Nacional
Jennifer Pedraza muestra su determinación en ejercer control político desde el Congreso
Por las denuncias de Pedraza se evidenció la manipulación en la compra y venta de títulos en la Fundación de Educación Superior San José.
Jennifer Pedraza, una de las más fuertes contendoras y críticas del gobierno de Gustavo Petro, hoy está segura de que en estos cuatro años seguirá con una de sus banderas determinantes: el control político.
Desde su fuerte ofensiva contra el mal manejo de la salud por parte del ministro Guillermo Alfonso Jaramillo —a quien, durante la semana pasada, le instauró una moción de censura junto con otros 22 congresistas— hasta sus directos cuestionamientos contra la casi viceministra de Juventudes Juliana Guerrero, es una de las mujeres que más ha hecho el contrapeso en el Congreso a, según su criterio, el mal manejo de este gobierno.
Es más, justamente por las denuncias de Pedraza se evidenció la manipulación en la compra y venta de títulos en la Fundación de Educación Superior San José.
Tanta fue su ofensiva que, por este caso, Guerrero (muy cercana al Presidente y al ministro del Interior, Armando Benedetti) interpuso una denuncia contra la electa senadora por calumnia, luego de que Pedraza revelara que los títulos de Guerrero eran falsos. Sin embargo, la semana pasada, la Corte Suprema de Justicia decidió archivar la querella entre ambas.
En esta entrevista con EL COLOMBIANO, Pedraza habló sobre su nuevo enfoque y ahora desde el Senado, su bastión de control político que no piensa soltar. Además, su próximo reto: ser la jefa de debate de Sergio Fajardo en esta nueva candidatura a la Presidencia.
Ahora que queda electa como senadora, ¿cómo continuará su agenda? ¿cuáles van a ser esas nuevas propuestas ya desde el Senado?
“Nosotras en campaña alcanzamos a hablar un poco de lo que tenemos preparado para esta conversación ahora desde el Senado. Propondré proyectos de ley muy importantes a nuestro parecer.
Uno que tiene que ver con la restricción de acceso a eventos masivos pagos como conciertos y partidos de fútbol para los deudores de cuota alimentaria.
Y esto pasa por el fortalecimiento del RENOM (Registro de deudores alimentarios morosos). Vamos a presentar una iniciativa legislativa que ya ha funcionado en países como México, Perú y Argentina.
Dos, precisamente la semana pasada que anunciaron que a Wadith Mazur lo van a mandar al centro de reclusión de la Escuela de Carabineros, nosotros queremos reglamentar en el Congreso la eliminación de los tratos privilegiados y preferenciales para los políticos condenados por corrupción.
Es decir, estos grandes criminales de cuello blanco tienen que pagar prisión, cumplir sus penas en las condiciones normales en las que los demás colombianos tienen que cumplirlas.
Otra propuesta que tenemos tiene que ver con el sistema de salud. Si bien esta es una curul joven, si bien esto suena como un tema menor, nosotros no hemos podido guardar silencio.
De hecho, cuando llegan las personas mayores a decirnos que, para que les entreguen un medicamento, los ponen a escanear los QR, los ponen en líneas de espera, nosotros queremos que se esté obligado, al menos, a un canal de atención humana, especialmente a las personas mayores”.
¿Y la veeduría política?
“Si me preguntan honestamente qué es lo que voy a hacer ahora en el Senado, sería seguir haciendo lo que hemos hecho, que es destapar los escándalos de corrupción, perseguir el ánimo de la corrupción en las universidades.
Una ñapa, para que también suene en Antioquia. Nosotros acabamos de defender y de mantener la personería jurídica de nuestro partido.
Y a mí me interesa decirles a los sectores alternativos en Antioquia, que no se sienten representados ni en las fuerzas del pasado, ni en los empeños de siempre, ni en el gobierno actual, que aquí hay una alternativa para construir política, dignidad y compromiso. Este es un partido que acaba de defender a capa y espada su personería jurídica”.
Ahora que habla del centro, y a partir de la alianza entre Dignidad y Compromiso, el MIRA y el Nuevo Liberalismo, y de esa curul suya que estuvo en “veremos”, se habló mucho del hecho de que un perfil como el suyo estuviera al lado del MIRA…
“Absolutamente. Yo vine a la coalición y lo dije públicamente. Precisamente por eso, si nosotros queremos como partido representar otras alternativas, vamos a tener que fortalecernos para poder llegar y representar un mensaje político mucho más claro a los ciudadanos en las futuras elecciones”.
Y sobre todo ahora que va a ser jefe de debate de Sergio Fajardo, ¿por qué tomó esa decisión?
“Porque me interesa incidir en la candidatura. Primero, porque Sergio Fajardo para mí es el presidente que se merece Colombia. Ahorita nos quieren meter la idea de que tenemos que elegir entre el uribismo y el petrismo.
Desde mi perspectiva, no se reduce en esos dos nombres la historia política de Colombia, ni mucho menos el futuro de Colombia. En ese sentido, para mí es un honor ser jefe de debate de la candidatura presidencial de Fajardo e incidir en unos retos.
Por ejemplo, cómo posicionar las agendas de defensa de los derechos de las mujeres en la candidatura presidencial. Cómo posicionar las agendas que tienen que ver con la defensa de los niños y las niñas, de los derechos de la infancia y de la adolescencia, la agenda de educación, de ciencia y de tecnología.
Y quizás el mayor reto tiene que ver con que los dos estilos, el de Fajardo y el mío, son muy diferentes entre sí; creo que ahí puede estar la riqueza de esta conversación.
Obviamente, yo soy una persona muy emocionada, muy contundente en mis afirmaciones; espero que ese tono también pueda contribuir a la campaña”.
Ahora que muchas personas dicen que el centro está debilitado, ¿usted cómo lo ve?
“A mí en general no me gusta ni siquiera esa categoría del centro”.
Entonces, para usted, ¿qué es el centro?
“Nosotros estamos en la lucha por ampliar esta candidatura presidencial, para que no sea solo para quienes se denominan de centro.
Hablamos en modo mayoría, porque en nuestra conversación nosotros queremos invitar a personas que se sienten de izquierda, que se sienten un poco más de derecha, que se sienten de centro o que no se identifiquen con ninguna parte del espectro político, a que vean en esta candidatura la alternativa.
Sí pienso que estamos en un momento crítico, pero no diría solo del centro, sino de la política honesta. Acaban de meter a la cárcel a un montón de congresistas, un montón de gente con la que yo compartí tres años, y que increíblemente son personas que se habían reelegido al Congreso. Entonces, para mí lo que nosotros estamos enfrentando aquí es una forma mafiosa de hacer política”.
En cuanto al caso de Juliana Guerrero y la Fundación Universitaria San José, se sabe que no se ha presentado en dos ocasiones y esta semana es la tercera oportunidad; ¿será esta la vencida?
“Nosotros esperamos que la Fiscalía tenga en cuenta nuestra petición de privación de la libertad. Estamos apelando e intentando que la Fiscalía contemple una medida de aseguramiento contra Guerrero y Luis Carlos Gutiérrez, pero también vamos a insistir en que la investigación trascienda hacia los directivos de la Fundación Universitaria San José, que no se quede solamente en el secretario general”.
Nacional
Fueron 120 segundos de horror en Colombia
La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.
Un registro instrumental de entre 90 segundos y dos minutos en las estaciones más cercanas al epicentro fue el balance técnico de tiempo entregado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC) de la duración del fuerte terremoto de magnitud 7.4 ocurrido en la mañana de este lunes 10 de agosto, cuyo epicentro se localizó en San José del Palmar, Chocó.
La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.
Ante la disparidad de testimonios de la población sobre la percepción del tiempo de la sacudida, la entidad especializada aclaró que la duración de un temblor abarca tres conceptos técnicos importantes e independientes: el tiempo percibido por los habitantes, el tiempo registrado por la instrumentación y la duración exacta del movimiento en la falla de origen.
El reporte técnico del Servicio Geológico Colombiano (SGC) señaló a través de la publicación que los sismómetros monitorean hasta movimientos del suelo imperceptibles para las personas.
Por esta razón, mientras la población puede percibir una sacudida durante contados segundos, las estaciones de monitoreo captan las ondas durante varios minutos. De acuerdo con el SGC, “en Colombia todos los días ocurren sismos que nuestros instrumentos detectan, pero que nosotros no sentimos”.
En el evento reportado este lunes en San José del Palmar, la red de monitoreo registró un rango de movimiento significativo que fluctuó entre un minuto y medio y dos minutos en las zonas inmediatas al epicentro, es decir, el resto de lugares afectados.
Respecto a la sensación individual de los ciudadanos —algunos de los cuales afirmaron haber sentido el temblor durante mayor o menor tiempo—, la institución explicó que la percepción no es uniforme. Esta variación depende de la distancia al hipocentro (el punto interior de la Tierra donde inicia la ruptura), la tipología de las edificaciones y las condiciones topográficas y geológicas del suelo.
El tipo de terreno desempeña un rol determinante en la propagación sísmica. En superficies compuestas por rocas rígidas, las ondas tienden a amplificarse en menor medida. Por el contrario, los suelos blandos presentan una tendencia a amplificar las ondas, prolongando el movimiento percibido.
La entidad concluyó que la respuesta a la pregunta “¿cuánto duró el sismo?” depende de si la evaluación se realiza desde la duración percibida por la población, la registrada por los instrumentos de medición o la ocurrida en la fuente sísmica.
De acuerdo con el más reciente balance oficial emitido por las autoridades nacionales, la emergencia deja de manera preliminar 111 personas fallecidas, 87 heridos y más de 100 desaparecidos, con las mayores afectaciones concentradas en los departamentos del Eje Cafetero, Valle del Cauca y Chocó.
¿Cuánto tiempo duró el sismo del 10 de agosto en Colombia según el registro oficial?
Las estaciones de monitoreo del Servicio Geológico Colombiano (SGC) más cercanas al epicentro en San José del Palmar, Chocó, registraron entre 90 segundos y 2 minutos (de 1:30 a 2:00 minutos) de movimiento significativo.
¿Por qué algunas personas sintieron el temblor más largo o más corto que otras?
La percepción individual de la duración varía según la distancia al hipocentro, el tipo de edificación y las condiciones del suelo donde se encuentre cada persona. Los suelos blandos suelen amplificar la vibración y hacer que se sienta por más tiempo, mientras que las rocas rígidas amortiguan el movimiento.
¿Cuál es la diferencia entre la duración percibida y la duración instrumental de un temblor?
La duración percibida es el tiempo durante el cual un ser humano alcanza a sentir la sacudida, mientras que la duración instrumental mide el tiempo total en que los sismómetros captan las ondas. Como los equipos detectan vibraciones imperceptibles para las personas, el registro instrumental suele ser considerablemente más largo.
¿El Servicio Geológico Colombiano puede predecir cuánto va a durar un temblor antes de que ocurra?
No. Ni la duración, ni la magnitud, ni la hora exacta de un sismo se pueden predecir. El SGC únicamente puede calcular la duración de las ondas e informarla una vez que los instrumentos de monitoreo han registrado el evento en tiempo real.
Nacional
Abelardo de la Espriella toma posesión como nuevo presidente de Colombia
El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.
Cali amaneció el 7 de agosto con algo más que el acostumbrado movimiento de una ciudad acostumbrada a las grandes jornadas. Esta vez, la capital del Valle del Cauca tenía sobre sus hombros una responsabilidad que durante más de un siglo había pertenecido a Bogotá: recibir la ceremonia de posesión de un presidente de Colombia.
La protagonista era una figura que pocos años atrás parecía destinada a los escenarios jurídicos y mediáticos y que ahora llegaba al corazón del poder nacional: Abelardo de la Espriella.
La ceremonia rompió una tradición republicana de más de cien años. La Arena USC, en la Universidad Santiago de Cali, reemplazó a la tradicional Plaza de Bolívar como escenario del acto solemne. Allí se congregaron cerca de 2.300 personas entre congresistas, empresarios, dirigentes políticos, representantes gremiales y delegaciones internacionales.
Pero la escogencia de Cali no fue simplemente un cambio de dirección en la invitación presidencial. Desde la campaña, De la Espriella había insistido en que quería llevar la posesión a una región distinta de Bogotá y, originalmente, había planteado hacerlo en una guarnición militar. La propuesta provocó un enfrentamiento con el entonces presidente Gustavo Petro, quien se opuso a utilizar instalaciones militares para la ceremonia. Finalmente, el nuevo mandatario trasladó el acto a un escenario civil, aunque mantuvo un fuerte componente militar en la jornada.
Una alfombra roja para el nuevo poder
Pasadas las cuatro de la tarde, la Arena USC comenzó a convertirse en el retrato de la nueva Colombia que De la Espriella había prometido durante su campaña.
Por la alfombra roja desfilaron presidentes, expresidentes, dirigentes políticos y representantes internacionales. El rey Felipe VI de España estuvo entre los invitados, acompañado por mandatarios como Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; José Antonio Kast, de Chile; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; Nasry Asfura, de Honduras, y Laura Fernández, de Costa Rica.
También estuvieron expresidentes colombianos como Álvaro Uribe, Iván Duque y Andrés Pastrana.
Hubo, sin embargo, ausencias que no pasaron inadvertidas.
El presidente saliente, Gustavo Petro, no estuvo presente. Tampoco fueron invitados los expresidentes Juan Manuel Santos y Ernesto Samper. Y en el Congreso, la bancada del Pacto Histórico no asistió al acto, aunque sí se logró el quórum necesario para realizar la ceremonia constitucional.
La escena dejaba así una imagen difícil de ignorar: mientras unos llegaban para acompañar el nacimiento del nuevo Gobierno, otros escogían no estar allí.
El juramento
A las 4:22 de la tarde llegó el momento que había esperado buena parte del país.
Abelardo de la Espriella juró ante el Congreso de la República y recibió la banda presidencial de manos del presidente del Senado, Honorio Henríquez. Con ese acto, asumió oficialmente como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030.
A su lado estaba su familia.
El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.
Y entonces comenzó el discurso.
“El tigre ha llegado”
Si había una frase que resumía el tono del nuevo mandatario, probablemente era aquella que pronunció ante las Fuerzas Militares: “El tigre ha llegado”.
De la Espriella anunció una política de mano firme frente al narcotráfico, el terrorismo y las organizaciones criminales. Ordenó a las Fuerzas Militares y a la Policía combatir las estructuras delincuenciales y advirtió que quienes persistieran en el delito tendrían que someterse a la ley o enfrentar la respuesta del Estado.
La seguridad ocupó, de esta manera, un lugar central desde el primer discurso presidencial.
Pero hubo otro mensaje que buscó ampliar el alcance de su llegada al poder. De la Espriella afirmó que sería el presidente de todos los colombianos, incluso de aquellos que no votaron por él.
Era una declaración importante para un país que llegó a las elecciones profundamente dividido y que ahora comenzaba un nuevo capítulo político.
Fe, música y política
La ceremonia también tuvo momentos que se alejaron del protocolo estrictamente político.
Hubo un espacio de oración con la participación del rabino David Michaan, el pastor Eduardo Cañas Estrada y el sacerdote Francisco Javier Múnera Correa. La cantante Maía interpretó Aleluya, mientras en el recinto se mezclaban símbolos religiosos, música y solemnidad institucional.
El mensaje parecía claro: el nuevo Gobierno quería construir su identidad también desde los símbolos.
Y esa identidad estuvo presente en prácticamente cada detalle de la jornada.
De la Arena a los cuarteles
La ceremonia había terminado, pero la jornada presidencial todavía tenía una escena por contar.
Después del acto formal de posesión en la Arena USC, De la Espriella se trasladó al Cantón Militar Pichincha, en Cali, donde las Fuerzas Militares le rindieron honores como nuevo comandante supremo.
Fue allí donde pronunció su primer discurso dirigido directamente a la Fuerza Pública y donde reforzó su mensaje de autoridad y lucha contra las organizaciones criminales.
Era, en cierta forma, la imagen que había buscado desde el comienzo: una posesión fuera de Bogotá, pero profundamente ligada a Cali y a las Fuerzas Militares.
El primer día de un Gobierno que promete mano firme
La posesión no fue únicamente una ceremonia protocolaria.
Fue el primer capítulo de un Gobierno que llega con una promesa contundente: recuperar el orden, fortalecer la autoridad del Estado y enfrentar al crimen organizado.
Y el nuevo presidente quiso demostrarlo desde las primeras horas.
Ese mismo día comenzó a ejecutar una de sus primeras decisiones en materia de seguridad: el traslado de 117 internos vinculados a estructuras criminales y procesos relacionados con las negociaciones de paz hacia establecimientos penitenciarios de máxima seguridad.
Así, entre la banda presidencial, los himnos, los invitados internacionales, las oraciones, los aplausos y las ceremonias militares, Colombia comenzó oficialmente una nueva etapa.
Una etapa que tendrá como escenario un país todavía polarizado, una economía con enormes desafíos, regiones que reclaman mayor presencia del Estado y una ciudadanía que espera resultados.
Cali puso el escenario.
La Arena USC recibió al nuevo presidente.
Las Fuerzas Militares recibieron al nuevo comandante.
Y Colombia, desde ese 7 de agosto, comenzó a preguntarse qué significarán realmente para el país las palabras con las que Abelardo de la Espriella inauguró su mandato: orden, autoridad y libertad.
Ahora ya no hay campaña.
Ya no hay discursos de candidato.
Ya no hay promesas desde una tarima electoral.
Nacional
Colombia fue una nación que caminó unida por la fe en la multitudinaria Marcha para Jesús
Las calles de Colombia cambiaron de rostro este domingo 2 de agosto. Allí donde habitualmente se escuchan los motores, las consignas políticas o el bullicio cotidiano, esta vez fueron los cánticos de alabanza, las oraciones y las banderas blancas las que marcaron el paso de cientos de miles de creyentes que participaron en la Gran Marcha para Jesús 2026.
Desde las primeras horas de la tarde, familias enteras comenzaron a reunirse en parques, avenidas y plazas principales de ciudades y municipios. Niños sobre los hombros de sus padres, jóvenes portando pancartas con mensajes de esperanza y adultos mayores caminando con serenidad hicieron parte de una movilización que, según sus organizadores, se desarrolló de manera simultánea en los 32 departamentos del país y en centenares de ciudades y municipios.
No hubo colores partidistas ni discursos electorales. La consigna fue una sola: exaltar el nombre de Jesús y elevar una oración colectiva por Colombia. Católicos, iglesias evangélicas, comunidades protestantes y creyentes de distintas denominaciones compartieron un mismo recorrido, dejando a un lado las diferencias doctrinales para enviar un mensaje de unidad, reconciliación y paz.
En Bogotá, miles de participantes caminaron hasta el Parque Simón Bolívar, donde la jornada concluyó con música cristiana, momentos de oración y mensajes de esperanza. Escenas similares se vivieron en Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Pereira y decenas de municipios, donde las calles se transformaron en un gran templo al aire libre.
La movilización transcurrió de manera pacífica. En lugar de reclamos o confrontaciones, predominó el ambiente familiar. Hubo abrazos entre desconocidos, cantos compartidos y palabras de ánimo para quienes observaban el paso de la multitud desde los andenes y balcones.
Los organizadores describieron la jornada como un movimiento ciudadano, apolítico y no denominacional, cuyo propósito fue recordar que la fe también puede ocupar el espacio público como una expresión de esperanza y servicio a la sociedad. Para esta edición se esperaba una participación superior a la de años anteriores, con presencia en cerca de 700 ciudades y municipios del país.
Al caer la tarde, mientras las columnas de marchantes se dispersaban lentamente, quedaba la imagen de un país que, por unas horas, decidió caminar al mismo ritmo. En un momento marcado por desafíos sociales, económicos y políticos, miles de colombianos optaron por responder con oración, música y un mensaje de fe.
La Marcha para Jesús volvió así a demostrar que, más allá de las cifras de asistencia, continúa consolidándose como una de las manifestaciones religiosas más multitudinarias de Colombia, donde la esperanza fue, una vez más, la protagonista de la jornada.
Todo se cerró con el Bogotá Gospel
El momento culminante de la jornada se vivió en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, donde miles de marchantes confluyeron tras recorrer las principales vías de la capital. Allí, la Marcha para Jesús encontró un escenario de celebración con Bogotá Góspel 2026, el tradicional concierto del Festival de Verano que este año se articuló con la movilización nacional para convertir el parque en un gran espacio de adoración, música y unidad.
Durante cerca de ocho horas, el escenario reunió a reconocidos artistas de la música cristiana como Miel San Marcos (Guatemala), Alex Zurdo (Puerto Rico), Rescate (Argentina), Cales Louima, además de agrupaciones colombianas como Avivamiento, One 4 All, Vasija de Barro, Rapha y Diana Paipa. Cada presentación estuvo acompañada por mensajes de esperanza, reconciliación y fe, en un ambiente familiar que congregó a creyentes de diferentes iglesias y generaciones.
La unión entre la Marcha para Jesús y Bogotá Góspel convirtió el cierre de la jornada en una verdadera fiesta de la fe. Lo que comenzó como una caminata por las calles de la capital terminó con miles de voces elevando alabanzas al unísono, reafirmando el propósito de los organizadores: hacer visible un mensaje de paz, amor y reconciliación para Colombia. La Plaza de Eventos del Parque Simón Bolívar se transformó así en un inmenso templo al aire libre, donde la música sirvió como lenguaje común para celebrar la esperanza y la unidad del pueblo creyente.
-
Nacional4 años agoPetro anuncia que Gobierno manejará regulación de servicios públicos
-
Actualidad4 años agoEl Hotel el Dorado San Andrés, un lujo frente al mar 2023
-
Actualidad4 años agoIncendio consume taller de motos en San Andrés
-
Actualidad5 años agoEn la Comuna 13 de Medellín no cabe un turista más
-
Actualidad5 años agoProvigas plantea soluciones por alto precio del gas propano en San Andrés
-
Actualidad3 años agoMinistro de Transporte anuncia control de precios a tiquetes aéreos en Colombia
-
Actualidad4 años agoIngleses y «gringos» se repartieron los puntos en Catar
-
Actualidad4 años agoLista la terna para la designación del Alcalde de Medellín
