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Estados Unidos logra capturar a Nicolás Maduro, el fin del régimen en Venezuela

Oficialmente conocida como 1st Special Forces Operational Detachment-Delta, esta fuerza de élite del Ejército de Estados Unidos fue señalada por la cadena CBS News como la responsable de la operación que derivó en la captura de Maduro y su esposa.

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Caracas no durmió. O, al menos, no después de las 2 de la madrugada de este sábado 3 de enero. A esa hora comenzaron a sentirse explosiones en distintos puntos del área metropolitana. No fue una sola, fueron varias detonaciones, lo suficientemente espaciadas como para sembrar la duda, y lo suficientemente fuertes como para disiparla.

Las explosiones, secas y profundas, se escucharon en zonas alejadas entre sí, como si alguien hubiera decidido marcar el territorio con fuego. Algo estaba ocurriendo. Explosiones seguidas de columnas de humo e incendios tuvieron como objetivo Fuerte Tiuna, el complejo militar más grande de Venezuela, sede del Ministerio de Defensa y la Academia Militar. De gran tamaño, alberga no solo instalaciones militares, sino también viviendas urbanas para tropas, donde viven miles de familias.

Tras las primeras horas de la mañana, los puntos iidentificados de los bombardeos, en Venezuela, fueron La Guaira, La Carlota, Fuerte Tiuna e Higuerote. Los residentes huyeron de la zona a primera hora de la mañana con maletas y bolsos. “Casi nos matan”, dijo una mujer en la huida. Se escucharon otras explosiones cerca del complejo aeronáutico La Carlota, un aeropuerto militar y privado, en el este de Caracas.

Tres horas más tarde, cuando el cielo empezaba a aclarar y las redes sociales hervían de videos borrosos y mensajes contradictorios, llegó la confirmación desde Washington. Donald Trump publicó un breve mensaje en su red social, Truth, en el que aseguró que se trataba de un “ataque a gran escala” ordenado por él mismo. Prometió ampliar la información a las once de la mañana, pero la noticia ya estaba lanzada al mundo: Estados Unidos había atacado bases militares en Venezuela.

Mientras Caracas intentaba recomponerse del sobresalto, fue el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien aportó los primeros detalles concretos. En una publicación en redes sociales enumeró los lugares que, según su información, habían sido bombardeados. Entre ellos figuraba el Cuartel de la Montaña, en el oeste de la capital, una instalación militar que alberga el mausoleo de Hugo Chávez y que para el chavismo tiene un valor simbólico casi sagrado.

En la lista también aparecían el Palacio Federal Legislativo, varios aeropuertos y al menos cuatro bases militares. Petro añadió otro dato: el centro urbano de Caracas se había quedado sin suministro eléctrico.

https://twitter.com/daninewball/status/2007455425109647836

La oscuridad, literal y política, se extendía por la ciudad cuando comenzó a circular la pregunta: ¿dónde está Maduro? La respuesta llegó, de nuevo, desde la cuenta de Trump. El presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, habían sido “capturados” y estaban siendo trasladados “fuera del país”. El mensaje, escueto y sin detalles, cayó como una bomba adicional sobre un país ya en shock. Minutos después, la vicepresidenta Delcy Rodríguez reaccionó exigiendo una “prueba de vida” que confirmara que Maduro y Flores no habían sido asesinados durante la operación.

Hasta ese momento, la información oficial que emanaba de Caracas apuntaba en otra dirección. Antes de conocerse la supuesta captura, el Gobierno venezolano había decretado el estado de emergencia y llamado a la población a defender el país mediante la “lucha armada”. En un comunicado difundido por canales oficiales, las autoridades aseguraron que Maduro había firmado y ordenado la implementación de un decreto que declaraba el estado de conmoción exterior en todo el territorio nacional.

El texto, redactado en tono marcial, afirmaba que la medida buscaba “proteger los derechos de la población” y garantizar “el funcionamiento pleno de las instituciones republicanas”, al tiempo que convocaba a pasar “de inmediato a la lucha armada”. “Todo el país debe activarse para derrotar esta agresión imperialista”, añadía la nota, que no precisaba si los bombardeos habían dejado víctimas mortales.

Según ese mismo comunicado, los ataques se habían registrado en localidades de los estados Miranda, Aragua y La Guaira, además de la capital. El Gobierno anunció el “despliegue del comando para la defensa integral de la nación” y atribuyó a Estados Unidos un objetivo claro: apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, “en particular del petróleo y minerales”.

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Oficialmente conocida como 1st Special Forces Operational Detachment-Delta, esta fuerza de élite del Ejército de Estados Unidos fue señalada por la cadena CBS News como la responsable de la operación que derivó en la captura de Maduro y su esposa. Especializada en misiones antiterroristas de alto riesgo, la Fuerza Delta del Ejército estadounidense es una de las unidades más secretas y letales del mundo.

Pocas unidades militares concentran tanto hermetismo como la Delta Force. Aunque su nombre rara vez aparece en comunicados oficiales, la Fuerza Delta está diseñada precisamente para este tipo de misiones: operaciones rápidas, quirúrgicas y de alto impacto, ejecutadas fuera del foco público y, en muchos casos, en territorio extranjero. La unidad está entrenada para ejecutar acciones de lo que el propio Ejército estadounidense define como “guerra no convencional”: operaciones que no responden a los esquemas clásicos de enfrentamiento militar y que combinan sigilo, tecnología avanzada, inteligencia previa y capacidad de despliegue inmediato.

El historial operativo de la Fuerza Delta da cuenta de ese perfil. Uno de sus episodios más conocidos ocurrió en octubre de 2019, cuando fue la unidad encargada de la operación que terminó con la muerte de Abu Bakr al Baghdadi, entonces líder del Estado Islámico. Su participación en Venezuela confirma el nivel estratégico que Washington atribuyó a la operación.

En ese clima de tensión, horas después de las explosiones, apareció en escena Diosdado Cabello. El número dos del chavismo y ministro del Interior difundió un video en el que se le veía recorriendo calles de Caracas con chaleco antibalas, casco y escolta policial. El mensaje era breve, casi tranquilizador: aseguró que estaban “desplegados”, llamó a la calma y pidió confianza para “atravesar esta situación”. La imagen contrastaba con el vacío informativo sobre el paradero del presidente y alimentaba aún más la incertidumbre.

Del lado de la oposición venezolana, fuentes cercanas a sectores opositores en el exilio señalaron a primera hora de la mañana que no harían comentarios inmediatos sobre la agresión militar y que preferían esperar a contar con más información confirmada. La portavocía oficial de María Corina Machado y de Edmundo González Urrutia se limitó a señalar que no existía, por el momento, un pronunciamiento oficial sobre los hechos reportados en Venezuela.

Desde Estados Unidos, Pam Bondi, fiscal General, anunció que Maduro y su esposa Flores fueron imputados en el Distrito Sur de Nueva York. En el caso de Maduro, fue acusado de conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, y conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos contra Estados Unidos.

Sobre las diez de la mañana, Trump entregó los primeros detalles a la cadena estadounidense Fox News: Maduro fue capturado en un lugar “más parecido a una fortaleza que a una casa” con acero sólido por todas partes, la operación se iba a desarrollar cuatro días atrás, “pero el clima no era perfecto”, ningún soldado estadounidense murió pero hubo un par de militares que “resultaron heridos, pero regresaron y se supone que están en bastante buen estado”, Maduro y Flores están siendo trasladados a Nueva York en helicóptero y barco.

El presidente también declaró que siguió la captura de Maduro y su esposa durante la noche “literalmente como si estuviera viendo un show televisivo”. “Si hubieran visto la velocidad, la violencia, fue algo increíble”, dijo.

Mientras dentro del país reinaba la confusión, en el exterior se multiplicaban las reacciones. Gustavo Petro condenó la agresión estadounidense, exhortó a “todas las partes involucradas” a contener la escalada y reclamó una reunión urgente de la ONU. El Gobierno colombiano reforzó además la seguridad en la frontera con Venezuela, ante la posibilidad de una llegada masiva de refugiados.

La condena también llegó desde Teherán y La Habana. El régimen iraní y el Gobierno cubano reaccionaron con dureza y exigieron una respuesta “urgente” de la comunidad internacional frente a lo ocurrido. En Chile, el presidente saliente Gabriel Boric expresó su “preocupación y condena” por las acciones militares de Estados Unidos.

En contraste, desde Buenos Aires llegó un mensaje de signo opuesto. El presidente argentino, Javier Milei, celebró el ataque y la captura de Maduro con una publicación escueta en X: “La libertad avanza. Viva la libertad, carajo”. La frase, breve y enfática, sintetizaba la lectura de un sector de gobiernos que veían en los hechos una oportunidad de cambio político en Venezuela.

Rusia, aliado histórico del chavismo, condenó la “agresión militar” de Estados Unidos y llamó al diálogo. En un comunicado, el Kremlin subrayó que, en la situación actual, era crucial evitar una mayor escalada y concentrarse en encontrar una salida negociada.

Desde Europa, las reacciones buscaron un equilibrio difícil. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, publicó un mensaje en el que apeló a “la desescalada y a la responsabilidad”, insistiendo en el respeto al derecho internacional y a la Carta de Naciones Unidas. Aseguró además que tanto la embajada como los consulados de España en Venezuela seguían operativos. El Ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido por José Manuel Albares, reforzó ese mensaje con un comunicado en el que instó a la moderación y ofreció los “buenos oficios” de España para una solución pacífica y negociada.

El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, optó por una declaración más contenida. Afirmó seguir “con atención” la situación en Venezuela y evitó referirse de manera directa al ataque estadounidense. Su comunicado se centró en denunciar la “férrea dictadura” que, según dijo, ha sufrido el país y en reclamar una transición democrática bajo el liderazgo de Edmundo González y María Corina Machado.

En el ámbito comunitario, la alta representante de la Unión Europea para Política Exterior y Seguridad, Kaja Kallas, pidió respeto al derecho internacional y reiteró que, a juicio de la UE, Maduro carece de legitimidad. Tras hablar con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, Kallas evitó mencionar explícitamente los bombardeos y la captura del mandatario venezolano. En un mensaje en redes sociales, recordó que la Unión Europea ha defendido reiteradamente una transición pacífica y llamó a la moderación en todas las circunstancias.

Estados Unidos, al igual que parte de la comunidad internacional, no reconoce la legitimidad de Maduro para presidir Venezuela. Tras la violenta represión de las manifestaciones que siguieron a su primera elección, en 2013, Estados Unidos sancionó a varios altos cargos del país por violaciones de los derechos humanos. Washington también calificó de “ilegítima” su reelección en 2018 y, posteriormente, la de 2024, que la oposición asegura haber ganado. Entre 2019 y 2023, Estados Unidos, seguido por unos sesenta países, llegó incluso a reconocer al opositor Juan Guaidó como “presidente interino”, lo que provocó la ruptura de relaciones diplomáticas por parte de Caracas.

Trump hizo campaña, tanto en su primer mandato como en este segundo, en contra del intervencionismo estadounidense más allá de sus fronteras. A su juicio, mandar miles de soldados y gastarse miles de millones de dólares en la invasión y luego la reconstrucción de un país, como sucedió en Afganistán o Irak, es una estrategia de “perdedores”.

Por ello, promueve más bien operaciones puntuales, en las que las fuerzas armadas puedan demostrar su capacidad de destruir o capturar objetivos clave, para acto seguido retirarse proclamando victoria.

Así, mientras avanza la mañana y Trump se prepara para dar más detalles sobre la operación, Venezuela seguía suspendida en un estado de excepción de facto. Con su presidente capturado y trasladado fuera del país, con llamados oficiales a la lucha armada y con la capital parcialmente a oscuras, el país entraba en un territorio desconocido. La madrugada de las explosiones abrió un capítulo decisivo cuyo desarrollo, como advertían ya algunos gobiernos y analistas, dependerá de lo que ocurra en las próximas horas.

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Fueron 120 segundos de horror en Colombia

La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.

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Un registro instrumental de entre 90 segundos y dos minutos en las estaciones más cercanas al epicentro fue el balance técnico de tiempo entregado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC) de la duración del fuerte terremoto de magnitud 7.4 ocurrido en la mañana de este lunes 10 de agosto, cuyo epicentro se localizó en San José del Palmar, Chocó.

La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.

Ante la disparidad de testimonios de la población sobre la percepción del tiempo de la sacudida, la entidad especializada aclaró que la duración de un temblor abarca tres conceptos técnicos importantes e independientes: el tiempo percibido por los habitantes, el tiempo registrado por la instrumentación y la duración exacta del movimiento en la falla de origen.

El reporte técnico del Servicio Geológico Colombiano (SGC) señaló a través de la publicación que los sismómetros monitorean hasta movimientos del suelo imperceptibles para las personas.

Por esta razón, mientras la población puede percibir una sacudida durante contados segundos, las estaciones de monitoreo captan las ondas durante varios minutos. De acuerdo con el SGC, “en Colombia todos los días ocurren sismos que nuestros instrumentos detectan, pero que nosotros no sentimos”.

En el evento reportado este lunes en San José del Palmar, la red de monitoreo registró un rango de movimiento significativo que fluctuó entre un minuto y medio y dos minutos en las zonas inmediatas al epicentro, es decir, el resto de lugares afectados.

Respecto a la sensación individual de los ciudadanos —algunos de los cuales afirmaron haber sentido el temblor durante mayor o menor tiempo—, la institución explicó que la percepción no es uniforme. Esta variación depende de la distancia al hipocentro (el punto interior de la Tierra donde inicia la ruptura), la tipología de las edificaciones y las condiciones topográficas y geológicas del suelo.

El tipo de terreno desempeña un rol determinante en la propagación sísmica. En superficies compuestas por rocas rígidas, las ondas tienden a amplificarse en menor medida. Por el contrario, los suelos blandos presentan una tendencia a amplificar las ondas, prolongando el movimiento percibido.

La entidad concluyó que la respuesta a la pregunta “¿cuánto duró el sismo?” depende de si la evaluación se realiza desde la duración percibida por la población, la registrada por los instrumentos de medición o la ocurrida en la fuente sísmica.

De acuerdo con el más reciente balance oficial emitido por las autoridades nacionales, la emergencia deja de manera preliminar 111 personas fallecidas, 87 heridos y más de 100 desaparecidos, con las mayores afectaciones concentradas en los departamentos del Eje Cafetero, Valle del Cauca y Chocó.

¿Cuánto tiempo duró el sismo del 10 de agosto en Colombia según el registro oficial?

Las estaciones de monitoreo del Servicio Geológico Colombiano (SGC) más cercanas al epicentro en San José del Palmar, Chocó, registraron entre 90 segundos y 2 minutos (de 1:30 a 2:00 minutos) de movimiento significativo.

¿Por qué algunas personas sintieron el temblor más largo o más corto que otras?

La percepción individual de la duración varía según la distancia al hipocentro, el tipo de edificación y las condiciones del suelo donde se encuentre cada persona. Los suelos blandos suelen amplificar la vibración y hacer que se sienta por más tiempo, mientras que las rocas rígidas amortiguan el movimiento.

¿Cuál es la diferencia entre la duración percibida y la duración instrumental de un temblor?

La duración percibida es el tiempo durante el cual un ser humano alcanza a sentir la sacudida, mientras que la duración instrumental mide el tiempo total en que los sismómetros captan las ondas. Como los equipos detectan vibraciones imperceptibles para las personas, el registro instrumental suele ser considerablemente más largo.

¿El Servicio Geológico Colombiano puede predecir cuánto va a durar un temblor antes de que ocurra?

No. Ni la duración, ni la magnitud, ni la hora exacta de un sismo se pueden predecir. El SGC únicamente puede calcular la duración de las ondas e informarla una vez que los instrumentos de monitoreo han registrado el evento en tiempo real.

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Abelardo de la Espriella toma posesión como nuevo presidente de Colombia

El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.

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Cali amaneció el 7 de agosto con algo más que el acostumbrado movimiento de una ciudad acostumbrada a las grandes jornadas. Esta vez, la capital del Valle del Cauca tenía sobre sus hombros una responsabilidad que durante más de un siglo había pertenecido a Bogotá: recibir la ceremonia de posesión de un presidente de Colombia.

La protagonista era una figura que pocos años atrás parecía destinada a los escenarios jurídicos y mediáticos y que ahora llegaba al corazón del poder nacional: Abelardo de la Espriella.

La ceremonia rompió una tradición republicana de más de cien años. La Arena USC, en la Universidad Santiago de Cali, reemplazó a la tradicional Plaza de Bolívar como escenario del acto solemne. Allí se congregaron cerca de 2.300 personas entre congresistas, empresarios, dirigentes políticos, representantes gremiales y delegaciones internacionales.

Pero la escogencia de Cali no fue simplemente un cambio de dirección en la invitación presidencial. Desde la campaña, De la Espriella había insistido en que quería llevar la posesión a una región distinta de Bogotá y, originalmente, había planteado hacerlo en una guarnición militar. La propuesta provocó un enfrentamiento con el entonces presidente Gustavo Petro, quien se opuso a utilizar instalaciones militares para la ceremonia. Finalmente, el nuevo mandatario trasladó el acto a un escenario civil, aunque mantuvo un fuerte componente militar en la jornada.

Una alfombra roja para el nuevo poder

Pasadas las cuatro de la tarde, la Arena USC comenzó a convertirse en el retrato de la nueva Colombia que De la Espriella había prometido durante su campaña.

Por la alfombra roja desfilaron presidentes, expresidentes, dirigentes políticos y representantes internacionales. El rey Felipe VI de España estuvo entre los invitados, acompañado por mandatarios como Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; José Antonio Kast, de Chile; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; Nasry Asfura, de Honduras, y Laura Fernández, de Costa Rica.

También estuvieron expresidentes colombianos como Álvaro Uribe, Iván Duque y Andrés Pastrana.

Hubo, sin embargo, ausencias que no pasaron inadvertidas.

El presidente saliente, Gustavo Petro, no estuvo presente. Tampoco fueron invitados los expresidentes Juan Manuel Santos y Ernesto Samper. Y en el Congreso, la bancada del Pacto Histórico no asistió al acto, aunque sí se logró el quórum necesario para realizar la ceremonia constitucional.

La escena dejaba así una imagen difícil de ignorar: mientras unos llegaban para acompañar el nacimiento del nuevo Gobierno, otros escogían no estar allí.

El juramento

A las 4:22 de la tarde llegó el momento que había esperado buena parte del país.

Abelardo de la Espriella juró ante el Congreso de la República y recibió la banda presidencial de manos del presidente del Senado, Honorio Henríquez. Con ese acto, asumió oficialmente como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030.

A su lado estaba su familia.

El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.

Y entonces comenzó el discurso.

“El tigre ha llegado

Si había una frase que resumía el tono del nuevo mandatario, probablemente era aquella que pronunció ante las Fuerzas Militares: “El tigre ha llegado”.

De la Espriella anunció una política de mano firme frente al narcotráfico, el terrorismo y las organizaciones criminales. Ordenó a las Fuerzas Militares y a la Policía combatir las estructuras delincuenciales y advirtió que quienes persistieran en el delito tendrían que someterse a la ley o enfrentar la respuesta del Estado.

La seguridad ocupó, de esta manera, un lugar central desde el primer discurso presidencial.

Pero hubo otro mensaje que buscó ampliar el alcance de su llegada al poder. De la Espriella afirmó que sería el presidente de todos los colombianos, incluso de aquellos que no votaron por él.

Era una declaración importante para un país que llegó a las elecciones profundamente dividido y que ahora comenzaba un nuevo capítulo político.

Fe, música y política

La ceremonia también tuvo momentos que se alejaron del protocolo estrictamente político.

Hubo un espacio de oración con la participación del rabino David Michaan, el pastor Eduardo Cañas Estrada y el sacerdote Francisco Javier Múnera Correa. La cantante Maía interpretó Aleluya, mientras en el recinto se mezclaban símbolos religiosos, música y solemnidad institucional.

El mensaje parecía claro: el nuevo Gobierno quería construir su identidad también desde los símbolos.

Y esa identidad estuvo presente en prácticamente cada detalle de la jornada.

De la Arena a los cuarteles

La ceremonia había terminado, pero la jornada presidencial todavía tenía una escena por contar.

Después del acto formal de posesión en la Arena USC, De la Espriella se trasladó al Cantón Militar Pichincha, en Cali, donde las Fuerzas Militares le rindieron honores como nuevo comandante supremo.

Fue allí donde pronunció su primer discurso dirigido directamente a la Fuerza Pública y donde reforzó su mensaje de autoridad y lucha contra las organizaciones criminales.

Era, en cierta forma, la imagen que había buscado desde el comienzo: una posesión fuera de Bogotá, pero profundamente ligada a Cali y a las Fuerzas Militares.

El primer día de un Gobierno que promete mano firme

La posesión no fue únicamente una ceremonia protocolaria.

Fue el primer capítulo de un Gobierno que llega con una promesa contundente: recuperar el orden, fortalecer la autoridad del Estado y enfrentar al crimen organizado.

Y el nuevo presidente quiso demostrarlo desde las primeras horas.

Ese mismo día comenzó a ejecutar una de sus primeras decisiones en materia de seguridad: el traslado de 117 internos vinculados a estructuras criminales y procesos relacionados con las negociaciones de paz hacia establecimientos penitenciarios de máxima seguridad.

Así, entre la banda presidencial, los himnos, los invitados internacionales, las oraciones, los aplausos y las ceremonias militares, Colombia comenzó oficialmente una nueva etapa.

Una etapa que tendrá como escenario un país todavía polarizado, una economía con enormes desafíos, regiones que reclaman mayor presencia del Estado y una ciudadanía que espera resultados.

Cali puso el escenario.

La Arena USC recibió al nuevo presidente.

Las Fuerzas Militares recibieron al nuevo comandante.

Y Colombia, desde ese 7 de agosto, comenzó a preguntarse qué significarán realmente para el país las palabras con las que Abelardo de la Espriella inauguró su mandato: orden, autoridad y libertad.

Ahora ya no hay campaña.

Ya no hay discursos de candidato.

Ya no hay promesas desde una tarima electoral.

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Colombia fue una nación que caminó unida por la fe en la multitudinaria Marcha para Jesús

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Las calles de Colombia cambiaron de rostro este domingo 2 de agosto. Allí donde habitualmente se escuchan los motores, las consignas políticas o el bullicio cotidiano, esta vez fueron los cánticos de alabanza, las oraciones y las banderas blancas las que marcaron el paso de cientos de miles de creyentes que participaron en la Gran Marcha para Jesús 2026.

Desde las primeras horas de la tarde, familias enteras comenzaron a reunirse en parques, avenidas y plazas principales de ciudades y municipios. Niños sobre los hombros de sus padres, jóvenes portando pancartas con mensajes de esperanza y adultos mayores caminando con serenidad hicieron parte de una movilización que, según sus organizadores, se desarrolló de manera simultánea en los 32 departamentos del país y en centenares de ciudades y municipios. 

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No hubo colores partidistas ni discursos electorales. La consigna fue una sola: exaltar el nombre de Jesús y elevar una oración colectiva por Colombia. Católicos, iglesias evangélicas, comunidades protestantes y creyentes de distintas denominaciones compartieron un mismo recorrido, dejando a un lado las diferencias doctrinales para enviar un mensaje de unidad, reconciliación y paz. 

En Bogotá, miles de participantes caminaron hasta el Parque Simón Bolívar, donde la jornada concluyó con música cristiana, momentos de oración y mensajes de esperanza. Escenas similares se vivieron en Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Pereira y decenas de municipios, donde las calles se transformaron en un gran templo al aire libre. 

La movilización transcurrió de manera pacífica. En lugar de reclamos o confrontaciones, predominó el ambiente familiar. Hubo abrazos entre desconocidos, cantos compartidos y palabras de ánimo para quienes observaban el paso de la multitud desde los andenes y balcones.

Los organizadores describieron la jornada como un movimiento ciudadano, apolítico y no denominacional, cuyo propósito fue recordar que la fe también puede ocupar el espacio público como una expresión de esperanza y servicio a la sociedad. Para esta edición se esperaba una participación superior a la de años anteriores, con presencia en cerca de 700 ciudades y municipios del país. 

Al caer la tarde, mientras las columnas de marchantes se dispersaban lentamente, quedaba la imagen de un país que, por unas horas, decidió caminar al mismo ritmo. En un momento marcado por desafíos sociales, económicos y políticos, miles de colombianos optaron por responder con oración, música y un mensaje de fe.

La Marcha para Jesús volvió así a demostrar que, más allá de las cifras de asistencia, continúa consolidándose como una de las manifestaciones religiosas más multitudinarias de Colombia, donde la esperanza fue, una vez más, la protagonista de la jornada. 

Todo se cerró con el Bogotá Gospel

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El momento culminante de la jornada se vivió en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, donde miles de marchantes confluyeron tras recorrer las principales vías de la capital. Allí, la Marcha para Jesús encontró un escenario de celebración con Bogotá Góspel 2026, el tradicional concierto del Festival de Verano que este año se articuló con la movilización nacional para convertir el parque en un gran espacio de adoración, música y unidad. 

Durante cerca de ocho horas, el escenario reunió a reconocidos artistas de la música cristiana como Miel San Marcos (Guatemala), Alex Zurdo (Puerto Rico), Rescate (Argentina), Cales Louima, además de agrupaciones colombianas como Avivamiento, One 4 All, Vasija de Barro, Rapha y Diana Paipa. Cada presentación estuvo acompañada por mensajes de esperanza, reconciliación y fe, en un ambiente familiar que congregó a creyentes de diferentes iglesias y generaciones. 

La unión entre la Marcha para Jesús y Bogotá Góspel convirtió el cierre de la jornada en una verdadera fiesta de la fe. Lo que comenzó como una caminata por las calles de la capital terminó con miles de voces elevando alabanzas al unísono, reafirmando el propósito de los organizadores: hacer visible un mensaje de paz, amor y reconciliación para Colombia. La Plaza de Eventos del Parque Simón Bolívar se transformó así en un inmenso templo al aire libre, donde la música sirvió como lenguaje común para celebrar la esperanza y la unidad del pueblo creyente. 

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