Nacional
La historia de un conflictivo consejo de gobierno liderado por Gustavo Petro
La alocución fue desde la Casa de Nariño con el presidente tomando el micrófono para pasarles cuentas a los ministros y regañarlos por el incumplimiento a 146 compromisos de 195 en total.
El presidente Gustavo Petro ha cometido dos errores trascendentales durante 2025. El primero fue querer iniciar una confrontación con Donald Trump que casi le cuesta la estabilidad macroeconómica al país. El segundo fue transmitir en televisión nacional y en todas las redes del Gobierno el Consejo de Ministros que develó lo que realmente ocurre al interior del Ejecutivo: una guerra de acusaciones, poderes y egos que conduce al Estado colombiano.
La decisión de transmitir el Consejo de Ministros fue una sorpresa. El mandatario quiso a última hora asistir a la posesión de magistrados en el Consejo de Estado y en el chat de Presidencia se anunció a los periodistas que habría una alocución al final de la tarde. Inmediatamente los reporteros se alistaron sin entender de qué se trataba, porque cuando hay una alocución esto significa que el espacio va obligatoriamente retransmitido por las cadenas de televisión privadas.
La alocución fue desde la Casa de Nariño con el presidente tomando el micrófono para pasarles cuentas a los ministros y regañarlos por el incumplimiento a 146 compromisos de 195 en total. Petro habló durante alrededor de dos horas y, como es habitual en sus discursos, recorrió la historia de la independencia, citó varias veces a García Márquez, se quejó de “la ficción del Palacio de la Oligarquía” -que para él representa la sede presidencial-, y terminó con una frase frente a su controversia con el presidente Donald Trump: “Bolívar le dijo no al rey y cuando yo le digo no al rey actual el Gobierno se asusta”.
Durante todo ese tiempo Petro solo le dio espacio al ministro de Comercio, Luis Carlos Reyes y al ministro de Hacienda, Diego Guevara, para que ambos lo ratificaran sin más sobre la idea de que “las personas valen más que las mercancías” en la línea de la deportación de migrantes indocumentados desde Estados Unidos. Mezcló varios hechos sin conexión y empezó a decirle uno a uno a sus funcionarios cuáles eran los temas de sus sectores en los que había fallas. Por ejemplo, el presidente lanzó un gran titular en medio de esa primera fase con un pedido puntual al ministro de Minas. Le ordenó coordinarse con el gerente de Ecopetrol para vender la participación del Gobierno en operaciones de fracking en Estados Unidos “porque nosotros estamos con la vida”.
También aceptó que cometió un error publicando en X la información reservada de la ubicación del ELN en el Catatumbo anticipando una operación militar. “Tratan de insinuar que hay miembros de las fuerzas que están muy molestos con el presidente porque cometí un error con un trino, casi no me pasa, pero me pasó, se me fue”, dijo como si se tratara de un hecho menor.
Pero la verdadera conmoción interior para el gabinete del presidente llegó una vez este terminó su intervención y abrió el micrófono, mientras esta reunión todavía se transmitía en la televisión privada y en todos los medios de comunicación a millones de personas.
“Respéteme, yo soy la vicepresidenta”: Francia Márquez
Francia Márquez hizo la primera intervención luego del presidente. Su tono no era normal para un consejo de ministros. Habló con la voz en alto mirando a un lado y al otro y deteniéndose con más tiempo a su izquierda donde estaba inmediatamente Laura Sarabia. “Me alegra y saludo que este Consejo de ministros se haga de manera pública, porque me duele que en este Gobierno, que yo ayudé a elegir, no hay transparencia en muchas acciones y hay muchos casos de corrupción”, mencionó la vicepresidenta.
Luego, habló largamente de la violencia en el Cauca y dio explicaciones de las demoras en la ejecución de su cartera, el Ministerio de la Igualdad. Pero al final de su discurso se refirió a Armando Benedetti y Laura Sarabia. “No me parece en este Gobierno las actitudes de Laura Sarabia con nosotros, conmigo, que me ha tocado decirle: ‘respéteme, soy la vicepresidenta”.
Sarabia, que por primera vez en una reunión de este estilo no se hizo a la derecha del presidente —en donde ya estaba Benedetti sentado como jefe de Despacho— permaneció en silencio y mirando al frente. Pero luego vino la ministra de Ambiente.
“No puedo compartir este espacio con Benedetti”: Susana Muhamad
Muhamad se quebró cuando empezó a hablar. Llorando le dijo a Petro que no iba a renunciar al proyecto político del Pacto Histórico y usó un término que luego repitieron varios ministros: Agendas paralelas. La jefe de la cartera de Ambiente, de quien se ha dicho que podría ser una de las jugadoras para las eleciones presidenciales de 2026, también se refirió de manera puntual a Benedetti y a Sarabia: “No me puedo sentar, como feminista en esta misma mesa de gabinete con Armando Benedetti”.
Terminó cuestionando a Sarabia en la vía de las agendas paralelas que impuso en la conversación: “También tengo que decir que ni las relaciones exteriores ni la jefatura de gabinete están en manos de este proyecto progresista; están en manos de todo lo contrario de este proyecto”. Tras lo sucedido este martes en el Consejo, Muhamad se la jugó por expresar públicamente su distancia con los dos más cercanos a Petro y eso podría tener efectos en sus aspiraciones políticas que tendrán que decantarse muy pronto, pues debería renunciar en las próximas semanas para no inhabilitarse.
Luego de las dos ministras que le dieron un punto de giro por completo al Consejo, el micrófono lo tomó Gustavo Bolívar, tras una intervención más de Petro, y explicó algunos detalles de proyectos de vivienda y de transferencias en los que está al frente el Departamento de Prosperidad Social. Pero más adelante tuvo una tremenda controversia con Sarabia, esta notoriamente incómoda, que le dijo a Petro que el DPS no se había hecho presente en un vuelo de deportados desde Panamá de esta semana en el que llegaron ciudadanos colombianos.
“Eso no es verdad, hubo tres funcionarios del DPS, tengo fotos. Laura está mintiendo”, dijo Bolívar mientras que Petro le pedía que se silenciara porque “está hablando el presidente”. Sarabia lo miraba fijamente desde la mitad de la mesa con una expresión de molestia.
Lo que ocurrió durante todo el Consejo podría estar advertido porque ya había pasado cuando Benedetti regresó al país hace dos meses, en una historia que EL COLOMBIANO reveló. En ese momento, cuando el asesor de Palacio aseguró que su oficina estaría en el tercer piso, varios ministros se quejaron directamente con el mandatario de él y de Sarabia antes de entrar a la reunión que se hace todos los lunes. Esta vez los ministros aprovecharon evidentemente la notoriedad y la publicidad y rápidamente los titulares de toda la prensa pasaron a escribirse sobre el escándalo y la pelea interna.
Al filo de la transmisión del Consejo de Ministros, intervino el director del Dapre, Jorge Rojas, quien fue la persona en moderar las intervenciones. “Ahora yo tengo la palabra”, empezó diciendo. “El gabinete que está acá es muy valiente (…) Yo coincido, porque esto distorsiona el ejercicio de Gobierno del presidente con los ministros, podemos revisarlo objetivamente, yo sí creo que el Dapre debe ser una buena parte de lo que debe ser un ejercicio de Gobierno. A mí me parece que no debe haber un jefe de gabinete o jefe de despacho”.
Rojas también proviene de la entraña del petrismo –viene de ser vicecanciller y fue secretario privado y secretario de integración social en la Alcaldía de Bogotá– y su crítica pública plantea retos para el funcionamiento de los pasillos de la Casa de Nariño. Petro le respondió a Rojas diciendo que “no puede haber sectarismos en la izquierda”.
Este martes trascendió que Rojas le pidió la renuncia a por lo menos 30 personas de varias oficinas. EL COLOMBIANO habló con cuatro fuentes al interior de Palacio que confirmaron la información y contaron detalles sobre las movidas y pujas de estos días. Todas las renuncias no obedecen al pedido de Rojas sino por la salida de Sarabia.
“Varios nos vamos para la Cancillería. Es normal, son movimientos lógicos de la gente de confianza. De hecho ya todos los que ella (Sarabia) nos pidió acompañarla, renunciamos para pasar allá. Estamos en el trámite”, dice un funcionario, quien agrega que la llegada a la Cancillería fue anunciada internamente hace varias semanas y que Sarabia durante un encuentro con varias personas “pidió que la acompañáramos. La jefe Laura tiene un equipo que hemos estado con ella siempre, donde va, vamos”, agrega la fuente. Por eso, de ese grupo que serían 20 personas, por lo menos cinco irían para el Departamento de Prosperidad Social (DPS), donde la joven politóloga fue directora por pocos meses.
Terminando el encuentro intervino otro funcionario de izquierda, Alexander López, director del Departamento Nacional de Planeación (DNP). “Creo que es inédito. Es la primera vez en la historia del país que esto se haya presentado en Colombia y esto es el cambio. Creo que es osado, es repentista. El país hoy está confundido y conmocionado”. Y luego se dedicó a defender su gestión y a exaltar al presidente Petro.
Sin embargo, terminó su intervención uniéndose a las críticas contra Benedetti y Sarabia: “No deben estar aquí Sarabia y Benedetti (…) No nos representan en este proyecto, presidente (…) yo tuve una relación en términos respeto con Laura, pero yo sé que Laura no tuvo esa misma relación con otros compañeros y esa es la verdad”.
El presidente Petro lo interpeló y le respondió que “hay que diferenciar si somos candidatos o funcionarios (…) ¿Quieren cortar cabezas? quién es puro o no es puro y resulta que yo sí doy una segunda oportunidad”.
La defensa del presidente sobre el cuestionado Benedetti se centró en explicar por qué, según él, “los hombres y mujeres merecen una segunda oportunidad”.
“Él fue el primero del Congreso que me apoyó (…) yo creo que todos los hombres y mujeres merecen una segunda oportunidad”, dijo mientras miraba a Sarabia del otro lado de la mesa. “Cuando yo hice los debates del paramilitarismo en el Senado siendo militante del Polo Democrático, el primer congresista que se paró a defenderme fue Benedetti (…) Él tiene magia, un toque de Jaime Bateman (excomandante del M-19), no es lo mismo un cachaco haciendo política que un costeño”.
Horas antes del Consejo de Ministros, Petro firmó un decreto en el que nombró a Armando Benedetti como jefe de despacho presidencial. Se encargará de su agenda y de la estrategia política con miras al 2026. El mandatario escogió rodearse los últimos 17 meses de su mandato de un político cuestionado.
Este martes, de hecho, EL COLOMBIANO reveló en primicia que la canciller Sarabia pidió a la Fiscalía declarar sobre la investigación de presuntas irregularidades en la financiación de la campaña de 2022 y lo hará el 27 de febrero. La línea de investigación que maneja el ente acusador incluye a varias personas que hoy ostentan un cargo en el Gobierno como Benedetti. Sin embargo, el exsenador ha incumplido en dos ocasiones la cita con la Fiscalía. No hay certeza sobre qué dirá la canciller Sarabia en su declaración, quien lo hace voluntariamente porque es aforada. Es decir, que su juez natural por el cargo que ostenta no es la Fiscalía, sino la Corte Suprema de Justicia, en lo que corresponde a lo penal.
Tanto Sarabia como Benedetti han salido y entrado al Gobierno pero el presidente los ha vuelto a llamar para estar a su lado, a pesar de que cercanos de izquierda le han advertido sobre el “ruido innecesario” que representa su presencia. Tanta molestia genera que las críticas se hicieron públicas este martes en la transmisión en vivo del Consejo de Ministros. El presidente ahora tiene dos estados de conmoción interior. El del Catatumbo y el de su equipo que tiene el timón del país.
Nacional
Fueron 120 segundos de horror en Colombia
La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.
Un registro instrumental de entre 90 segundos y dos minutos en las estaciones más cercanas al epicentro fue el balance técnico de tiempo entregado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC) de la duración del fuerte terremoto de magnitud 7.4 ocurrido en la mañana de este lunes 10 de agosto, cuyo epicentro se localizó en San José del Palmar, Chocó.
La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.
Ante la disparidad de testimonios de la población sobre la percepción del tiempo de la sacudida, la entidad especializada aclaró que la duración de un temblor abarca tres conceptos técnicos importantes e independientes: el tiempo percibido por los habitantes, el tiempo registrado por la instrumentación y la duración exacta del movimiento en la falla de origen.
El reporte técnico del Servicio Geológico Colombiano (SGC) señaló a través de la publicación que los sismómetros monitorean hasta movimientos del suelo imperceptibles para las personas.
Por esta razón, mientras la población puede percibir una sacudida durante contados segundos, las estaciones de monitoreo captan las ondas durante varios minutos. De acuerdo con el SGC, “en Colombia todos los días ocurren sismos que nuestros instrumentos detectan, pero que nosotros no sentimos”.
En el evento reportado este lunes en San José del Palmar, la red de monitoreo registró un rango de movimiento significativo que fluctuó entre un minuto y medio y dos minutos en las zonas inmediatas al epicentro, es decir, el resto de lugares afectados.
Respecto a la sensación individual de los ciudadanos —algunos de los cuales afirmaron haber sentido el temblor durante mayor o menor tiempo—, la institución explicó que la percepción no es uniforme. Esta variación depende de la distancia al hipocentro (el punto interior de la Tierra donde inicia la ruptura), la tipología de las edificaciones y las condiciones topográficas y geológicas del suelo.
El tipo de terreno desempeña un rol determinante en la propagación sísmica. En superficies compuestas por rocas rígidas, las ondas tienden a amplificarse en menor medida. Por el contrario, los suelos blandos presentan una tendencia a amplificar las ondas, prolongando el movimiento percibido.
La entidad concluyó que la respuesta a la pregunta “¿cuánto duró el sismo?” depende de si la evaluación se realiza desde la duración percibida por la población, la registrada por los instrumentos de medición o la ocurrida en la fuente sísmica.
De acuerdo con el más reciente balance oficial emitido por las autoridades nacionales, la emergencia deja de manera preliminar 111 personas fallecidas, 87 heridos y más de 100 desaparecidos, con las mayores afectaciones concentradas en los departamentos del Eje Cafetero, Valle del Cauca y Chocó.
¿Cuánto tiempo duró el sismo del 10 de agosto en Colombia según el registro oficial?
Las estaciones de monitoreo del Servicio Geológico Colombiano (SGC) más cercanas al epicentro en San José del Palmar, Chocó, registraron entre 90 segundos y 2 minutos (de 1:30 a 2:00 minutos) de movimiento significativo.
¿Por qué algunas personas sintieron el temblor más largo o más corto que otras?
La percepción individual de la duración varía según la distancia al hipocentro, el tipo de edificación y las condiciones del suelo donde se encuentre cada persona. Los suelos blandos suelen amplificar la vibración y hacer que se sienta por más tiempo, mientras que las rocas rígidas amortiguan el movimiento.
¿Cuál es la diferencia entre la duración percibida y la duración instrumental de un temblor?
La duración percibida es el tiempo durante el cual un ser humano alcanza a sentir la sacudida, mientras que la duración instrumental mide el tiempo total en que los sismómetros captan las ondas. Como los equipos detectan vibraciones imperceptibles para las personas, el registro instrumental suele ser considerablemente más largo.
¿El Servicio Geológico Colombiano puede predecir cuánto va a durar un temblor antes de que ocurra?
No. Ni la duración, ni la magnitud, ni la hora exacta de un sismo se pueden predecir. El SGC únicamente puede calcular la duración de las ondas e informarla una vez que los instrumentos de monitoreo han registrado el evento en tiempo real.
Nacional
Abelardo de la Espriella toma posesión como nuevo presidente de Colombia
El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.
Cali amaneció el 7 de agosto con algo más que el acostumbrado movimiento de una ciudad acostumbrada a las grandes jornadas. Esta vez, la capital del Valle del Cauca tenía sobre sus hombros una responsabilidad que durante más de un siglo había pertenecido a Bogotá: recibir la ceremonia de posesión de un presidente de Colombia.
La protagonista era una figura que pocos años atrás parecía destinada a los escenarios jurídicos y mediáticos y que ahora llegaba al corazón del poder nacional: Abelardo de la Espriella.
La ceremonia rompió una tradición republicana de más de cien años. La Arena USC, en la Universidad Santiago de Cali, reemplazó a la tradicional Plaza de Bolívar como escenario del acto solemne. Allí se congregaron cerca de 2.300 personas entre congresistas, empresarios, dirigentes políticos, representantes gremiales y delegaciones internacionales.
Pero la escogencia de Cali no fue simplemente un cambio de dirección en la invitación presidencial. Desde la campaña, De la Espriella había insistido en que quería llevar la posesión a una región distinta de Bogotá y, originalmente, había planteado hacerlo en una guarnición militar. La propuesta provocó un enfrentamiento con el entonces presidente Gustavo Petro, quien se opuso a utilizar instalaciones militares para la ceremonia. Finalmente, el nuevo mandatario trasladó el acto a un escenario civil, aunque mantuvo un fuerte componente militar en la jornada.
Una alfombra roja para el nuevo poder
Pasadas las cuatro de la tarde, la Arena USC comenzó a convertirse en el retrato de la nueva Colombia que De la Espriella había prometido durante su campaña.
Por la alfombra roja desfilaron presidentes, expresidentes, dirigentes políticos y representantes internacionales. El rey Felipe VI de España estuvo entre los invitados, acompañado por mandatarios como Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; José Antonio Kast, de Chile; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; Nasry Asfura, de Honduras, y Laura Fernández, de Costa Rica.
También estuvieron expresidentes colombianos como Álvaro Uribe, Iván Duque y Andrés Pastrana.
Hubo, sin embargo, ausencias que no pasaron inadvertidas.
El presidente saliente, Gustavo Petro, no estuvo presente. Tampoco fueron invitados los expresidentes Juan Manuel Santos y Ernesto Samper. Y en el Congreso, la bancada del Pacto Histórico no asistió al acto, aunque sí se logró el quórum necesario para realizar la ceremonia constitucional.
La escena dejaba así una imagen difícil de ignorar: mientras unos llegaban para acompañar el nacimiento del nuevo Gobierno, otros escogían no estar allí.
El juramento
A las 4:22 de la tarde llegó el momento que había esperado buena parte del país.
Abelardo de la Espriella juró ante el Congreso de la República y recibió la banda presidencial de manos del presidente del Senado, Honorio Henríquez. Con ese acto, asumió oficialmente como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030.
A su lado estaba su familia.
El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.
Y entonces comenzó el discurso.
“El tigre ha llegado”
Si había una frase que resumía el tono del nuevo mandatario, probablemente era aquella que pronunció ante las Fuerzas Militares: “El tigre ha llegado”.
De la Espriella anunció una política de mano firme frente al narcotráfico, el terrorismo y las organizaciones criminales. Ordenó a las Fuerzas Militares y a la Policía combatir las estructuras delincuenciales y advirtió que quienes persistieran en el delito tendrían que someterse a la ley o enfrentar la respuesta del Estado.
La seguridad ocupó, de esta manera, un lugar central desde el primer discurso presidencial.
Pero hubo otro mensaje que buscó ampliar el alcance de su llegada al poder. De la Espriella afirmó que sería el presidente de todos los colombianos, incluso de aquellos que no votaron por él.
Era una declaración importante para un país que llegó a las elecciones profundamente dividido y que ahora comenzaba un nuevo capítulo político.
Fe, música y política
La ceremonia también tuvo momentos que se alejaron del protocolo estrictamente político.
Hubo un espacio de oración con la participación del rabino David Michaan, el pastor Eduardo Cañas Estrada y el sacerdote Francisco Javier Múnera Correa. La cantante Maía interpretó Aleluya, mientras en el recinto se mezclaban símbolos religiosos, música y solemnidad institucional.
El mensaje parecía claro: el nuevo Gobierno quería construir su identidad también desde los símbolos.
Y esa identidad estuvo presente en prácticamente cada detalle de la jornada.
De la Arena a los cuarteles
La ceremonia había terminado, pero la jornada presidencial todavía tenía una escena por contar.
Después del acto formal de posesión en la Arena USC, De la Espriella se trasladó al Cantón Militar Pichincha, en Cali, donde las Fuerzas Militares le rindieron honores como nuevo comandante supremo.
Fue allí donde pronunció su primer discurso dirigido directamente a la Fuerza Pública y donde reforzó su mensaje de autoridad y lucha contra las organizaciones criminales.
Era, en cierta forma, la imagen que había buscado desde el comienzo: una posesión fuera de Bogotá, pero profundamente ligada a Cali y a las Fuerzas Militares.
El primer día de un Gobierno que promete mano firme
La posesión no fue únicamente una ceremonia protocolaria.
Fue el primer capítulo de un Gobierno que llega con una promesa contundente: recuperar el orden, fortalecer la autoridad del Estado y enfrentar al crimen organizado.
Y el nuevo presidente quiso demostrarlo desde las primeras horas.
Ese mismo día comenzó a ejecutar una de sus primeras decisiones en materia de seguridad: el traslado de 117 internos vinculados a estructuras criminales y procesos relacionados con las negociaciones de paz hacia establecimientos penitenciarios de máxima seguridad.
Así, entre la banda presidencial, los himnos, los invitados internacionales, las oraciones, los aplausos y las ceremonias militares, Colombia comenzó oficialmente una nueva etapa.
Una etapa que tendrá como escenario un país todavía polarizado, una economía con enormes desafíos, regiones que reclaman mayor presencia del Estado y una ciudadanía que espera resultados.
Cali puso el escenario.
La Arena USC recibió al nuevo presidente.
Las Fuerzas Militares recibieron al nuevo comandante.
Y Colombia, desde ese 7 de agosto, comenzó a preguntarse qué significarán realmente para el país las palabras con las que Abelardo de la Espriella inauguró su mandato: orden, autoridad y libertad.
Ahora ya no hay campaña.
Ya no hay discursos de candidato.
Ya no hay promesas desde una tarima electoral.
Nacional
Colombia fue una nación que caminó unida por la fe en la multitudinaria Marcha para Jesús
Las calles de Colombia cambiaron de rostro este domingo 2 de agosto. Allí donde habitualmente se escuchan los motores, las consignas políticas o el bullicio cotidiano, esta vez fueron los cánticos de alabanza, las oraciones y las banderas blancas las que marcaron el paso de cientos de miles de creyentes que participaron en la Gran Marcha para Jesús 2026.
Desde las primeras horas de la tarde, familias enteras comenzaron a reunirse en parques, avenidas y plazas principales de ciudades y municipios. Niños sobre los hombros de sus padres, jóvenes portando pancartas con mensajes de esperanza y adultos mayores caminando con serenidad hicieron parte de una movilización que, según sus organizadores, se desarrolló de manera simultánea en los 32 departamentos del país y en centenares de ciudades y municipios.
No hubo colores partidistas ni discursos electorales. La consigna fue una sola: exaltar el nombre de Jesús y elevar una oración colectiva por Colombia. Católicos, iglesias evangélicas, comunidades protestantes y creyentes de distintas denominaciones compartieron un mismo recorrido, dejando a un lado las diferencias doctrinales para enviar un mensaje de unidad, reconciliación y paz.
En Bogotá, miles de participantes caminaron hasta el Parque Simón Bolívar, donde la jornada concluyó con música cristiana, momentos de oración y mensajes de esperanza. Escenas similares se vivieron en Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Pereira y decenas de municipios, donde las calles se transformaron en un gran templo al aire libre.
La movilización transcurrió de manera pacífica. En lugar de reclamos o confrontaciones, predominó el ambiente familiar. Hubo abrazos entre desconocidos, cantos compartidos y palabras de ánimo para quienes observaban el paso de la multitud desde los andenes y balcones.
Los organizadores describieron la jornada como un movimiento ciudadano, apolítico y no denominacional, cuyo propósito fue recordar que la fe también puede ocupar el espacio público como una expresión de esperanza y servicio a la sociedad. Para esta edición se esperaba una participación superior a la de años anteriores, con presencia en cerca de 700 ciudades y municipios del país.
Al caer la tarde, mientras las columnas de marchantes se dispersaban lentamente, quedaba la imagen de un país que, por unas horas, decidió caminar al mismo ritmo. En un momento marcado por desafíos sociales, económicos y políticos, miles de colombianos optaron por responder con oración, música y un mensaje de fe.
La Marcha para Jesús volvió así a demostrar que, más allá de las cifras de asistencia, continúa consolidándose como una de las manifestaciones religiosas más multitudinarias de Colombia, donde la esperanza fue, una vez más, la protagonista de la jornada.
Todo se cerró con el Bogotá Gospel
El momento culminante de la jornada se vivió en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, donde miles de marchantes confluyeron tras recorrer las principales vías de la capital. Allí, la Marcha para Jesús encontró un escenario de celebración con Bogotá Góspel 2026, el tradicional concierto del Festival de Verano que este año se articuló con la movilización nacional para convertir el parque en un gran espacio de adoración, música y unidad.
Durante cerca de ocho horas, el escenario reunió a reconocidos artistas de la música cristiana como Miel San Marcos (Guatemala), Alex Zurdo (Puerto Rico), Rescate (Argentina), Cales Louima, además de agrupaciones colombianas como Avivamiento, One 4 All, Vasija de Barro, Rapha y Diana Paipa. Cada presentación estuvo acompañada por mensajes de esperanza, reconciliación y fe, en un ambiente familiar que congregó a creyentes de diferentes iglesias y generaciones.
La unión entre la Marcha para Jesús y Bogotá Góspel convirtió el cierre de la jornada en una verdadera fiesta de la fe. Lo que comenzó como una caminata por las calles de la capital terminó con miles de voces elevando alabanzas al unísono, reafirmando el propósito de los organizadores: hacer visible un mensaje de paz, amor y reconciliación para Colombia. La Plaza de Eventos del Parque Simón Bolívar se transformó así en un inmenso templo al aire libre, donde la música sirvió como lenguaje común para celebrar la esperanza y la unidad del pueblo creyente.
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