Nacional
El paro cívico se debate entre la no participación popular y la politiquería
Ya son varios gobernadores y alcaldes le pusieron el “tatequieto” al presidente Gustavo Petro y no le caminarán al día cívico.
No hay duda de que empezaron las elecciones de 2026 un año antes. El presidente Gustavo Petro decidió declarar este martes 18 de marzo como día cívico —así como el año pasado declaró día cívico el 19 de abril, su cumpleaños y fecha fundacional del M-19, guerrilla a la que perteneció— para que “la gente salga a marchar y sea el pueblo el que decida el futuro de la reforma laboral y de la salud”.
El Gobierno en pleno, apoyado en las centrales obreras, los maestros del sector público, movimientos sociales e indígenas, entre otros sectores afines, convocó marchas en todo el país para dar inicio a la campaña por la consulta popular y, de paso, medir el pulso en las calles para las elecciones legislativas de marzo y la primera vuelta presidencial de mayo en 2026. La maquinaria estatal, que incluye recursos de los contribuyentes, estará volcada a hacer campaña. Por eso, de entrada, varios gobernadores y alcaldes le pusieron el “tatequieto” al presidente Petro y no le caminarán al día cívico.
“Trabajaremos con normalidad”
Uno de los mandatarios fue el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, quien señaló en la red social X que los servidores públicos de la capital antioqueña trabajarán de manera habitual el próximo martes y que incluso habrá clases en todos los colegios públicos así como los jardines Buen Comienzo operarán con normalidad.
“Como alcalde, solo puedo tomar la decisión en el sector público del Distrito, y eso hago: tenemos una gran responsabilidad con Medellín, la gente confía en nosotros y no vamos a parar. Que siga creciendo la economía. Que se sigan generando miles de empleos de buena calidad y bien pagos. No existe mejor política social que la generación de empleo”, escribió Gutiérrez en X.
En línea, trinó el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, quien señaló que el gobierno regional ese día también trabajará con normalidad, pese a la declaratoria. De hecho, para el próximo martes está programado que se entreguen parte de las obras del Intercambio vial del Aeropuerto José María Córdova.
“Veremos dónde cae este nuevo globo. Esperemos que, vía decreto, no se nos imponga un día de vagancia. En Antioquia honramos el trabajo como camino de desarrollo y oportunidades”, señaló Rendón.
Lo mismo hicieron otros gobernadores y alcaldes que han expresado su oposición e independencia el Gobierno. Por ejemplo, el alcalde de Bucaramanga, Jaime Andrés Beltrán, quien anunció que tampoco se pararán las actividades en la capital de Santander: “Bucaramanga es una ciudad productiva, con deberes en el servicio ciudadano que no pueden parar, por eso el municipio no se acogerá al decreto del Día Cívico del Gobierno Nacional del próximo martes”, señaló en sus redes sociales. De igual forma, el alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, indicó que en la ciudad amurallada se trabajará común y corriente en las dependencias públicas.
Por su parte, el alcalde de Cali, Alejandro Eder, también escribió en sus redes que “este martes 18 de marzo, hospitales, colegios, servicios públicos y la administración municipal operarán con normalidad. Respetamos el derecho a la protesta pacífica, pero nuestra prioridad es que Cali avance con trabajo y resultados para los caleños”. Siguiendo con el Valle del Cauca, la gobernadora Dilian Francisca Toro dijo que no ve necesario el día cívico, pues para ella la consulta popular pretende desconocer la autonomía del Congreso.
Amenazas contra congresistas
Precisamente, los ocho miembros de la Comisión Séptima del Senado —en donde se radicó la ponencia de archivo de la reforma laboral— han sido respaldados por sus respectivos partidos ya no solo por su postura sino porque algunos temen amenazas contra su seguridad.
Por ejemplo, el senador liberal, Miguel Ángel Pinto, dijo: “Mi vida y la de mis compañeros Ud. la ha puesto en peligro. Si algo nos ocurre, Ud. es el único responsable”, refiriéndose la presidente Petro que había publicado un mensaje diciendo que la Comisión Séptima y Pinto habían “traicionado al pueblo trabajador de Colombia y Santander”.
Una de las defensoras de Pinto fue la representante a la Cámara Lina María Garrido, segunda vicepresidenta de la corporación, perteneciente a Cambio Radical: “El irresponsable e inepto presidente Gustavo Petro ha puesto una lápida en la espalda del senador santandereano Miguel Ángel Pinto y en peligro la vida de su familia”, afirmó la congresista. “TODOS debemos rodear y proteger a los 8 Senadores que, en derecho y democracia, SALVARON al país de la desastrosa reforma laboral de Petro (sic)”, agregó.
Otros opositores al día cívico y a la consulta popular son sectores más de centro como la representante del Partido Alianza Verde Katherine Miranda, que señala que “ahora vamos por el hundimiento de la reforma a la salud”.
De igual, líderes empresariales tampoco le caminan al llamado del jefe de Estado y a sus reformas como Jaime Alberto Cabal, presidente de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco): “Destacamos el compromiso de este grupo de ocho valientes senadores, quienes comprendieron la urgencia de salvar 450 mil empleos y de preservar la viabilidad de miles de MyPimes, que conforman el 98% del tejido empresarial del país, las cuales ya sufren las consecuencias de la reforma tributaria”, dijo en redes sociales en donde también ha escrito otros mensajes contra el Gobierno.
Las cabezas de las marchas
Por el lado del Ejecutivo, los dos principales funcionarios encargados de impulsar las marchas del 18 de marzo son los ministros Antonio Sanguino (Trabajo) y Armando Benedetti (Interior). El primero, hace el puente con las centrales obreras como la Central Unitaria de Trabajadores CUT (CUT) en cabeza del sindicalista Fabio Arias, que estuvo presente durante la alocución presidencial cuando se anunció la consulta popular; también hacen parte la Confederación General del Trabajo (CGT), la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) y las Confederaciones de Pensionados CDP y CPC. En el caso de Benedetti y su cartera, se disponen ayudas a nivel logístico para movimientos sociales e indígenas que se movilizarán en Bogotá y en otras ciudades capitales.
Otra arista de quienes están detrás de las movilizaciones son la bancada del Pacto Histórico. No todos los congresistas tienen el mismo nivel de convocatoria, por eso el Gobierno puso a la senadora del partido MAIS, Martha Peralta, para articular al movimiento de la guardia indígena. En el caso de Fecode, el poderoso sindicato de maestros, uno de los interlocutores es Wilson Arias, senador del Polo Democrático, que también estuvo en la transmisión televisiva de hace algunos días. Otro congresista clave, que de hecho proviene del estallido social de 2022, es Alfredo Mondragón del Valle del Cauca que lidera y coordina movimientos juveniles y barriales que se sumarán a la convocatoria.
¿Consulta improvisada?
El anuncio de la consulta popular en la tarde del 11 de marzo se planeó en minutos, según fuentes de Presidencia consultadas por EL COLOMBIANO. El presidente Petro estaba muy molesto por el hundimiento de la reforma laboral y le dio la orden al ministro Benedetti de sacar del Gobierno a los funcionarios cercanos a esos parlamentarios y a la directora del Dapre, Angie Lizeth Rodríguez, le dio instrucciones de convocar a los líderes de centrales obreras, movimientos sociales, de la guardia indígena en Bogotá y algunos congresistas del Pacto Histórico a la Casa de Nariño de manera urgente. Allí se puso sobre la mesa ya no solo la idea de la consulta popular sino de salir a las calles. “Saldremos cada vez que sea necesario, presidente”, alcanzó a decir uno de los asistentes a la previa de la alocución presidencial.
Por eso, el Gobierno tuvo pocos días para planear la manifestación y algunos miembros del gabinete dicen en voz baja que es una medida improvisada. Se ha criticado que los días cívicos podrían ser un derroche de dinero público pues según datos de 2024, la nómina estatal cuesta $60 billones al año, es decir $165.000 millones de pesos por día.
Incluso, más allá de las movilizaciones del 18 de marzo, llevar a buen puerto la consulta popular no será sencillo pues Petro tiene que conseguir que salgan a votar 13’654.457 personas de las cuales 6’827.229 deben votar que sí en cada pregunta planteada, según datos de la Registraduría.
“La primera pregunta que se hará en la consulta popular es si el día termina a las 6:00 p.m. de la tarde”, dijo hace algunos días en la red social X y luego profundizó en un discurso desde la Sierra Nevada: “Que todo trabajo que se realice después las seis de la tarde deba tener un recargo, porque son horas extras (…) Lo mismo si se trabaja sábado y domingo”.
Sin embargo, la estrategia de mostrar por pedazos lo que el Gobierno considera son los beneficios de las reformas laboral y la salud para empezar a promover la consulta, sigue siendo una idea improvisada. En los cálculos del Ejecutivo, según fuentes consultadas por este diario, no estaba previsto que ocho senadores se pusieran de acuerdo para firmar una ponencia de archivo a la reforma. Ni el ministro del Interior, Armando Benedetti, un veterano exparlamentario, alcanzó a atisbar la movida. “Nos cogió por sorpresa. Teníamos pensado algo totalmente diferente, por eso no hemos pensado en retirar la reforma a la salud”, le dijo a este diario bajo reserva una fuente del entorno de Benedetti.
El presidente Petro ha expresado con molestia en los últimos consejos de ministros que no iba a tolerar “dobles agendas” de los funcionarios que quisieran ser candidatos. Pero ahora, en el ocaso de su mandato, el propio Petro es el primer “candidato”, convirtiendo la consulta popular en un vehículo para navegar aguas que le son más cómodas: la agitación en las calles, el discurso en plaza pública y la disputa por la narrativa. “El bloqueo institucional es una dictadura contra el voto popular y al bloqueo institucional se le responde con democracia real”, dijo el mandatario cuando anunció la consulta popular. Sirvió parcialmente. El país dejó de hablar de los chats del exministro Luis Carlos Reyes con el ministro del Interior, Armando Benedetti, en los que este último le pedía cuotas para puestos estratégicos de la Dian. O de las denuncias sobre el contrabandista Diego Marín alias Pitufo y su influencia en el poder político, judicial y policial.
En este caso, el mandatario sabe que está en juego su legado pues de las grandes reformas que prometió solo ha salido adelante la reforma pensional que peligra en la Corte Constitucional si prospera la revisión de errores de trámite. Mientras tanto, queda poco margen de maniobra porque ya han pasado más de dos años y medio y el desgaste del Gobierno es notorio. En palabras del exministro de Educación, Alejandro Gaviria, “impulsar reformas en el Congreso es importante, pero gobernar de vez en cuando también”. Quizá por ese desgaste, dicen fuentes de Presidencia, Petro está haciendo una apuesta ambiciosa, pero también improvisada que ha despertado oposición de diversos sectores, incluyendo gobernadores y alcaldes.
Nacional
Fueron 120 segundos de horror en Colombia
La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.
Un registro instrumental de entre 90 segundos y dos minutos en las estaciones más cercanas al epicentro fue el balance técnico de tiempo entregado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC) de la duración del fuerte terremoto de magnitud 7.4 ocurrido en la mañana de este lunes 10 de agosto, cuyo epicentro se localizó en San José del Palmar, Chocó.
La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.
Ante la disparidad de testimonios de la población sobre la percepción del tiempo de la sacudida, la entidad especializada aclaró que la duración de un temblor abarca tres conceptos técnicos importantes e independientes: el tiempo percibido por los habitantes, el tiempo registrado por la instrumentación y la duración exacta del movimiento en la falla de origen.
El reporte técnico del Servicio Geológico Colombiano (SGC) señaló a través de la publicación que los sismómetros monitorean hasta movimientos del suelo imperceptibles para las personas.
Por esta razón, mientras la población puede percibir una sacudida durante contados segundos, las estaciones de monitoreo captan las ondas durante varios minutos. De acuerdo con el SGC, “en Colombia todos los días ocurren sismos que nuestros instrumentos detectan, pero que nosotros no sentimos”.
En el evento reportado este lunes en San José del Palmar, la red de monitoreo registró un rango de movimiento significativo que fluctuó entre un minuto y medio y dos minutos en las zonas inmediatas al epicentro, es decir, el resto de lugares afectados.
Respecto a la sensación individual de los ciudadanos —algunos de los cuales afirmaron haber sentido el temblor durante mayor o menor tiempo—, la institución explicó que la percepción no es uniforme. Esta variación depende de la distancia al hipocentro (el punto interior de la Tierra donde inicia la ruptura), la tipología de las edificaciones y las condiciones topográficas y geológicas del suelo.
El tipo de terreno desempeña un rol determinante en la propagación sísmica. En superficies compuestas por rocas rígidas, las ondas tienden a amplificarse en menor medida. Por el contrario, los suelos blandos presentan una tendencia a amplificar las ondas, prolongando el movimiento percibido.
La entidad concluyó que la respuesta a la pregunta “¿cuánto duró el sismo?” depende de si la evaluación se realiza desde la duración percibida por la población, la registrada por los instrumentos de medición o la ocurrida en la fuente sísmica.
De acuerdo con el más reciente balance oficial emitido por las autoridades nacionales, la emergencia deja de manera preliminar 111 personas fallecidas, 87 heridos y más de 100 desaparecidos, con las mayores afectaciones concentradas en los departamentos del Eje Cafetero, Valle del Cauca y Chocó.
¿Cuánto tiempo duró el sismo del 10 de agosto en Colombia según el registro oficial?
Las estaciones de monitoreo del Servicio Geológico Colombiano (SGC) más cercanas al epicentro en San José del Palmar, Chocó, registraron entre 90 segundos y 2 minutos (de 1:30 a 2:00 minutos) de movimiento significativo.
¿Por qué algunas personas sintieron el temblor más largo o más corto que otras?
La percepción individual de la duración varía según la distancia al hipocentro, el tipo de edificación y las condiciones del suelo donde se encuentre cada persona. Los suelos blandos suelen amplificar la vibración y hacer que se sienta por más tiempo, mientras que las rocas rígidas amortiguan el movimiento.
¿Cuál es la diferencia entre la duración percibida y la duración instrumental de un temblor?
La duración percibida es el tiempo durante el cual un ser humano alcanza a sentir la sacudida, mientras que la duración instrumental mide el tiempo total en que los sismómetros captan las ondas. Como los equipos detectan vibraciones imperceptibles para las personas, el registro instrumental suele ser considerablemente más largo.
¿El Servicio Geológico Colombiano puede predecir cuánto va a durar un temblor antes de que ocurra?
No. Ni la duración, ni la magnitud, ni la hora exacta de un sismo se pueden predecir. El SGC únicamente puede calcular la duración de las ondas e informarla una vez que los instrumentos de monitoreo han registrado el evento en tiempo real.
Nacional
Abelardo de la Espriella toma posesión como nuevo presidente de Colombia
El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.
Cali amaneció el 7 de agosto con algo más que el acostumbrado movimiento de una ciudad acostumbrada a las grandes jornadas. Esta vez, la capital del Valle del Cauca tenía sobre sus hombros una responsabilidad que durante más de un siglo había pertenecido a Bogotá: recibir la ceremonia de posesión de un presidente de Colombia.
La protagonista era una figura que pocos años atrás parecía destinada a los escenarios jurídicos y mediáticos y que ahora llegaba al corazón del poder nacional: Abelardo de la Espriella.
La ceremonia rompió una tradición republicana de más de cien años. La Arena USC, en la Universidad Santiago de Cali, reemplazó a la tradicional Plaza de Bolívar como escenario del acto solemne. Allí se congregaron cerca de 2.300 personas entre congresistas, empresarios, dirigentes políticos, representantes gremiales y delegaciones internacionales.
Pero la escogencia de Cali no fue simplemente un cambio de dirección en la invitación presidencial. Desde la campaña, De la Espriella había insistido en que quería llevar la posesión a una región distinta de Bogotá y, originalmente, había planteado hacerlo en una guarnición militar. La propuesta provocó un enfrentamiento con el entonces presidente Gustavo Petro, quien se opuso a utilizar instalaciones militares para la ceremonia. Finalmente, el nuevo mandatario trasladó el acto a un escenario civil, aunque mantuvo un fuerte componente militar en la jornada.
Una alfombra roja para el nuevo poder
Pasadas las cuatro de la tarde, la Arena USC comenzó a convertirse en el retrato de la nueva Colombia que De la Espriella había prometido durante su campaña.
Por la alfombra roja desfilaron presidentes, expresidentes, dirigentes políticos y representantes internacionales. El rey Felipe VI de España estuvo entre los invitados, acompañado por mandatarios como Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; José Antonio Kast, de Chile; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; Nasry Asfura, de Honduras, y Laura Fernández, de Costa Rica.
También estuvieron expresidentes colombianos como Álvaro Uribe, Iván Duque y Andrés Pastrana.
Hubo, sin embargo, ausencias que no pasaron inadvertidas.
El presidente saliente, Gustavo Petro, no estuvo presente. Tampoco fueron invitados los expresidentes Juan Manuel Santos y Ernesto Samper. Y en el Congreso, la bancada del Pacto Histórico no asistió al acto, aunque sí se logró el quórum necesario para realizar la ceremonia constitucional.
La escena dejaba así una imagen difícil de ignorar: mientras unos llegaban para acompañar el nacimiento del nuevo Gobierno, otros escogían no estar allí.
El juramento
A las 4:22 de la tarde llegó el momento que había esperado buena parte del país.
Abelardo de la Espriella juró ante el Congreso de la República y recibió la banda presidencial de manos del presidente del Senado, Honorio Henríquez. Con ese acto, asumió oficialmente como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030.
A su lado estaba su familia.
El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.
Y entonces comenzó el discurso.
“El tigre ha llegado”
Si había una frase que resumía el tono del nuevo mandatario, probablemente era aquella que pronunció ante las Fuerzas Militares: “El tigre ha llegado”.
De la Espriella anunció una política de mano firme frente al narcotráfico, el terrorismo y las organizaciones criminales. Ordenó a las Fuerzas Militares y a la Policía combatir las estructuras delincuenciales y advirtió que quienes persistieran en el delito tendrían que someterse a la ley o enfrentar la respuesta del Estado.
La seguridad ocupó, de esta manera, un lugar central desde el primer discurso presidencial.
Pero hubo otro mensaje que buscó ampliar el alcance de su llegada al poder. De la Espriella afirmó que sería el presidente de todos los colombianos, incluso de aquellos que no votaron por él.
Era una declaración importante para un país que llegó a las elecciones profundamente dividido y que ahora comenzaba un nuevo capítulo político.
Fe, música y política
La ceremonia también tuvo momentos que se alejaron del protocolo estrictamente político.
Hubo un espacio de oración con la participación del rabino David Michaan, el pastor Eduardo Cañas Estrada y el sacerdote Francisco Javier Múnera Correa. La cantante Maía interpretó Aleluya, mientras en el recinto se mezclaban símbolos religiosos, música y solemnidad institucional.
El mensaje parecía claro: el nuevo Gobierno quería construir su identidad también desde los símbolos.
Y esa identidad estuvo presente en prácticamente cada detalle de la jornada.
De la Arena a los cuarteles
La ceremonia había terminado, pero la jornada presidencial todavía tenía una escena por contar.
Después del acto formal de posesión en la Arena USC, De la Espriella se trasladó al Cantón Militar Pichincha, en Cali, donde las Fuerzas Militares le rindieron honores como nuevo comandante supremo.
Fue allí donde pronunció su primer discurso dirigido directamente a la Fuerza Pública y donde reforzó su mensaje de autoridad y lucha contra las organizaciones criminales.
Era, en cierta forma, la imagen que había buscado desde el comienzo: una posesión fuera de Bogotá, pero profundamente ligada a Cali y a las Fuerzas Militares.
El primer día de un Gobierno que promete mano firme
La posesión no fue únicamente una ceremonia protocolaria.
Fue el primer capítulo de un Gobierno que llega con una promesa contundente: recuperar el orden, fortalecer la autoridad del Estado y enfrentar al crimen organizado.
Y el nuevo presidente quiso demostrarlo desde las primeras horas.
Ese mismo día comenzó a ejecutar una de sus primeras decisiones en materia de seguridad: el traslado de 117 internos vinculados a estructuras criminales y procesos relacionados con las negociaciones de paz hacia establecimientos penitenciarios de máxima seguridad.
Así, entre la banda presidencial, los himnos, los invitados internacionales, las oraciones, los aplausos y las ceremonias militares, Colombia comenzó oficialmente una nueva etapa.
Una etapa que tendrá como escenario un país todavía polarizado, una economía con enormes desafíos, regiones que reclaman mayor presencia del Estado y una ciudadanía que espera resultados.
Cali puso el escenario.
La Arena USC recibió al nuevo presidente.
Las Fuerzas Militares recibieron al nuevo comandante.
Y Colombia, desde ese 7 de agosto, comenzó a preguntarse qué significarán realmente para el país las palabras con las que Abelardo de la Espriella inauguró su mandato: orden, autoridad y libertad.
Ahora ya no hay campaña.
Ya no hay discursos de candidato.
Ya no hay promesas desde una tarima electoral.
Nacional
Colombia fue una nación que caminó unida por la fe en la multitudinaria Marcha para Jesús
Las calles de Colombia cambiaron de rostro este domingo 2 de agosto. Allí donde habitualmente se escuchan los motores, las consignas políticas o el bullicio cotidiano, esta vez fueron los cánticos de alabanza, las oraciones y las banderas blancas las que marcaron el paso de cientos de miles de creyentes que participaron en la Gran Marcha para Jesús 2026.
Desde las primeras horas de la tarde, familias enteras comenzaron a reunirse en parques, avenidas y plazas principales de ciudades y municipios. Niños sobre los hombros de sus padres, jóvenes portando pancartas con mensajes de esperanza y adultos mayores caminando con serenidad hicieron parte de una movilización que, según sus organizadores, se desarrolló de manera simultánea en los 32 departamentos del país y en centenares de ciudades y municipios.
No hubo colores partidistas ni discursos electorales. La consigna fue una sola: exaltar el nombre de Jesús y elevar una oración colectiva por Colombia. Católicos, iglesias evangélicas, comunidades protestantes y creyentes de distintas denominaciones compartieron un mismo recorrido, dejando a un lado las diferencias doctrinales para enviar un mensaje de unidad, reconciliación y paz.
En Bogotá, miles de participantes caminaron hasta el Parque Simón Bolívar, donde la jornada concluyó con música cristiana, momentos de oración y mensajes de esperanza. Escenas similares se vivieron en Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Pereira y decenas de municipios, donde las calles se transformaron en un gran templo al aire libre.
La movilización transcurrió de manera pacífica. En lugar de reclamos o confrontaciones, predominó el ambiente familiar. Hubo abrazos entre desconocidos, cantos compartidos y palabras de ánimo para quienes observaban el paso de la multitud desde los andenes y balcones.
Los organizadores describieron la jornada como un movimiento ciudadano, apolítico y no denominacional, cuyo propósito fue recordar que la fe también puede ocupar el espacio público como una expresión de esperanza y servicio a la sociedad. Para esta edición se esperaba una participación superior a la de años anteriores, con presencia en cerca de 700 ciudades y municipios del país.
Al caer la tarde, mientras las columnas de marchantes se dispersaban lentamente, quedaba la imagen de un país que, por unas horas, decidió caminar al mismo ritmo. En un momento marcado por desafíos sociales, económicos y políticos, miles de colombianos optaron por responder con oración, música y un mensaje de fe.
La Marcha para Jesús volvió así a demostrar que, más allá de las cifras de asistencia, continúa consolidándose como una de las manifestaciones religiosas más multitudinarias de Colombia, donde la esperanza fue, una vez más, la protagonista de la jornada.
Todo se cerró con el Bogotá Gospel
El momento culminante de la jornada se vivió en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, donde miles de marchantes confluyeron tras recorrer las principales vías de la capital. Allí, la Marcha para Jesús encontró un escenario de celebración con Bogotá Góspel 2026, el tradicional concierto del Festival de Verano que este año se articuló con la movilización nacional para convertir el parque en un gran espacio de adoración, música y unidad.
Durante cerca de ocho horas, el escenario reunió a reconocidos artistas de la música cristiana como Miel San Marcos (Guatemala), Alex Zurdo (Puerto Rico), Rescate (Argentina), Cales Louima, además de agrupaciones colombianas como Avivamiento, One 4 All, Vasija de Barro, Rapha y Diana Paipa. Cada presentación estuvo acompañada por mensajes de esperanza, reconciliación y fe, en un ambiente familiar que congregó a creyentes de diferentes iglesias y generaciones.
La unión entre la Marcha para Jesús y Bogotá Góspel convirtió el cierre de la jornada en una verdadera fiesta de la fe. Lo que comenzó como una caminata por las calles de la capital terminó con miles de voces elevando alabanzas al unísono, reafirmando el propósito de los organizadores: hacer visible un mensaje de paz, amor y reconciliación para Colombia. La Plaza de Eventos del Parque Simón Bolívar se transformó así en un inmenso templo al aire libre, donde la música sirvió como lenguaje común para celebrar la esperanza y la unidad del pueblo creyente.
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