencias, la prohibición del contrato sindical y el incremento del pago a aprendices y monetización al Sena, “los cuales, como están propuestos hoy, son inconvenientes para el país”. Para la congresista, “el debate lo han querido centrar en falencias y promesas rotas de campañas políticas”.
Ausencia clave
El bloque mayoritario que se terminó conformando en la Comisión Séptima en contra de los intereses del Gobierno no es nuevo. Justo hace un año, esa misma coalición –gestada de manera espontánea–, fue la que hundió en tercer debate la reforma a la salud que impulsó la exministra Carolina Corcho.
Con todo, de ese bloque se ausentó una congresista que en el pasado jugó un rol clave en el archivo de la primera reforma a la salud del Gobierno: la senadora del Partido de La U Norma Hurtado. Contrario a lo que ocurrió en abril de 2024, en el caso de la laboral Hurtado –quien es de la corriente política de la gobernadora del Valle Dilian Francisca Toro, una de las referentes de la colectividad–, prefirió presentar una ponencia alternativa.
Fue un hecho que no dejó de ser comentado en los corrillos del Elíptico, teniendo en cuenta que días atrás el presidente Petro confirmó que el nuevo ministro TIC será Julián Molina, a quien reconocen en el Congreso como ficha de La U. “Las votaciones corresponden al fuero interno de cada individuo y en eso somos muy respetuosos”, se limitó a decir el senador Honorio Henríquez.
Al filo de la tarde, Hurtado –quien se ausentó de la plenaria del martes–, sorprendió al divulgar un video en el que sostuvo que “siempre” ha tenido una postura distante con la reforma laboral presentada por el Gobierno
Nacional
Fueron 120 segundos de horror en Colombia
La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.
Un registro instrumental de entre 90 segundos y dos minutos en las estaciones más cercanas al epicentro fue el balance técnico de tiempo entregado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC) de la duración del fuerte terremoto de magnitud 7.4 ocurrido en la mañana de este lunes 10 de agosto, cuyo epicentro se localizó en San José del Palmar, Chocó.
La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.
Ante la disparidad de testimonios de la población sobre la percepción del tiempo de la sacudida, la entidad especializada aclaró que la duración de un temblor abarca tres conceptos técnicos importantes e independientes: el tiempo percibido por los habitantes, el tiempo registrado por la instrumentación y la duración exacta del movimiento en la falla de origen.
El reporte técnico del Servicio Geológico Colombiano (SGC) señaló a través de la publicación que los sismómetros monitorean hasta movimientos del suelo imperceptibles para las personas.
Por esta razón, mientras la población puede percibir una sacudida durante contados segundos, las estaciones de monitoreo captan las ondas durante varios minutos. De acuerdo con el SGC, “en Colombia todos los días ocurren sismos que nuestros instrumentos detectan, pero que nosotros no sentimos”.
En el evento reportado este lunes en San José del Palmar, la red de monitoreo registró un rango de movimiento significativo que fluctuó entre un minuto y medio y dos minutos en las zonas inmediatas al epicentro, es decir, el resto de lugares afectados.
Respecto a la sensación individual de los ciudadanos —algunos de los cuales afirmaron haber sentido el temblor durante mayor o menor tiempo—, la institución explicó que la percepción no es uniforme. Esta variación depende de la distancia al hipocentro (el punto interior de la Tierra donde inicia la ruptura), la tipología de las edificaciones y las condiciones topográficas y geológicas del suelo.
El tipo de terreno desempeña un rol determinante en la propagación sísmica. En superficies compuestas por rocas rígidas, las ondas tienden a amplificarse en menor medida. Por el contrario, los suelos blandos presentan una tendencia a amplificar las ondas, prolongando el movimiento percibido.
La entidad concluyó que la respuesta a la pregunta “¿cuánto duró el sismo?” depende de si la evaluación se realiza desde la duración percibida por la población, la registrada por los instrumentos de medición o la ocurrida en la fuente sísmica.
De acuerdo con el más reciente balance oficial emitido por las autoridades nacionales, la emergencia deja de manera preliminar 111 personas fallecidas, 87 heridos y más de 100 desaparecidos, con las mayores afectaciones concentradas en los departamentos del Eje Cafetero, Valle del Cauca y Chocó.
¿Cuánto tiempo duró el sismo del 10 de agosto en Colombia según el registro oficial?
Las estaciones de monitoreo del Servicio Geológico Colombiano (SGC) más cercanas al epicentro en San José del Palmar, Chocó, registraron entre 90 segundos y 2 minutos (de 1:30 a 2:00 minutos) de movimiento significativo.
¿Por qué algunas personas sintieron el temblor más largo o más corto que otras?
La percepción individual de la duración varía según la distancia al hipocentro, el tipo de edificación y las condiciones del suelo donde se encuentre cada persona. Los suelos blandos suelen amplificar la vibración y hacer que se sienta por más tiempo, mientras que las rocas rígidas amortiguan el movimiento.
¿Cuál es la diferencia entre la duración percibida y la duración instrumental de un temblor?
La duración percibida es el tiempo durante el cual un ser humano alcanza a sentir la sacudida, mientras que la duración instrumental mide el tiempo total en que los sismómetros captan las ondas. Como los equipos detectan vibraciones imperceptibles para las personas, el registro instrumental suele ser considerablemente más largo.
¿El Servicio Geológico Colombiano puede predecir cuánto va a durar un temblor antes de que ocurra?
No. Ni la duración, ni la magnitud, ni la hora exacta de un sismo se pueden predecir. El SGC únicamente puede calcular la duración de las ondas e informarla una vez que los instrumentos de monitoreo han registrado el evento en tiempo real.
Nacional
Abelardo de la Espriella toma posesión como nuevo presidente de Colombia
El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.
Cali amaneció el 7 de agosto con algo más que el acostumbrado movimiento de una ciudad acostumbrada a las grandes jornadas. Esta vez, la capital del Valle del Cauca tenía sobre sus hombros una responsabilidad que durante más de un siglo había pertenecido a Bogotá: recibir la ceremonia de posesión de un presidente de Colombia.
La protagonista era una figura que pocos años atrás parecía destinada a los escenarios jurídicos y mediáticos y que ahora llegaba al corazón del poder nacional: Abelardo de la Espriella.
La ceremonia rompió una tradición republicana de más de cien años. La Arena USC, en la Universidad Santiago de Cali, reemplazó a la tradicional Plaza de Bolívar como escenario del acto solemne. Allí se congregaron cerca de 2.300 personas entre congresistas, empresarios, dirigentes políticos, representantes gremiales y delegaciones internacionales.
Pero la escogencia de Cali no fue simplemente un cambio de dirección en la invitación presidencial. Desde la campaña, De la Espriella había insistido en que quería llevar la posesión a una región distinta de Bogotá y, originalmente, había planteado hacerlo en una guarnición militar. La propuesta provocó un enfrentamiento con el entonces presidente Gustavo Petro, quien se opuso a utilizar instalaciones militares para la ceremonia. Finalmente, el nuevo mandatario trasladó el acto a un escenario civil, aunque mantuvo un fuerte componente militar en la jornada.
Una alfombra roja para el nuevo poder
Pasadas las cuatro de la tarde, la Arena USC comenzó a convertirse en el retrato de la nueva Colombia que De la Espriella había prometido durante su campaña.
Por la alfombra roja desfilaron presidentes, expresidentes, dirigentes políticos y representantes internacionales. El rey Felipe VI de España estuvo entre los invitados, acompañado por mandatarios como Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; José Antonio Kast, de Chile; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; Nasry Asfura, de Honduras, y Laura Fernández, de Costa Rica.
También estuvieron expresidentes colombianos como Álvaro Uribe, Iván Duque y Andrés Pastrana.
Hubo, sin embargo, ausencias que no pasaron inadvertidas.
El presidente saliente, Gustavo Petro, no estuvo presente. Tampoco fueron invitados los expresidentes Juan Manuel Santos y Ernesto Samper. Y en el Congreso, la bancada del Pacto Histórico no asistió al acto, aunque sí se logró el quórum necesario para realizar la ceremonia constitucional.
La escena dejaba así una imagen difícil de ignorar: mientras unos llegaban para acompañar el nacimiento del nuevo Gobierno, otros escogían no estar allí.
El juramento
A las 4:22 de la tarde llegó el momento que había esperado buena parte del país.
Abelardo de la Espriella juró ante el Congreso de la República y recibió la banda presidencial de manos del presidente del Senado, Honorio Henríquez. Con ese acto, asumió oficialmente como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030.
A su lado estaba su familia.
El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.
Y entonces comenzó el discurso.
“El tigre ha llegado”
Si había una frase que resumía el tono del nuevo mandatario, probablemente era aquella que pronunció ante las Fuerzas Militares: “El tigre ha llegado”.
De la Espriella anunció una política de mano firme frente al narcotráfico, el terrorismo y las organizaciones criminales. Ordenó a las Fuerzas Militares y a la Policía combatir las estructuras delincuenciales y advirtió que quienes persistieran en el delito tendrían que someterse a la ley o enfrentar la respuesta del Estado.
La seguridad ocupó, de esta manera, un lugar central desde el primer discurso presidencial.
Pero hubo otro mensaje que buscó ampliar el alcance de su llegada al poder. De la Espriella afirmó que sería el presidente de todos los colombianos, incluso de aquellos que no votaron por él.
Era una declaración importante para un país que llegó a las elecciones profundamente dividido y que ahora comenzaba un nuevo capítulo político.
Fe, música y política
La ceremonia también tuvo momentos que se alejaron del protocolo estrictamente político.
Hubo un espacio de oración con la participación del rabino David Michaan, el pastor Eduardo Cañas Estrada y el sacerdote Francisco Javier Múnera Correa. La cantante Maía interpretó Aleluya, mientras en el recinto se mezclaban símbolos religiosos, música y solemnidad institucional.
El mensaje parecía claro: el nuevo Gobierno quería construir su identidad también desde los símbolos.
Y esa identidad estuvo presente en prácticamente cada detalle de la jornada.
De la Arena a los cuarteles
La ceremonia había terminado, pero la jornada presidencial todavía tenía una escena por contar.
Después del acto formal de posesión en la Arena USC, De la Espriella se trasladó al Cantón Militar Pichincha, en Cali, donde las Fuerzas Militares le rindieron honores como nuevo comandante supremo.
Fue allí donde pronunció su primer discurso dirigido directamente a la Fuerza Pública y donde reforzó su mensaje de autoridad y lucha contra las organizaciones criminales.
Era, en cierta forma, la imagen que había buscado desde el comienzo: una posesión fuera de Bogotá, pero profundamente ligada a Cali y a las Fuerzas Militares.
El primer día de un Gobierno que promete mano firme
La posesión no fue únicamente una ceremonia protocolaria.
Fue el primer capítulo de un Gobierno que llega con una promesa contundente: recuperar el orden, fortalecer la autoridad del Estado y enfrentar al crimen organizado.
Y el nuevo presidente quiso demostrarlo desde las primeras horas.
Ese mismo día comenzó a ejecutar una de sus primeras decisiones en materia de seguridad: el traslado de 117 internos vinculados a estructuras criminales y procesos relacionados con las negociaciones de paz hacia establecimientos penitenciarios de máxima seguridad.
Así, entre la banda presidencial, los himnos, los invitados internacionales, las oraciones, los aplausos y las ceremonias militares, Colombia comenzó oficialmente una nueva etapa.
Una etapa que tendrá como escenario un país todavía polarizado, una economía con enormes desafíos, regiones que reclaman mayor presencia del Estado y una ciudadanía que espera resultados.
Cali puso el escenario.
La Arena USC recibió al nuevo presidente.
Las Fuerzas Militares recibieron al nuevo comandante.
Y Colombia, desde ese 7 de agosto, comenzó a preguntarse qué significarán realmente para el país las palabras con las que Abelardo de la Espriella inauguró su mandato: orden, autoridad y libertad.
Ahora ya no hay campaña.
Ya no hay discursos de candidato.
Ya no hay promesas desde una tarima electoral.
Nacional
Colombia fue una nación que caminó unida por la fe en la multitudinaria Marcha para Jesús
Las calles de Colombia cambiaron de rostro este domingo 2 de agosto. Allí donde habitualmente se escuchan los motores, las consignas políticas o el bullicio cotidiano, esta vez fueron los cánticos de alabanza, las oraciones y las banderas blancas las que marcaron el paso de cientos de miles de creyentes que participaron en la Gran Marcha para Jesús 2026.
Desde las primeras horas de la tarde, familias enteras comenzaron a reunirse en parques, avenidas y plazas principales de ciudades y municipios. Niños sobre los hombros de sus padres, jóvenes portando pancartas con mensajes de esperanza y adultos mayores caminando con serenidad hicieron parte de una movilización que, según sus organizadores, se desarrolló de manera simultánea en los 32 departamentos del país y en centenares de ciudades y municipios.
No hubo colores partidistas ni discursos electorales. La consigna fue una sola: exaltar el nombre de Jesús y elevar una oración colectiva por Colombia. Católicos, iglesias evangélicas, comunidades protestantes y creyentes de distintas denominaciones compartieron un mismo recorrido, dejando a un lado las diferencias doctrinales para enviar un mensaje de unidad, reconciliación y paz.
En Bogotá, miles de participantes caminaron hasta el Parque Simón Bolívar, donde la jornada concluyó con música cristiana, momentos de oración y mensajes de esperanza. Escenas similares se vivieron en Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Pereira y decenas de municipios, donde las calles se transformaron en un gran templo al aire libre.
La movilización transcurrió de manera pacífica. En lugar de reclamos o confrontaciones, predominó el ambiente familiar. Hubo abrazos entre desconocidos, cantos compartidos y palabras de ánimo para quienes observaban el paso de la multitud desde los andenes y balcones.
Los organizadores describieron la jornada como un movimiento ciudadano, apolítico y no denominacional, cuyo propósito fue recordar que la fe también puede ocupar el espacio público como una expresión de esperanza y servicio a la sociedad. Para esta edición se esperaba una participación superior a la de años anteriores, con presencia en cerca de 700 ciudades y municipios del país.
Al caer la tarde, mientras las columnas de marchantes se dispersaban lentamente, quedaba la imagen de un país que, por unas horas, decidió caminar al mismo ritmo. En un momento marcado por desafíos sociales, económicos y políticos, miles de colombianos optaron por responder con oración, música y un mensaje de fe.
La Marcha para Jesús volvió así a demostrar que, más allá de las cifras de asistencia, continúa consolidándose como una de las manifestaciones religiosas más multitudinarias de Colombia, donde la esperanza fue, una vez más, la protagonista de la jornada.
Todo se cerró con el Bogotá Gospel
El momento culminante de la jornada se vivió en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, donde miles de marchantes confluyeron tras recorrer las principales vías de la capital. Allí, la Marcha para Jesús encontró un escenario de celebración con Bogotá Góspel 2026, el tradicional concierto del Festival de Verano que este año se articuló con la movilización nacional para convertir el parque en un gran espacio de adoración, música y unidad.
Durante cerca de ocho horas, el escenario reunió a reconocidos artistas de la música cristiana como Miel San Marcos (Guatemala), Alex Zurdo (Puerto Rico), Rescate (Argentina), Cales Louima, además de agrupaciones colombianas como Avivamiento, One 4 All, Vasija de Barro, Rapha y Diana Paipa. Cada presentación estuvo acompañada por mensajes de esperanza, reconciliación y fe, en un ambiente familiar que congregó a creyentes de diferentes iglesias y generaciones.
La unión entre la Marcha para Jesús y Bogotá Góspel convirtió el cierre de la jornada en una verdadera fiesta de la fe. Lo que comenzó como una caminata por las calles de la capital terminó con miles de voces elevando alabanzas al unísono, reafirmando el propósito de los organizadores: hacer visible un mensaje de paz, amor y reconciliación para Colombia. La Plaza de Eventos del Parque Simón Bolívar se transformó así en un inmenso templo al aire libre, donde la música sirvió como lenguaje común para celebrar la esperanza y la unidad del pueblo creyente.
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