Nacional
Donald Trump es elegido nuevamente como presidente de los Estados Unidos
A la medianoche de este martes, el expresidente Donald Trump ya había alcanzado los 270 votos electorales necesarios para poder reclamar la victoria ante la actual vicepresidente Kamala Harris.
El presidente electo ha obtenido hasta ahora 277 colegios electorales y podría llegar a 312. Para obtener la Presidencia se requerían 270. Trump se había autoproclamado tarde en la noche desde el centro de convenciones de Palm Beach en La Florida y ahora es irreversible. Ganó buena parte de los estados bisagra y especialmente Pensilvania, en donde era clave la victoria para ambas campañas.
El día de las elecciones más importantes del mundo para escoger al sucesor de Joe Biden en Estados Unidos, llamó la atención el artículo de un portal tradicional de la prensa norteamericana que estaba abriendo con una historia particular.
Mientras el Wall Street Journal, el New York Times, y el Washington Post estaban contando el minuto a minuto de la apertura de las urnas físicas en la Unión Americana, la revista más longeva de Nueva York, The New Yorker, tenía en su portada un artículo que se titulaba: “Los americanos se preparan para una segunda guerra civil”.
La historia, con reportería en varios condados rurales de Estados Unidos, detallaba la sensación de granjeros y ciudadanos del común que luego del atentado contra Donald Trump en Pensilvania el pasado 13 de julio, el que por un milímetro casi le quita la vida, empezaron a considerar con más fuerza la posibilidad de que el país termine en una guerra civil por la violencia política. 20 millones de ciudadanos estadounidenses consideran que la guerra civil es posible y cercana, según un estudio de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA).
Y no es un tema menor. El multibillonario Ray Dalio, creador de uno de los fondos de inversión más grandes del mundo, estimó también en una entrevista con The Financial Times, que el riesgo de una guerra civil en Estados Unidos podría ser del 50 % por la contraposición violenta de la izquierda radical contra la derecha radical que ya no tiene posibilidades de encontrarse en el discurso.
En los últimos días de la campaña una palabra se convirtió en el concepto común del debate: “basura”. Un comediante republicano dijo en un evento de campaña de Trump que Puerto Rico era una “isla de basura flotante”, en el contexto de la discusión por la inmigración ilegal, bandera de la campaña trumpista. Y, de la misma forma, el presidente Biden señaló a los electores de Trump de ser también “basura”, según sus palabras.
El discurso de las dos campañas ha sido innecesariamente violento una frente a la otra. Pero en esta carrera un candidato estuvo a punto de perder la vida por un intento de asesinato de un francotirador que disparó varias veces en su contra, convirtiéndose en un capítulo de la historia política del país y recordando los hechos sucedidos a John F. Kennedy y Abraham Lincoln, ambos asesinados con disparos en público, o contra Franklin D. Roosevelt y Harry S. Truman a quienes intentaron asesinar de la misma forma.
En ese contexto, 244 millones de personas estaban habilitadas para ejercer su derecho por correo, de manera electrónica y física en los 50 estados del país. 76 millones de personas lo hicieron de manera anticipada. La cifra de participación de 2020 fue de 158 millones en total en la cita electoral que le dio finalmente la victoria a Biden, aunque hasta ahora Trump no ha reconocido esas elecciones.
Para la periodista María Molina, corresponsal de La FM y reportera de Univisión en el país, esta ha sido una campaña verdaderamente histórica fuera del lugar común de ponerle ese calificativo a todas las elecciones que ocurren cada 4 años. “Nunca había utilizado tantas veces esa palabra para titular. Es la primera vez que se presentan cargos contra un expresidente; que hay un retrato policial de un candidato.
Trump está enfrentando varios juicios, puede ser condenado estando en la Casa Blanca y hasta perdonarse a sí mismo. Es la primera vez que un candidato se retira tan tarde en una campaña hablando de Biden. Y a Trump lo intentaron asesinar dos veces. Esta, sin duda, ha sido una de esas elecciones que se van a estudiar en los libros de historia”, dice para EL COLOMBIANO desde Washington.
Agrega que la percepción frente a Trump cambió de manera decisiva y también para los latinos. “Si bien las elecciones mostraban que estaban muy reñidas y no había con claridad un ganador, la percepción sobre Trump cambió muchísimo.
Trump ha mantenido el discurso de hace 8 años, por ejemplo sobre los inmigrantes en la frontera, pero en estas elecciones los latinos que viven acá aceptan mucho más a Trump. Los que votan no sienten que Trump se refiera a ellos cuando habla de inmigración. Los hombres afroamericanos no apoyan a Kamala como apoyaron en su momento a Obama. Por eso a este último le ha tocado salir.
Y frente a Kamala, también todo era histórico si hubiera ganado la Presidencia. La primera mujer, con ascendencia de India y graduada de Howard que es una universidad muy tradicional para los afroamericanos en Estados Unidos”, puntualiza.
Molina explica las diferencias entre ambas campañas en el marketing político. Dice que alrededor de Trump hay un culto por el atentado al que sobrevivió de manera casi que milagrosa. Trump es visto por sus seguidores literalmente como un salvador y un elegido luego de esquivar las balas y caerse con su rostro manchado de sangre debajo de una docena de agentes del servicio secreto, para después pararse con fuerza a gritar “peleen, peleen, peleen”.
Y, en el caso de Harris, el mensaje es “yo soy como tu”. La candidata ha capitalizado el hecho de que ella es una ciudadana común, que estudió en una escuela común y se hizo a pulso para escalar en el país de las oportunidades que es el sentido del discurso de la igualdad de acceso. La campaña fue un “yo salvador vs si yo lo logré, todos pueden lograrlo”.
Los expertos aseguran que debe haber continuidad. El profesor Camilo González de la Universidad Javeriana explica cuáles son los asuntos primordiales para que la relación pueda seguir siendo estable porque ambos países tienen intereses determinantes en política exterior e interior. “La continuidad será que la cooperación se mantiene en la seguridad y la agenda en este tema seguirá concentrándose en la lucha contra las drogas, con metas de erradicación y ataques a estructuras criminales. Sin embargo, los cambios son significativos. Con Trump podemos esperar una relación menos fluida en temas como políticas de cambio climático, el riesgo de imposición de aranceles que pueden afectar el comercio bilateral y, en el enfoque hacia la solución política en Venezuela, que para Trump podría tener ‘todas las cartas abiertas’”, afirma.
En aranceles, Trump dejó luces claras sobre cuál será su estrategia para mejorar la economía en el país y darle más relevancia a la industria nacional. A pesar de que existe el tratado de libre comercio entre Estados Unidos, Canadá y México, que cuestionó con dureza durante su administración y que renegoció en varias oportunidades, esta vez Trump prometió un arancel del 25 % para importaciones mexicanas.
Esto busca que las fábricas estadounidenses vuelvan al país para usar su mano de obra y garantizar empleo formal. La inflación ha hecho que los precios de bienes y servicios se incrementen y fue una de las discusiones más importantes en la campaña. Pero algunos expertos aseguran que no necesariamente la reducción de impuestos a empresas y personas, como lo plantea Trump, puede hacer que la economía funcione mejor si el gasto público sigue siendo exagerado.
Para el profesor César Niño de la Universidad de La Salle, lo que viene para Estados Unidos también será clave en el escenario internacional, que es el de la guerra en Ucrania, en Gaza y el Líbano.
“Habrá una redefinición frente al multilateralismo en términos de política exterior. Esto significa una discusión sobre la ayuda en los temas internacionales con la inercia que lleva la administración Biden con la guerra en Ucrania y la posición frente a la guerra de Israel y Gaza. También puede haber un viraje en asuntos que tienen que ver con cuestiones sobre el aborto y derechos sexuales y reproductivos. Con Trump podría haber más proteccionismo, una renuncia a una suerte de voz internacional que es la que tuvo Biden. Puede haber temor en Europa y en la OTAN, incluso por parte de Israel por un posible repliegue de escenarios multilaterales en los que hay discusiones de temas de Medio Oriente y Europa”, concluye.
Los resultados terminan de conocerse la mañana de este miércoles y lo que queda es la pregunta sobre si podrá haber una transición pacífica del poder y un reconocimiento sensato de la victoria para que la polarización no tenga repercusiones reales de violencia política, como lo advertía el reportaje de The New Yorker. El presidente Gustavo Petro ha estado más al margen que en otras elecciones; no lo hizo así ni en Argentina ni en México. Sabe que la relación con Estados Unidos es clave por la alianza tradicional de ambos países. Pero hoy comienza un nuevo capítulo que modificará lo que ha pasado también hasta ahora con el gobierno colombiano y, en general, el futuro del mundo sin excepción.
Los ciudadanos eligieron, pero los colegios electorales definen
En Estados Unidos, el proceso de elegir al presidente es bastante distinto al de muchas otras democracias, especialmente las de América Latina. A primera vista, se cree que el candidato que obtiene más votos debería ganar, pero allí no es tan simple. Estados Unidos usa desde hace más de 200 años el sistema de colegios electorales que puede resultar confuso pero que hace parte de su tradición.
Los colegios electorales son la pieza central del sistema democrático estadounidense. En lugar de contar los votos totales de los ciudadanos, el sistema cuenta votos de representantes llamados “electores” que se distribuyen entre los 50 estados, más Washington D.C. En total hay 538 votos de los colegios electorales, y para ganar la Presidencia, un candidato necesita al menos 270 de estos votos, lo que representa la mayoría.
Es así como cada estado tiene asignado un número específico de estos votos según su población. Por ejemplo, California, el estado más poblado, cuenta con 55 votos electorales, mientras que estados como Montana y Wyoming, menos poblados, solo tienen tres votos. Este sistema busca equilibrar la representación entre los estados grandes y pequeños, evitando que solo los más poblados tengan influencia en la elección.
La mayoría de los estados sigue la regla de “el ganador se lleva todo”, conocida como winner-takes-all, lo que significa que el candidato que gana el voto popular en ese estado se lleva todos sus votos electorales. Este sistema es controversial, ya que puede llevar a que un candidato gane la presidencia sin obtener la mayoría de los votos populares. Un ejemplo claro de esto fue en 2016, cuando Hillary Clinton obtuvo casi 3 millones de votos populares más que Donald Trump, pero perdió en los colegios electorales, dándole la victoria al republicano.
En ese orden de ideas, el día de la elección popular fue ayer, 5 de noviembre, pero los resultados oficiales aún tardarán. Luego de que los ciudadanos de cada estado votan por su candidato, el conteo de votos decide el ganador en cada lugar y, con eso, los colegios electorales que le corresponden al candidato.
Sin embargo, en elecciones muy reñidas el conteo podría tomar días o incluso semanas, especialmente si hay disputas o recuentos en estados decisivos. En 2020, por ejemplo, el conteo de votos duró varios días debido al volumen de votos por correo, más de 100 millones. Aunque Joe Biden fue declarado ganador después de unos días, el resultado se confirmó oficialmente en diciembre, cuando los colegios electorales emitieron sus votos.
Si bien es tradición que algunos estados tienden a votar por el mismo partido, lo que permite clasificarlos como “estados seguros”, también están los “estados bisagra” que son aquellos que pueden cambiar en cada elección. California, Nueva York, Illinois y Massachusetts son tradicionalmente demócratas. En cambio, Texas, Alabama, Kentucky y Tennessee han sido fieles bastiones republicanos durante décadas.
Sin embargo, en las elecciones todo se juega en los bisagara o “swing states”. Estos estados son el campo de batalla de las campañas y deciden la elección. Florida, Pensilvania, Ohio, Michigan, Wisconsin y Arizona, serán seguramente aquellos que den nombre al ganador. Con 29 votos electorales, Florida es sin duda el estado bisagra más relevante.
Aunque el sistema puede ser complejo, los colegios electorales siguen siendo una pieza clave en la democracia estadounidense y este modelo consagrado en la Constitución del país jura asegurar que todos los estados tengan voz en la elección del presidente, aunque no necesariamente el resultado coincida con la voluntad popular.
Nacional
Fueron 120 segundos de horror en Colombia
La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.
Un registro instrumental de entre 90 segundos y dos minutos en las estaciones más cercanas al epicentro fue el balance técnico de tiempo entregado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC) de la duración del fuerte terremoto de magnitud 7.4 ocurrido en la mañana de este lunes 10 de agosto, cuyo epicentro se localizó en San José del Palmar, Chocó.
La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.
Ante la disparidad de testimonios de la población sobre la percepción del tiempo de la sacudida, la entidad especializada aclaró que la duración de un temblor abarca tres conceptos técnicos importantes e independientes: el tiempo percibido por los habitantes, el tiempo registrado por la instrumentación y la duración exacta del movimiento en la falla de origen.
El reporte técnico del Servicio Geológico Colombiano (SGC) señaló a través de la publicación que los sismómetros monitorean hasta movimientos del suelo imperceptibles para las personas.
Por esta razón, mientras la población puede percibir una sacudida durante contados segundos, las estaciones de monitoreo captan las ondas durante varios minutos. De acuerdo con el SGC, “en Colombia todos los días ocurren sismos que nuestros instrumentos detectan, pero que nosotros no sentimos”.
En el evento reportado este lunes en San José del Palmar, la red de monitoreo registró un rango de movimiento significativo que fluctuó entre un minuto y medio y dos minutos en las zonas inmediatas al epicentro, es decir, el resto de lugares afectados.
Respecto a la sensación individual de los ciudadanos —algunos de los cuales afirmaron haber sentido el temblor durante mayor o menor tiempo—, la institución explicó que la percepción no es uniforme. Esta variación depende de la distancia al hipocentro (el punto interior de la Tierra donde inicia la ruptura), la tipología de las edificaciones y las condiciones topográficas y geológicas del suelo.
El tipo de terreno desempeña un rol determinante en la propagación sísmica. En superficies compuestas por rocas rígidas, las ondas tienden a amplificarse en menor medida. Por el contrario, los suelos blandos presentan una tendencia a amplificar las ondas, prolongando el movimiento percibido.
La entidad concluyó que la respuesta a la pregunta “¿cuánto duró el sismo?” depende de si la evaluación se realiza desde la duración percibida por la población, la registrada por los instrumentos de medición o la ocurrida en la fuente sísmica.
De acuerdo con el más reciente balance oficial emitido por las autoridades nacionales, la emergencia deja de manera preliminar 111 personas fallecidas, 87 heridos y más de 100 desaparecidos, con las mayores afectaciones concentradas en los departamentos del Eje Cafetero, Valle del Cauca y Chocó.
¿Cuánto tiempo duró el sismo del 10 de agosto en Colombia según el registro oficial?
Las estaciones de monitoreo del Servicio Geológico Colombiano (SGC) más cercanas al epicentro en San José del Palmar, Chocó, registraron entre 90 segundos y 2 minutos (de 1:30 a 2:00 minutos) de movimiento significativo.
¿Por qué algunas personas sintieron el temblor más largo o más corto que otras?
La percepción individual de la duración varía según la distancia al hipocentro, el tipo de edificación y las condiciones del suelo donde se encuentre cada persona. Los suelos blandos suelen amplificar la vibración y hacer que se sienta por más tiempo, mientras que las rocas rígidas amortiguan el movimiento.
¿Cuál es la diferencia entre la duración percibida y la duración instrumental de un temblor?
La duración percibida es el tiempo durante el cual un ser humano alcanza a sentir la sacudida, mientras que la duración instrumental mide el tiempo total en que los sismómetros captan las ondas. Como los equipos detectan vibraciones imperceptibles para las personas, el registro instrumental suele ser considerablemente más largo.
¿El Servicio Geológico Colombiano puede predecir cuánto va a durar un temblor antes de que ocurra?
No. Ni la duración, ni la magnitud, ni la hora exacta de un sismo se pueden predecir. El SGC únicamente puede calcular la duración de las ondas e informarla una vez que los instrumentos de monitoreo han registrado el evento en tiempo real.
Nacional
Abelardo de la Espriella toma posesión como nuevo presidente de Colombia
El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.
Cali amaneció el 7 de agosto con algo más que el acostumbrado movimiento de una ciudad acostumbrada a las grandes jornadas. Esta vez, la capital del Valle del Cauca tenía sobre sus hombros una responsabilidad que durante más de un siglo había pertenecido a Bogotá: recibir la ceremonia de posesión de un presidente de Colombia.
La protagonista era una figura que pocos años atrás parecía destinada a los escenarios jurídicos y mediáticos y que ahora llegaba al corazón del poder nacional: Abelardo de la Espriella.
La ceremonia rompió una tradición republicana de más de cien años. La Arena USC, en la Universidad Santiago de Cali, reemplazó a la tradicional Plaza de Bolívar como escenario del acto solemne. Allí se congregaron cerca de 2.300 personas entre congresistas, empresarios, dirigentes políticos, representantes gremiales y delegaciones internacionales.
Pero la escogencia de Cali no fue simplemente un cambio de dirección en la invitación presidencial. Desde la campaña, De la Espriella había insistido en que quería llevar la posesión a una región distinta de Bogotá y, originalmente, había planteado hacerlo en una guarnición militar. La propuesta provocó un enfrentamiento con el entonces presidente Gustavo Petro, quien se opuso a utilizar instalaciones militares para la ceremonia. Finalmente, el nuevo mandatario trasladó el acto a un escenario civil, aunque mantuvo un fuerte componente militar en la jornada.
Una alfombra roja para el nuevo poder
Pasadas las cuatro de la tarde, la Arena USC comenzó a convertirse en el retrato de la nueva Colombia que De la Espriella había prometido durante su campaña.
Por la alfombra roja desfilaron presidentes, expresidentes, dirigentes políticos y representantes internacionales. El rey Felipe VI de España estuvo entre los invitados, acompañado por mandatarios como Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; José Antonio Kast, de Chile; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; Nasry Asfura, de Honduras, y Laura Fernández, de Costa Rica.
También estuvieron expresidentes colombianos como Álvaro Uribe, Iván Duque y Andrés Pastrana.
Hubo, sin embargo, ausencias que no pasaron inadvertidas.
El presidente saliente, Gustavo Petro, no estuvo presente. Tampoco fueron invitados los expresidentes Juan Manuel Santos y Ernesto Samper. Y en el Congreso, la bancada del Pacto Histórico no asistió al acto, aunque sí se logró el quórum necesario para realizar la ceremonia constitucional.
La escena dejaba así una imagen difícil de ignorar: mientras unos llegaban para acompañar el nacimiento del nuevo Gobierno, otros escogían no estar allí.
El juramento
A las 4:22 de la tarde llegó el momento que había esperado buena parte del país.
Abelardo de la Espriella juró ante el Congreso de la República y recibió la banda presidencial de manos del presidente del Senado, Honorio Henríquez. Con ese acto, asumió oficialmente como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030.
A su lado estaba su familia.
El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.
Y entonces comenzó el discurso.
“El tigre ha llegado”
Si había una frase que resumía el tono del nuevo mandatario, probablemente era aquella que pronunció ante las Fuerzas Militares: “El tigre ha llegado”.
De la Espriella anunció una política de mano firme frente al narcotráfico, el terrorismo y las organizaciones criminales. Ordenó a las Fuerzas Militares y a la Policía combatir las estructuras delincuenciales y advirtió que quienes persistieran en el delito tendrían que someterse a la ley o enfrentar la respuesta del Estado.
La seguridad ocupó, de esta manera, un lugar central desde el primer discurso presidencial.
Pero hubo otro mensaje que buscó ampliar el alcance de su llegada al poder. De la Espriella afirmó que sería el presidente de todos los colombianos, incluso de aquellos que no votaron por él.
Era una declaración importante para un país que llegó a las elecciones profundamente dividido y que ahora comenzaba un nuevo capítulo político.
Fe, música y política
La ceremonia también tuvo momentos que se alejaron del protocolo estrictamente político.
Hubo un espacio de oración con la participación del rabino David Michaan, el pastor Eduardo Cañas Estrada y el sacerdote Francisco Javier Múnera Correa. La cantante Maía interpretó Aleluya, mientras en el recinto se mezclaban símbolos religiosos, música y solemnidad institucional.
El mensaje parecía claro: el nuevo Gobierno quería construir su identidad también desde los símbolos.
Y esa identidad estuvo presente en prácticamente cada detalle de la jornada.
De la Arena a los cuarteles
La ceremonia había terminado, pero la jornada presidencial todavía tenía una escena por contar.
Después del acto formal de posesión en la Arena USC, De la Espriella se trasladó al Cantón Militar Pichincha, en Cali, donde las Fuerzas Militares le rindieron honores como nuevo comandante supremo.
Fue allí donde pronunció su primer discurso dirigido directamente a la Fuerza Pública y donde reforzó su mensaje de autoridad y lucha contra las organizaciones criminales.
Era, en cierta forma, la imagen que había buscado desde el comienzo: una posesión fuera de Bogotá, pero profundamente ligada a Cali y a las Fuerzas Militares.
El primer día de un Gobierno que promete mano firme
La posesión no fue únicamente una ceremonia protocolaria.
Fue el primer capítulo de un Gobierno que llega con una promesa contundente: recuperar el orden, fortalecer la autoridad del Estado y enfrentar al crimen organizado.
Y el nuevo presidente quiso demostrarlo desde las primeras horas.
Ese mismo día comenzó a ejecutar una de sus primeras decisiones en materia de seguridad: el traslado de 117 internos vinculados a estructuras criminales y procesos relacionados con las negociaciones de paz hacia establecimientos penitenciarios de máxima seguridad.
Así, entre la banda presidencial, los himnos, los invitados internacionales, las oraciones, los aplausos y las ceremonias militares, Colombia comenzó oficialmente una nueva etapa.
Una etapa que tendrá como escenario un país todavía polarizado, una economía con enormes desafíos, regiones que reclaman mayor presencia del Estado y una ciudadanía que espera resultados.
Cali puso el escenario.
La Arena USC recibió al nuevo presidente.
Las Fuerzas Militares recibieron al nuevo comandante.
Y Colombia, desde ese 7 de agosto, comenzó a preguntarse qué significarán realmente para el país las palabras con las que Abelardo de la Espriella inauguró su mandato: orden, autoridad y libertad.
Ahora ya no hay campaña.
Ya no hay discursos de candidato.
Ya no hay promesas desde una tarima electoral.
Nacional
Colombia fue una nación que caminó unida por la fe en la multitudinaria Marcha para Jesús
Las calles de Colombia cambiaron de rostro este domingo 2 de agosto. Allí donde habitualmente se escuchan los motores, las consignas políticas o el bullicio cotidiano, esta vez fueron los cánticos de alabanza, las oraciones y las banderas blancas las que marcaron el paso de cientos de miles de creyentes que participaron en la Gran Marcha para Jesús 2026.
Desde las primeras horas de la tarde, familias enteras comenzaron a reunirse en parques, avenidas y plazas principales de ciudades y municipios. Niños sobre los hombros de sus padres, jóvenes portando pancartas con mensajes de esperanza y adultos mayores caminando con serenidad hicieron parte de una movilización que, según sus organizadores, se desarrolló de manera simultánea en los 32 departamentos del país y en centenares de ciudades y municipios.
No hubo colores partidistas ni discursos electorales. La consigna fue una sola: exaltar el nombre de Jesús y elevar una oración colectiva por Colombia. Católicos, iglesias evangélicas, comunidades protestantes y creyentes de distintas denominaciones compartieron un mismo recorrido, dejando a un lado las diferencias doctrinales para enviar un mensaje de unidad, reconciliación y paz.
En Bogotá, miles de participantes caminaron hasta el Parque Simón Bolívar, donde la jornada concluyó con música cristiana, momentos de oración y mensajes de esperanza. Escenas similares se vivieron en Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Pereira y decenas de municipios, donde las calles se transformaron en un gran templo al aire libre.
La movilización transcurrió de manera pacífica. En lugar de reclamos o confrontaciones, predominó el ambiente familiar. Hubo abrazos entre desconocidos, cantos compartidos y palabras de ánimo para quienes observaban el paso de la multitud desde los andenes y balcones.
Los organizadores describieron la jornada como un movimiento ciudadano, apolítico y no denominacional, cuyo propósito fue recordar que la fe también puede ocupar el espacio público como una expresión de esperanza y servicio a la sociedad. Para esta edición se esperaba una participación superior a la de años anteriores, con presencia en cerca de 700 ciudades y municipios del país.
Al caer la tarde, mientras las columnas de marchantes se dispersaban lentamente, quedaba la imagen de un país que, por unas horas, decidió caminar al mismo ritmo. En un momento marcado por desafíos sociales, económicos y políticos, miles de colombianos optaron por responder con oración, música y un mensaje de fe.
La Marcha para Jesús volvió así a demostrar que, más allá de las cifras de asistencia, continúa consolidándose como una de las manifestaciones religiosas más multitudinarias de Colombia, donde la esperanza fue, una vez más, la protagonista de la jornada.
Todo se cerró con el Bogotá Gospel
El momento culminante de la jornada se vivió en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, donde miles de marchantes confluyeron tras recorrer las principales vías de la capital. Allí, la Marcha para Jesús encontró un escenario de celebración con Bogotá Góspel 2026, el tradicional concierto del Festival de Verano que este año se articuló con la movilización nacional para convertir el parque en un gran espacio de adoración, música y unidad.
Durante cerca de ocho horas, el escenario reunió a reconocidos artistas de la música cristiana como Miel San Marcos (Guatemala), Alex Zurdo (Puerto Rico), Rescate (Argentina), Cales Louima, además de agrupaciones colombianas como Avivamiento, One 4 All, Vasija de Barro, Rapha y Diana Paipa. Cada presentación estuvo acompañada por mensajes de esperanza, reconciliación y fe, en un ambiente familiar que congregó a creyentes de diferentes iglesias y generaciones.
La unión entre la Marcha para Jesús y Bogotá Góspel convirtió el cierre de la jornada en una verdadera fiesta de la fe. Lo que comenzó como una caminata por las calles de la capital terminó con miles de voces elevando alabanzas al unísono, reafirmando el propósito de los organizadores: hacer visible un mensaje de paz, amor y reconciliación para Colombia. La Plaza de Eventos del Parque Simón Bolívar se transformó así en un inmenso templo al aire libre, donde la música sirvió como lenguaje común para celebrar la esperanza y la unidad del pueblo creyente.
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