Nacional
Colombia se prepara para las elecciones legislativas del 8 de marzo
La jornada electoral no solo definirá la composición del Congreso, sino que también marcará el rumbo de las alianzas políticas de cara a las elecciones presidenciales previstas para mayo de 2026.
Colombia vivirá este domingo 8 de marzo una de las jornadas democráticas más importantes del calendario político nacional con la elección de un nuevo Congreso de la República para el periodo 2026-2030. Durante esta jornada los ciudadanos elegirán a 103 senadores y 183 representantes a la Cámara, quienes tendrán la responsabilidad de legislar y ejercer control político durante los próximos cuatro años.
En total, más de 3.000 candidatos competirán por una curul en el Capitolio Nacional, lo que convierte a estas elecciones en una de las contiendas legislativas más concurridas de los últimos años.
La jornada electoral no solo definirá la composición del Congreso, sino que también marcará el rumbo de las alianzas políticas de cara a las elecciones presidenciales previstas para mayo de 2026.
Una contienda marcada por la polarización política
Las elecciones se desarrollan en medio de un escenario político altamente competitivo, en el que diferentes sectores buscan consolidar o ampliar su influencia en el legislativo. Las principales coaliciones y partidos políticos han presentado listas al Senado y a la Cámara encabezadas por figuras reconocidas de la política nacional.
Entre las fuerzas que buscan protagonismo se encuentran sectores de izquierda agrupados en el Pacto Histórico, movimientos de centro, así como partidos tradicionales y de derecha como el Centro Democrático, el Partido Liberal, el Partido Conservador y Cambio Radical.
Dentro del bloque progresista, la lista al Senado del Pacto Histórico es encabezada por Carolina Corcho, exministra de Salud del gobierno de Gustavo Petro, quien se perfila como una de las figuras más visibles de esta contienda legislativa.
Aspirantes destacados en la carrera al Congreso
A pocos días de las elecciones legislativas del 8 de marzo, el panorama político colombiano se mueve entre figuras tradicionales, exministros, líderes regionales y nuevos rostros que buscan abrirse paso en el Congreso de la República de Colombia. Más de 3.200 aspirantes fueron inscritos para disputar las curules del Senado de la República de Colombia y la Cámara de Representantes de Colombia, lo que refleja la intensidad de una contienda que definirá el equilibrio político del país en los próximos cuatro años.
Entre las candidatas al Senado que concentran mayor atención se encuentra Carolina Corcho, exministra de Salud y cabeza de lista del Pacto Histórico, una de las figuras más visibles del sector progresista y protagonista del debate nacional por la reforma al sistema de salud. Su candidatura simboliza la continuidad del proyecto político cercano al gobierno del presidente Gustavo Petro.
En el espectro conservador y de derecha también destacan nombres con trayectoria política. El economista y congresista Andrés Forero lidera la lista al Senado del Centro Democrático, mientras que el cordobés David Barguil encabeza la apuesta del Partido Conservador Colombiano. A su vez, el político bolivarense Lidio García, expresidente del Senado, lidera la lista del Partido Liberal Colombiano, con la intención de mantener la influencia histórica de esa colectividad en el legislativo.
También aparecen candidaturas que buscan representar corrientes alternativas o emergentes. Entre ellas figura Enrique Gómez Martínez, candidato del partido Salvación Nacional, quien promueve una agenda conservadora centrada en la reducción del tamaño del Estado y reformas profundas en el sistema judicial.
En el terreno de la Cámara de Representantes, la disputa se caracteriza por una mezcla de líderes regionales y políticos con experiencia. Departamentos como Antioquia o Caldas presentan listas encabezadas por figuras conocidas, como Andrés Guerra, del Centro Democrático, o Juan Sebastián Gómez, exbarrista convertido en dirigente político que aspira al Senado tras una trayectoria en la política regional.
La diversidad de perfiles —desde dirigentes tradicionales hasta líderes sociales, académicos y activistas— refleja la complejidad del momento político que vive Colombia. Más allá de los nombres, la elección del nuevo Congreso será clave para definir la gobernabilidad del país y el rumbo de las reformas económicas y sociales que marcarán el debate nacional en los próximos años.
Un Congreso clave para el futuro político del país
El nuevo Congreso que resulte elegido tendrá un papel determinante en la agenda política del país. Entre sus principales retos estarán la discusión de reformas estructurales, la supervisión del gobierno nacional y la definición de alianzas que influirán directamente en el escenario presidencial.
Con un electorado dividido entre diversas corrientes ideológicas y con un alto número de aspirantes en competencia, las elecciones legislativas del 8 de marzo se perfilan como un termómetro político que anticipará el rumbo que podría tomar Colombia en los próximos años.
Candidatas de la Alianza Verde
Dentro de la Alianza Verde, varias mujeres con trayectoria política y activismo social han tenido visibilidad en la contienda. Una de las figuras más reconocidas es Angélica Lozano, senadora que ha impulsado iniciativas sobre derechos civiles, lucha anticorrupción y reformas institucionales. También se destaca Catherine Juvinao, representante a la Cámara por Bogotá y una de las voces más visibles en debates sobre control político y transparencia en el Congreso.
Otra figura relevante es Katherine Miranda, congresista conocida por sus posturas críticas frente a prácticas clientelistas y por su participación en debates sobre seguridad y gobernabilidad en la capital. Estas candidatas representan el sector más reformista del partido, que busca fortalecer el control ciudadano y la institucionalidad democrática.
Jennifer Pedraza: una de las figuras jóvenes de la política alternativa
Una de las candidatas que más atención ha generado en la contienda legislativa es Jennifer Pedraza, economista y actual representante a la Cámara de Representantes de Colombia. Pedraza surgió del movimiento estudiantil de la Universidad Nacional de Colombia y fue una de las voceras del paro estudiantil y del movimiento social que marcó la política colombiana en los últimos años.
Posteriormente llegó al Congreso como representante por el partido Dignidad y Compromiso, desde donde ha impulsado debates sobre educación pública, reforma universitaria, transparencia y lucha contra la corrupción.
Para las elecciones legislativas de 2026 aspira al Senado de la República de Colombia, dentro de una coalición de centro que reúne al Nuevo Liberalismo, Movimiento Político MIRA y Dignidad y Compromiso. Su candidatura representa una generación política joven que intenta trasladar el activismo social al escenario legislativo.
Candidatos en el archipiélago al Congreso
En el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, donde se disputan dos curules a la Cámara de Representantes de Colombia, la contienda electoral reúne a varios liderazgos políticos locales que buscan representar al departamento en el Congreso para el periodo 2026-2030.
Entre los aspirantes más visibles se encuentra el actual representante Jorge Méndez Hernández, quien aspira a la reelección con el aval del Cambio Radical.
En la competencia también participan Bradison Fernández Bryan, Oswaldo García y Luis Telesford, estos últimos vinculados al Partido Liberal Colombiano, además de otros aspirantes como Showad Leopold Stephenson, Mayleth Arjona, Carlos Arturo Fontalvo y Elizabeth Jay‑Pang Díaz, quienes representan distintas corrientes políticas y sectores sociales del archipiélago.
La elección se perfila como una de las más competitivas del departamento, en la que temas como la defensa de la cultura raizal, el control poblacional, el desarrollo turístico y la protección del territorio marítimo ocupan un lugar central en las propuestas de campaña.
Nacional
Fueron 120 segundos de horror en Colombia
La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.
Un registro instrumental de entre 90 segundos y dos minutos en las estaciones más cercanas al epicentro fue el balance técnico de tiempo entregado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC) de la duración del fuerte terremoto de magnitud 7.4 ocurrido en la mañana de este lunes 10 de agosto, cuyo epicentro se localizó en San José del Palmar, Chocó.
La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.
Ante la disparidad de testimonios de la población sobre la percepción del tiempo de la sacudida, la entidad especializada aclaró que la duración de un temblor abarca tres conceptos técnicos importantes e independientes: el tiempo percibido por los habitantes, el tiempo registrado por la instrumentación y la duración exacta del movimiento en la falla de origen.
El reporte técnico del Servicio Geológico Colombiano (SGC) señaló a través de la publicación que los sismómetros monitorean hasta movimientos del suelo imperceptibles para las personas.
Por esta razón, mientras la población puede percibir una sacudida durante contados segundos, las estaciones de monitoreo captan las ondas durante varios minutos. De acuerdo con el SGC, “en Colombia todos los días ocurren sismos que nuestros instrumentos detectan, pero que nosotros no sentimos”.
En el evento reportado este lunes en San José del Palmar, la red de monitoreo registró un rango de movimiento significativo que fluctuó entre un minuto y medio y dos minutos en las zonas inmediatas al epicentro, es decir, el resto de lugares afectados.
Respecto a la sensación individual de los ciudadanos —algunos de los cuales afirmaron haber sentido el temblor durante mayor o menor tiempo—, la institución explicó que la percepción no es uniforme. Esta variación depende de la distancia al hipocentro (el punto interior de la Tierra donde inicia la ruptura), la tipología de las edificaciones y las condiciones topográficas y geológicas del suelo.
El tipo de terreno desempeña un rol determinante en la propagación sísmica. En superficies compuestas por rocas rígidas, las ondas tienden a amplificarse en menor medida. Por el contrario, los suelos blandos presentan una tendencia a amplificar las ondas, prolongando el movimiento percibido.
La entidad concluyó que la respuesta a la pregunta “¿cuánto duró el sismo?” depende de si la evaluación se realiza desde la duración percibida por la población, la registrada por los instrumentos de medición o la ocurrida en la fuente sísmica.
De acuerdo con el más reciente balance oficial emitido por las autoridades nacionales, la emergencia deja de manera preliminar 111 personas fallecidas, 87 heridos y más de 100 desaparecidos, con las mayores afectaciones concentradas en los departamentos del Eje Cafetero, Valle del Cauca y Chocó.
¿Cuánto tiempo duró el sismo del 10 de agosto en Colombia según el registro oficial?
Las estaciones de monitoreo del Servicio Geológico Colombiano (SGC) más cercanas al epicentro en San José del Palmar, Chocó, registraron entre 90 segundos y 2 minutos (de 1:30 a 2:00 minutos) de movimiento significativo.
¿Por qué algunas personas sintieron el temblor más largo o más corto que otras?
La percepción individual de la duración varía según la distancia al hipocentro, el tipo de edificación y las condiciones del suelo donde se encuentre cada persona. Los suelos blandos suelen amplificar la vibración y hacer que se sienta por más tiempo, mientras que las rocas rígidas amortiguan el movimiento.
¿Cuál es la diferencia entre la duración percibida y la duración instrumental de un temblor?
La duración percibida es el tiempo durante el cual un ser humano alcanza a sentir la sacudida, mientras que la duración instrumental mide el tiempo total en que los sismómetros captan las ondas. Como los equipos detectan vibraciones imperceptibles para las personas, el registro instrumental suele ser considerablemente más largo.
¿El Servicio Geológico Colombiano puede predecir cuánto va a durar un temblor antes de que ocurra?
No. Ni la duración, ni la magnitud, ni la hora exacta de un sismo se pueden predecir. El SGC únicamente puede calcular la duración de las ondas e informarla una vez que los instrumentos de monitoreo han registrado el evento en tiempo real.
Nacional
Abelardo de la Espriella toma posesión como nuevo presidente de Colombia
El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.
Cali amaneció el 7 de agosto con algo más que el acostumbrado movimiento de una ciudad acostumbrada a las grandes jornadas. Esta vez, la capital del Valle del Cauca tenía sobre sus hombros una responsabilidad que durante más de un siglo había pertenecido a Bogotá: recibir la ceremonia de posesión de un presidente de Colombia.
La protagonista era una figura que pocos años atrás parecía destinada a los escenarios jurídicos y mediáticos y que ahora llegaba al corazón del poder nacional: Abelardo de la Espriella.
La ceremonia rompió una tradición republicana de más de cien años. La Arena USC, en la Universidad Santiago de Cali, reemplazó a la tradicional Plaza de Bolívar como escenario del acto solemne. Allí se congregaron cerca de 2.300 personas entre congresistas, empresarios, dirigentes políticos, representantes gremiales y delegaciones internacionales.
Pero la escogencia de Cali no fue simplemente un cambio de dirección en la invitación presidencial. Desde la campaña, De la Espriella había insistido en que quería llevar la posesión a una región distinta de Bogotá y, originalmente, había planteado hacerlo en una guarnición militar. La propuesta provocó un enfrentamiento con el entonces presidente Gustavo Petro, quien se opuso a utilizar instalaciones militares para la ceremonia. Finalmente, el nuevo mandatario trasladó el acto a un escenario civil, aunque mantuvo un fuerte componente militar en la jornada.
Una alfombra roja para el nuevo poder
Pasadas las cuatro de la tarde, la Arena USC comenzó a convertirse en el retrato de la nueva Colombia que De la Espriella había prometido durante su campaña.
Por la alfombra roja desfilaron presidentes, expresidentes, dirigentes políticos y representantes internacionales. El rey Felipe VI de España estuvo entre los invitados, acompañado por mandatarios como Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; José Antonio Kast, de Chile; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; Nasry Asfura, de Honduras, y Laura Fernández, de Costa Rica.
También estuvieron expresidentes colombianos como Álvaro Uribe, Iván Duque y Andrés Pastrana.
Hubo, sin embargo, ausencias que no pasaron inadvertidas.
El presidente saliente, Gustavo Petro, no estuvo presente. Tampoco fueron invitados los expresidentes Juan Manuel Santos y Ernesto Samper. Y en el Congreso, la bancada del Pacto Histórico no asistió al acto, aunque sí se logró el quórum necesario para realizar la ceremonia constitucional.
La escena dejaba así una imagen difícil de ignorar: mientras unos llegaban para acompañar el nacimiento del nuevo Gobierno, otros escogían no estar allí.
El juramento
A las 4:22 de la tarde llegó el momento que había esperado buena parte del país.
Abelardo de la Espriella juró ante el Congreso de la República y recibió la banda presidencial de manos del presidente del Senado, Honorio Henríquez. Con ese acto, asumió oficialmente como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030.
A su lado estaba su familia.
El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.
Y entonces comenzó el discurso.
“El tigre ha llegado”
Si había una frase que resumía el tono del nuevo mandatario, probablemente era aquella que pronunció ante las Fuerzas Militares: “El tigre ha llegado”.
De la Espriella anunció una política de mano firme frente al narcotráfico, el terrorismo y las organizaciones criminales. Ordenó a las Fuerzas Militares y a la Policía combatir las estructuras delincuenciales y advirtió que quienes persistieran en el delito tendrían que someterse a la ley o enfrentar la respuesta del Estado.
La seguridad ocupó, de esta manera, un lugar central desde el primer discurso presidencial.
Pero hubo otro mensaje que buscó ampliar el alcance de su llegada al poder. De la Espriella afirmó que sería el presidente de todos los colombianos, incluso de aquellos que no votaron por él.
Era una declaración importante para un país que llegó a las elecciones profundamente dividido y que ahora comenzaba un nuevo capítulo político.
Fe, música y política
La ceremonia también tuvo momentos que se alejaron del protocolo estrictamente político.
Hubo un espacio de oración con la participación del rabino David Michaan, el pastor Eduardo Cañas Estrada y el sacerdote Francisco Javier Múnera Correa. La cantante Maía interpretó Aleluya, mientras en el recinto se mezclaban símbolos religiosos, música y solemnidad institucional.
El mensaje parecía claro: el nuevo Gobierno quería construir su identidad también desde los símbolos.
Y esa identidad estuvo presente en prácticamente cada detalle de la jornada.
De la Arena a los cuarteles
La ceremonia había terminado, pero la jornada presidencial todavía tenía una escena por contar.
Después del acto formal de posesión en la Arena USC, De la Espriella se trasladó al Cantón Militar Pichincha, en Cali, donde las Fuerzas Militares le rindieron honores como nuevo comandante supremo.
Fue allí donde pronunció su primer discurso dirigido directamente a la Fuerza Pública y donde reforzó su mensaje de autoridad y lucha contra las organizaciones criminales.
Era, en cierta forma, la imagen que había buscado desde el comienzo: una posesión fuera de Bogotá, pero profundamente ligada a Cali y a las Fuerzas Militares.
El primer día de un Gobierno que promete mano firme
La posesión no fue únicamente una ceremonia protocolaria.
Fue el primer capítulo de un Gobierno que llega con una promesa contundente: recuperar el orden, fortalecer la autoridad del Estado y enfrentar al crimen organizado.
Y el nuevo presidente quiso demostrarlo desde las primeras horas.
Ese mismo día comenzó a ejecutar una de sus primeras decisiones en materia de seguridad: el traslado de 117 internos vinculados a estructuras criminales y procesos relacionados con las negociaciones de paz hacia establecimientos penitenciarios de máxima seguridad.
Así, entre la banda presidencial, los himnos, los invitados internacionales, las oraciones, los aplausos y las ceremonias militares, Colombia comenzó oficialmente una nueva etapa.
Una etapa que tendrá como escenario un país todavía polarizado, una economía con enormes desafíos, regiones que reclaman mayor presencia del Estado y una ciudadanía que espera resultados.
Cali puso el escenario.
La Arena USC recibió al nuevo presidente.
Las Fuerzas Militares recibieron al nuevo comandante.
Y Colombia, desde ese 7 de agosto, comenzó a preguntarse qué significarán realmente para el país las palabras con las que Abelardo de la Espriella inauguró su mandato: orden, autoridad y libertad.
Ahora ya no hay campaña.
Ya no hay discursos de candidato.
Ya no hay promesas desde una tarima electoral.
Nacional
Colombia fue una nación que caminó unida por la fe en la multitudinaria Marcha para Jesús
Las calles de Colombia cambiaron de rostro este domingo 2 de agosto. Allí donde habitualmente se escuchan los motores, las consignas políticas o el bullicio cotidiano, esta vez fueron los cánticos de alabanza, las oraciones y las banderas blancas las que marcaron el paso de cientos de miles de creyentes que participaron en la Gran Marcha para Jesús 2026.
Desde las primeras horas de la tarde, familias enteras comenzaron a reunirse en parques, avenidas y plazas principales de ciudades y municipios. Niños sobre los hombros de sus padres, jóvenes portando pancartas con mensajes de esperanza y adultos mayores caminando con serenidad hicieron parte de una movilización que, según sus organizadores, se desarrolló de manera simultánea en los 32 departamentos del país y en centenares de ciudades y municipios.
No hubo colores partidistas ni discursos electorales. La consigna fue una sola: exaltar el nombre de Jesús y elevar una oración colectiva por Colombia. Católicos, iglesias evangélicas, comunidades protestantes y creyentes de distintas denominaciones compartieron un mismo recorrido, dejando a un lado las diferencias doctrinales para enviar un mensaje de unidad, reconciliación y paz.
En Bogotá, miles de participantes caminaron hasta el Parque Simón Bolívar, donde la jornada concluyó con música cristiana, momentos de oración y mensajes de esperanza. Escenas similares se vivieron en Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Pereira y decenas de municipios, donde las calles se transformaron en un gran templo al aire libre.
La movilización transcurrió de manera pacífica. En lugar de reclamos o confrontaciones, predominó el ambiente familiar. Hubo abrazos entre desconocidos, cantos compartidos y palabras de ánimo para quienes observaban el paso de la multitud desde los andenes y balcones.
Los organizadores describieron la jornada como un movimiento ciudadano, apolítico y no denominacional, cuyo propósito fue recordar que la fe también puede ocupar el espacio público como una expresión de esperanza y servicio a la sociedad. Para esta edición se esperaba una participación superior a la de años anteriores, con presencia en cerca de 700 ciudades y municipios del país.
Al caer la tarde, mientras las columnas de marchantes se dispersaban lentamente, quedaba la imagen de un país que, por unas horas, decidió caminar al mismo ritmo. En un momento marcado por desafíos sociales, económicos y políticos, miles de colombianos optaron por responder con oración, música y un mensaje de fe.
La Marcha para Jesús volvió así a demostrar que, más allá de las cifras de asistencia, continúa consolidándose como una de las manifestaciones religiosas más multitudinarias de Colombia, donde la esperanza fue, una vez más, la protagonista de la jornada.
Todo se cerró con el Bogotá Gospel
El momento culminante de la jornada se vivió en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, donde miles de marchantes confluyeron tras recorrer las principales vías de la capital. Allí, la Marcha para Jesús encontró un escenario de celebración con Bogotá Góspel 2026, el tradicional concierto del Festival de Verano que este año se articuló con la movilización nacional para convertir el parque en un gran espacio de adoración, música y unidad.
Durante cerca de ocho horas, el escenario reunió a reconocidos artistas de la música cristiana como Miel San Marcos (Guatemala), Alex Zurdo (Puerto Rico), Rescate (Argentina), Cales Louima, además de agrupaciones colombianas como Avivamiento, One 4 All, Vasija de Barro, Rapha y Diana Paipa. Cada presentación estuvo acompañada por mensajes de esperanza, reconciliación y fe, en un ambiente familiar que congregó a creyentes de diferentes iglesias y generaciones.
La unión entre la Marcha para Jesús y Bogotá Góspel convirtió el cierre de la jornada en una verdadera fiesta de la fe. Lo que comenzó como una caminata por las calles de la capital terminó con miles de voces elevando alabanzas al unísono, reafirmando el propósito de los organizadores: hacer visible un mensaje de paz, amor y reconciliación para Colombia. La Plaza de Eventos del Parque Simón Bolívar se transformó así en un inmenso templo al aire libre, donde la música sirvió como lenguaje común para celebrar la esperanza y la unidad del pueblo creyente.
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