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¿Quién es ‘Papa Pitufo’ y cómo saber si aportó dinero a la campaña Petro Presidente?

El hecho fue insinuado durante el Consejo de Ministros del miércoles anterior, en Bogotá, el cual fue televisado en directo. Augusto Rodríguez, director de la Unidad Nacional de Protección.

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Pocas deportaciones son esperadas con tanta intriga en Colombia como la de Diego Marín Buitrago, alias ‘Papá Pitufo’ o ‘el Señor’, señalado de ser uno de los máximos contrabandistas del país, y cuyo nombre saltó a la primera plana en la última semana por un presunto intento de meterle dineros calientes a la pasada campaña presidencial de Gustavo Petro.

El hecho fue insinuado durante el Consejo de Ministros del miércoles anterior, en Bogotá, el cual fue televisado en directo. Augusto Rodríguez, director de la Unidad Nacional de Protección (UNP), se fue lanza en ristre contra el jefe de Despacho Armando Benedetti, con quien estaba sentado en la misma mesa.

“No sé en qué va a terminar el tema de las investigaciones que hay. Pero comenzaron con él. El tema del señor ‘Pitufo’ comenzó con él y no sé dónde va a terminar. Pero en la primera reunión que supe que hubo, estuvo el señor. Y lo puedo sostener”, afirmó, refiriéndose a que Benedetti habría intentado involucrar a Marín Buitrago en la financiación de la campaña presidencial de 2022.

Rodríguez aclaró luego en el portal noticioso Cambio que la suma entregada fue de $500 millones, pero que ante la sospecha de tratarse de dineros irregulares, el propio candidato Petro ordenó devolver ese dinero.

Tras los señalamientos de Rodríguez, Benedetti lo denunció por injuria y calumnia ante la Fiscalía.

¿Pero quién es “Papá Pitufo”, al margen de esta controversia política?

Su captura había sido priorizada por el jefe de Estado una vez llegó al poder, por lo que la Policía se puso tras la pista.

El primer golpe importante a su organización fue propinado en marzo de 2024, en una operación en la cual fue arrestado su lugarteniente Ricardo Orozco Baeza, alias el Bendecido, y la opinión pública pudo conocer los alcances de la red ilegal, sospechosa de coordinar el 80% de las actividades de contrabando marítimo en Colombia desde hace 26 años.

En ese entonces, la Fiscalía informó en una rueda de prensa que ese grupo usaba los puertos de Buenaventura, Santa Marta y Barranquilla para traer mercancía de contrabando proveniente de Asia, Estados Unidos y Europa.

Se especializaba en autopartes, cigarrillos, ropa, calzado y textiles, importando hasta 30 contenedores semanales, que le significaban ganancias anuales de $8 billones de pesos, es decir, al nivel de las empresas legales más grandes del país.

Para blindar su operación clandestina, ‘Papá Pitufo’ financiaba una intrincada red de corrupción de policías y agentes aduaneros, que le ayudaban a recibir los contenedores sin mayor control, transportar la mercancía en camiones y almacenarla en bodegas en diferentes ciudades.

“En tres meses de actividades investigativas, se acreditaron eventos en los que esta red habría pagado $902 millones de pesos a servidores que cumplían funciones de vigilancia y control aduanero”, indicó la Fiscalía en el reporte de la primera fase de la operación.

https://twitter.com/estoescambio/status/1888543371465240989

Prueba de ello fue la captura, el 13 de marzo del año pasado, del coronel en retiro Alexánder Galeano Ardila, señalado de reclutar a policías para la banda; y del mayor Mario Andrés Sarmiento, sospechoso de coordinar el transporte de la mercancía desde los puertos hasta las bodegas.

Tanto a ellos como a ‘el Bendecido’, el ente acusador les imputó cargos por concierto para delinquir agravado con fines de contrabando y cohecho.

De esa redada logró escapar ‘Papa Pitufo’, pero las autoridades colombianas le solicitaron a Interpol que expidiera una Circular Azul en su contra, tendiente a ubicarlo en el exterior.

https://twitter.com/Jorge_BastidasR/status/1888790931773497481

Así ocurrió en abril de 2024 cuando fue arrestado en España. Aunque el presidente Petro les agradeció a las autoridades ibéricas la ayuda y solicitó su extradición, un tribunal de la ciudad de Valencia lo dejó en libertad condicional, aunque prohibiéndole salir de España mientras se aclaraba su situación judicial.

‘Papá Pitufo’ aprovechó el beneficio legal para escapar de nuevo y cruzó la frontera hacia Portugal, donde fue arrestado una vez más en diciembre. Actualmente, continúa preso en esa nación, a la espera de su eventual traslado a Colombia.

Petro declaró que, si colabora con las autoridades revelando quiénes hacen parte de su red de corrupción, podría obtener más beneficios jurídicos.

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Fueron 120 segundos de horror en Colombia

La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.

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Un registro instrumental de entre 90 segundos y dos minutos en las estaciones más cercanas al epicentro fue el balance técnico de tiempo entregado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC) de la duración del fuerte terremoto de magnitud 7.4 ocurrido en la mañana de este lunes 10 de agosto, cuyo epicentro se localizó en San José del Palmar, Chocó.

La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.

Ante la disparidad de testimonios de la población sobre la percepción del tiempo de la sacudida, la entidad especializada aclaró que la duración de un temblor abarca tres conceptos técnicos importantes e independientes: el tiempo percibido por los habitantes, el tiempo registrado por la instrumentación y la duración exacta del movimiento en la falla de origen.

El reporte técnico del Servicio Geológico Colombiano (SGC) señaló a través de la publicación que los sismómetros monitorean hasta movimientos del suelo imperceptibles para las personas.

Por esta razón, mientras la población puede percibir una sacudida durante contados segundos, las estaciones de monitoreo captan las ondas durante varios minutos. De acuerdo con el SGC, “en Colombia todos los días ocurren sismos que nuestros instrumentos detectan, pero que nosotros no sentimos”.

En el evento reportado este lunes en San José del Palmar, la red de monitoreo registró un rango de movimiento significativo que fluctuó entre un minuto y medio y dos minutos en las zonas inmediatas al epicentro, es decir, el resto de lugares afectados.

Respecto a la sensación individual de los ciudadanos —algunos de los cuales afirmaron haber sentido el temblor durante mayor o menor tiempo—, la institución explicó que la percepción no es uniforme. Esta variación depende de la distancia al hipocentro (el punto interior de la Tierra donde inicia la ruptura), la tipología de las edificaciones y las condiciones topográficas y geológicas del suelo.

El tipo de terreno desempeña un rol determinante en la propagación sísmica. En superficies compuestas por rocas rígidas, las ondas tienden a amplificarse en menor medida. Por el contrario, los suelos blandos presentan una tendencia a amplificar las ondas, prolongando el movimiento percibido.

La entidad concluyó que la respuesta a la pregunta “¿cuánto duró el sismo?” depende de si la evaluación se realiza desde la duración percibida por la población, la registrada por los instrumentos de medición o la ocurrida en la fuente sísmica.

De acuerdo con el más reciente balance oficial emitido por las autoridades nacionales, la emergencia deja de manera preliminar 111 personas fallecidas, 87 heridos y más de 100 desaparecidos, con las mayores afectaciones concentradas en los departamentos del Eje Cafetero, Valle del Cauca y Chocó.

¿Cuánto tiempo duró el sismo del 10 de agosto en Colombia según el registro oficial?

Las estaciones de monitoreo del Servicio Geológico Colombiano (SGC) más cercanas al epicentro en San José del Palmar, Chocó, registraron entre 90 segundos y 2 minutos (de 1:30 a 2:00 minutos) de movimiento significativo.

¿Por qué algunas personas sintieron el temblor más largo o más corto que otras?

La percepción individual de la duración varía según la distancia al hipocentro, el tipo de edificación y las condiciones del suelo donde se encuentre cada persona. Los suelos blandos suelen amplificar la vibración y hacer que se sienta por más tiempo, mientras que las rocas rígidas amortiguan el movimiento.

¿Cuál es la diferencia entre la duración percibida y la duración instrumental de un temblor?

La duración percibida es el tiempo durante el cual un ser humano alcanza a sentir la sacudida, mientras que la duración instrumental mide el tiempo total en que los sismómetros captan las ondas. Como los equipos detectan vibraciones imperceptibles para las personas, el registro instrumental suele ser considerablemente más largo.

¿El Servicio Geológico Colombiano puede predecir cuánto va a durar un temblor antes de que ocurra?

No. Ni la duración, ni la magnitud, ni la hora exacta de un sismo se pueden predecir. El SGC únicamente puede calcular la duración de las ondas e informarla una vez que los instrumentos de monitoreo han registrado el evento en tiempo real.

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Abelardo de la Espriella toma posesión como nuevo presidente de Colombia

El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.

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Cali amaneció el 7 de agosto con algo más que el acostumbrado movimiento de una ciudad acostumbrada a las grandes jornadas. Esta vez, la capital del Valle del Cauca tenía sobre sus hombros una responsabilidad que durante más de un siglo había pertenecido a Bogotá: recibir la ceremonia de posesión de un presidente de Colombia.

La protagonista era una figura que pocos años atrás parecía destinada a los escenarios jurídicos y mediáticos y que ahora llegaba al corazón del poder nacional: Abelardo de la Espriella.

La ceremonia rompió una tradición republicana de más de cien años. La Arena USC, en la Universidad Santiago de Cali, reemplazó a la tradicional Plaza de Bolívar como escenario del acto solemne. Allí se congregaron cerca de 2.300 personas entre congresistas, empresarios, dirigentes políticos, representantes gremiales y delegaciones internacionales.

Pero la escogencia de Cali no fue simplemente un cambio de dirección en la invitación presidencial. Desde la campaña, De la Espriella había insistido en que quería llevar la posesión a una región distinta de Bogotá y, originalmente, había planteado hacerlo en una guarnición militar. La propuesta provocó un enfrentamiento con el entonces presidente Gustavo Petro, quien se opuso a utilizar instalaciones militares para la ceremonia. Finalmente, el nuevo mandatario trasladó el acto a un escenario civil, aunque mantuvo un fuerte componente militar en la jornada.

Una alfombra roja para el nuevo poder

Pasadas las cuatro de la tarde, la Arena USC comenzó a convertirse en el retrato de la nueva Colombia que De la Espriella había prometido durante su campaña.

Por la alfombra roja desfilaron presidentes, expresidentes, dirigentes políticos y representantes internacionales. El rey Felipe VI de España estuvo entre los invitados, acompañado por mandatarios como Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; José Antonio Kast, de Chile; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; Nasry Asfura, de Honduras, y Laura Fernández, de Costa Rica.

También estuvieron expresidentes colombianos como Álvaro Uribe, Iván Duque y Andrés Pastrana.

Hubo, sin embargo, ausencias que no pasaron inadvertidas.

El presidente saliente, Gustavo Petro, no estuvo presente. Tampoco fueron invitados los expresidentes Juan Manuel Santos y Ernesto Samper. Y en el Congreso, la bancada del Pacto Histórico no asistió al acto, aunque sí se logró el quórum necesario para realizar la ceremonia constitucional.

La escena dejaba así una imagen difícil de ignorar: mientras unos llegaban para acompañar el nacimiento del nuevo Gobierno, otros escogían no estar allí.

El juramento

A las 4:22 de la tarde llegó el momento que había esperado buena parte del país.

Abelardo de la Espriella juró ante el Congreso de la República y recibió la banda presidencial de manos del presidente del Senado, Honorio Henríquez. Con ese acto, asumió oficialmente como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030.

A su lado estaba su familia.

El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.

Y entonces comenzó el discurso.

“El tigre ha llegado

Si había una frase que resumía el tono del nuevo mandatario, probablemente era aquella que pronunció ante las Fuerzas Militares: “El tigre ha llegado”.

De la Espriella anunció una política de mano firme frente al narcotráfico, el terrorismo y las organizaciones criminales. Ordenó a las Fuerzas Militares y a la Policía combatir las estructuras delincuenciales y advirtió que quienes persistieran en el delito tendrían que someterse a la ley o enfrentar la respuesta del Estado.

La seguridad ocupó, de esta manera, un lugar central desde el primer discurso presidencial.

Pero hubo otro mensaje que buscó ampliar el alcance de su llegada al poder. De la Espriella afirmó que sería el presidente de todos los colombianos, incluso de aquellos que no votaron por él.

Era una declaración importante para un país que llegó a las elecciones profundamente dividido y que ahora comenzaba un nuevo capítulo político.

Fe, música y política

La ceremonia también tuvo momentos que se alejaron del protocolo estrictamente político.

Hubo un espacio de oración con la participación del rabino David Michaan, el pastor Eduardo Cañas Estrada y el sacerdote Francisco Javier Múnera Correa. La cantante Maía interpretó Aleluya, mientras en el recinto se mezclaban símbolos religiosos, música y solemnidad institucional.

El mensaje parecía claro: el nuevo Gobierno quería construir su identidad también desde los símbolos.

Y esa identidad estuvo presente en prácticamente cada detalle de la jornada.

De la Arena a los cuarteles

La ceremonia había terminado, pero la jornada presidencial todavía tenía una escena por contar.

Después del acto formal de posesión en la Arena USC, De la Espriella se trasladó al Cantón Militar Pichincha, en Cali, donde las Fuerzas Militares le rindieron honores como nuevo comandante supremo.

Fue allí donde pronunció su primer discurso dirigido directamente a la Fuerza Pública y donde reforzó su mensaje de autoridad y lucha contra las organizaciones criminales.

Era, en cierta forma, la imagen que había buscado desde el comienzo: una posesión fuera de Bogotá, pero profundamente ligada a Cali y a las Fuerzas Militares.

El primer día de un Gobierno que promete mano firme

La posesión no fue únicamente una ceremonia protocolaria.

Fue el primer capítulo de un Gobierno que llega con una promesa contundente: recuperar el orden, fortalecer la autoridad del Estado y enfrentar al crimen organizado.

Y el nuevo presidente quiso demostrarlo desde las primeras horas.

Ese mismo día comenzó a ejecutar una de sus primeras decisiones en materia de seguridad: el traslado de 117 internos vinculados a estructuras criminales y procesos relacionados con las negociaciones de paz hacia establecimientos penitenciarios de máxima seguridad.

Así, entre la banda presidencial, los himnos, los invitados internacionales, las oraciones, los aplausos y las ceremonias militares, Colombia comenzó oficialmente una nueva etapa.

Una etapa que tendrá como escenario un país todavía polarizado, una economía con enormes desafíos, regiones que reclaman mayor presencia del Estado y una ciudadanía que espera resultados.

Cali puso el escenario.

La Arena USC recibió al nuevo presidente.

Las Fuerzas Militares recibieron al nuevo comandante.

Y Colombia, desde ese 7 de agosto, comenzó a preguntarse qué significarán realmente para el país las palabras con las que Abelardo de la Espriella inauguró su mandato: orden, autoridad y libertad.

Ahora ya no hay campaña.

Ya no hay discursos de candidato.

Ya no hay promesas desde una tarima electoral.

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Colombia fue una nación que caminó unida por la fe en la multitudinaria Marcha para Jesús

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Las calles de Colombia cambiaron de rostro este domingo 2 de agosto. Allí donde habitualmente se escuchan los motores, las consignas políticas o el bullicio cotidiano, esta vez fueron los cánticos de alabanza, las oraciones y las banderas blancas las que marcaron el paso de cientos de miles de creyentes que participaron en la Gran Marcha para Jesús 2026.

Desde las primeras horas de la tarde, familias enteras comenzaron a reunirse en parques, avenidas y plazas principales de ciudades y municipios. Niños sobre los hombros de sus padres, jóvenes portando pancartas con mensajes de esperanza y adultos mayores caminando con serenidad hicieron parte de una movilización que, según sus organizadores, se desarrolló de manera simultánea en los 32 departamentos del país y en centenares de ciudades y municipios. 

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No hubo colores partidistas ni discursos electorales. La consigna fue una sola: exaltar el nombre de Jesús y elevar una oración colectiva por Colombia. Católicos, iglesias evangélicas, comunidades protestantes y creyentes de distintas denominaciones compartieron un mismo recorrido, dejando a un lado las diferencias doctrinales para enviar un mensaje de unidad, reconciliación y paz. 

En Bogotá, miles de participantes caminaron hasta el Parque Simón Bolívar, donde la jornada concluyó con música cristiana, momentos de oración y mensajes de esperanza. Escenas similares se vivieron en Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Pereira y decenas de municipios, donde las calles se transformaron en un gran templo al aire libre. 

La movilización transcurrió de manera pacífica. En lugar de reclamos o confrontaciones, predominó el ambiente familiar. Hubo abrazos entre desconocidos, cantos compartidos y palabras de ánimo para quienes observaban el paso de la multitud desde los andenes y balcones.

Los organizadores describieron la jornada como un movimiento ciudadano, apolítico y no denominacional, cuyo propósito fue recordar que la fe también puede ocupar el espacio público como una expresión de esperanza y servicio a la sociedad. Para esta edición se esperaba una participación superior a la de años anteriores, con presencia en cerca de 700 ciudades y municipios del país. 

Al caer la tarde, mientras las columnas de marchantes se dispersaban lentamente, quedaba la imagen de un país que, por unas horas, decidió caminar al mismo ritmo. En un momento marcado por desafíos sociales, económicos y políticos, miles de colombianos optaron por responder con oración, música y un mensaje de fe.

La Marcha para Jesús volvió así a demostrar que, más allá de las cifras de asistencia, continúa consolidándose como una de las manifestaciones religiosas más multitudinarias de Colombia, donde la esperanza fue, una vez más, la protagonista de la jornada. 

Todo se cerró con el Bogotá Gospel

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El momento culminante de la jornada se vivió en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, donde miles de marchantes confluyeron tras recorrer las principales vías de la capital. Allí, la Marcha para Jesús encontró un escenario de celebración con Bogotá Góspel 2026, el tradicional concierto del Festival de Verano que este año se articuló con la movilización nacional para convertir el parque en un gran espacio de adoración, música y unidad. 

Durante cerca de ocho horas, el escenario reunió a reconocidos artistas de la música cristiana como Miel San Marcos (Guatemala), Alex Zurdo (Puerto Rico), Rescate (Argentina), Cales Louima, además de agrupaciones colombianas como Avivamiento, One 4 All, Vasija de Barro, Rapha y Diana Paipa. Cada presentación estuvo acompañada por mensajes de esperanza, reconciliación y fe, en un ambiente familiar que congregó a creyentes de diferentes iglesias y generaciones. 

La unión entre la Marcha para Jesús y Bogotá Góspel convirtió el cierre de la jornada en una verdadera fiesta de la fe. Lo que comenzó como una caminata por las calles de la capital terminó con miles de voces elevando alabanzas al unísono, reafirmando el propósito de los organizadores: hacer visible un mensaje de paz, amor y reconciliación para Colombia. La Plaza de Eventos del Parque Simón Bolívar se transformó así en un inmenso templo al aire libre, donde la música sirvió como lenguaje común para celebrar la esperanza y la unidad del pueblo creyente. 

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