Opinión
Ni Una Mas
Por: Ashly Fontalvo Manuel-Columna para Radio Seaflower
CRecientemente se destaparon unos casos de acoso sexual que vincularon a 2 prestigiosos y reconocidos periodista de la empresa Cadena Radial Colombiana de Televisión, en donde algunas mujeres practicantes y periodistas decidieron armarse de valor y denunciar cada una su propio caso.
Gracias a Dios he tenido la oportunidad de estudiar y profesionalizarme como comunicadora social y periodista, especializada en gestión de la comunicación social y durante mis practicas no tuve ningún inconveniente con este tipo de situaciones, tampoco en las empresas donde he laborado, pero eso no me hace ver a otro lado y si opinar sobre lo que les pasa a otras colegas.
No son situaciones ni momentos fáciles de lidiar, especialmente cuando el presunto agresor, ostenta una trayectoria e influencia en el medio de comunicación que infunde miedo, temor a perder la practica o el trabajo, por esa razón muchas callaban y permitían, en contra de su voluntad, que ocurrieran estos lamentables hechos que marcan psicológicamente a una mujer.
En nuestras islas, me tome el atrevimiento de indagar sobre si estos casos también pasaban aquí, algunas me dijeron que no, otras solo guardan silencio.
Desde estas letras exhorto a los hombres, a la sociedad en general a que respetemos el trabajo de nuestras comunicadoras sociales y periodistas, nosotras merecemos ser valoradas por nuestro intelecto, nuestra dedicación al trabajo y nuestro derecho a no ser acosadas, intimidadas ni sufrir daños físicos, sexuales o psicológicos en el ámbito público o privado.
Eso le da sentido a nuestra existencia como mujer, eso genera mayor confianza hacia el otro, genera mejor ambiente laboral y mejores condiciones de trato digno, las mujeres periodistas en este oficio lo entregamos todo por hacer bien nuestro trabajo, por buscar la excelencia, por dar las noticias con todo rigor e imparcialidad, que ni una mas siga padeciendo de este flagelo que afecta psicológicamente a la mujer y crea una herida difícil de sanar.
Actualidad
Academias de violación a plena luz del día: ¿Los hombres están haciendo suficiente?
Por. Ashly Fontalvo Manuel-Especial para Radio Seaflower
El 26 de marzo de 2026, el periódico CNN publicó una impactante investigación realizada por las periodistas Saskya Vandoorne y Niamh Kennedy, en la que se da cuenta de la existencia de sitios pornográficos y grupos de violación donde se difunden instrucciones sobre cómo violar a una mujer inconsciente, cómo drogarla, eliminar las pruebas, grabarlo y cobrar por ello. Además, se encontraron videos e imágenes explícitas de estos delitos con miles de mujeres. El acceso a ese contenido costaba 20 dólares.
Sí, una violación vale 20 dólares.
Y no, no era en la Deep web. Nunca estuvo en las profundidades de internet. Estaba en Telegram y en sitios pornográficos de uso común. A plena luz del día: visible, accesible y palpable.
Sin embargo, nada pasó hasta que estas periodistas decidieron investigar, profundizar y publicar los llamados “zzz groups”. Más de 20 mil videos fueron encontrados, con más de 62 millones de visitas en el sitio web.
En estos grupos se encontraron hombres alentando, fortaleciendo e instruyendo a otros para cometer delitos sexuales contra sus parejas. No son monstruos ni locos: son hombres casados, con hijos, con familias aparentemente normales, como la tuya, la mía y las de nuestro entorno.
Tan solo en 2024 se conoció un caso similar: el de Gisèle Pelicot y Dominique Pelicot. Un hombre que drogaba a su esposa para abusar sexualmente de ella mientras estaba inconsciente y permitía que otros hombres hicieran lo mismo. Por un momento, el mundo quedó paralizado al conocer esa noticia. Parecía que algo había cambiado, que por fin se había puesto el foco en el lugar correcto. Y después… nada. No pasó nada.
Un año después, esta nueva investigación muestra que la situación no solo persiste, sino que ha empeorado.
La pregunta es inevitable: ¿de verdad los hombres están haciendo lo suficiente?, ¿de verdad se indignan y trabajan activamente por cambiar este sistema patriarcal y violento?
Las evidencias ya están sobre la mesa: no es suficiente con solo no hacer el delito per se. Y aún más incómodo: también señala sobre quienes lo permiten, lo consumen, lo minimizan o eligen no hacer nada frente a ello. La pregunta sigue siendo la misma: ¿qué estás haciendo al respecto?, ¿qué has hecho para marcar una diferencia en ti y en tu entorno?
Deben dejar de pensar que este es un tema exclusivo de las mujeres. Es todo lo contrario: son los hombres quienes deberían estar hoy avergonzados y furiosos preguntándose qué hacer frente a estos otros hombres que cometen estas atrocidades. Bien dijo Gisèle Pelicot: “la vergüenza debe cambiar de bando”.
La vergüenza no puede seguir recayendo sobre las mujeres que somos víctimas de un sistema patriarcal que también se sostiene en esa omisión: en hombres que prefieren mirar hacia otro lado y practican una indignación selectiva —solo reaccionan si se trata de mamá, hermana o hija—.
Y esto no es un hecho excepcional ni súper lejano. En septiembre de 2024, la Procuraduría General de la Nación de Colombia denunció que el 88% de las víctimas de delitos sexuales en el país son mujeres. Asimismo, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) reportó que el 81% de las víctimas de violencia son las niñas y las adolescentes, siendo la violencia sexual la principal causa de ingreso a procesos de restablecimiento de derechos.
En nuestro contexto local, en San Andrés Islas, se registraron 226 casos de delitos sexuales entre 2020 y 2023, donde la mayoría de las víctimas fueron mujeres. Y la cifra probablemente es mayor, pero ya sabemos el alto costo social de denunciar en un territorio pequeño. Aquí, muchas veces, es más juzgada la víctima que el agresor.
Recuerdo que hace no mucho se denunció públicamente un presunto caso de abuso sexual por parte de un pastor. Los comentarios defendiéndolo y cuestionando a las víctimas —por ser “mujeres adultas y capaces de defenderse”— resultaban devastadores. Sé que si mañana me ocurriera a mí, sería vivir un infierno emocional y social. Y eso duele.
También existen grupos de WhatsApp y Telegram en la isla donde se venden o circulan fotos y videos íntimos sin consentimiento. Aquí también pasa. Todo el tiempo. Frente a nosotros.
Esta radiografía social demuestra que no se trata de un fenómeno geográfico. Existe una responsabilidad masculina colectiva en el sostenimiento, fortalecimiento e impunidad de este sistema global.
Por eso es importante reconocer que estos espacios no nacen en el vacío. No aparecen de la nada por un “loco” aislado frente a una pantalla: Empiezan cuando un hombre dice algo que roza la violencia y otro no lo cuestiona, sino que lo valida. Cuando la incomodidad no aparece y, en cambio, aparece la risa, el silencio o la complicidad…De ahí, escalan. De lo que “era solo un comentario” a lo que después se organiza, se comparte, se ejecuta. A grupos donde no solo se consume, sino donde se enseña, se vende y se normaliza.
Y eso es lo realmente inquietante: que no estamos hablando de una mente aislada, sino de dinámicas que pueden empezar en cualquier conversación cotidiana, entre hombres comunes, en espacios donde nadie pensó que había riesgo.
En una mirada más profunda también podremos ver que hay algo que no cuadra: Todas las mujeres conocen a un hombre que las ha acosado, que las ha incomodado o que ha tenido comportamientos sexuales inapropiados. Pero, curiosamente, ningún hombre conoce a un abusador. Ninguno tiene un padre, hermano o amigo así. Entonces, ¿dónde están?
¿Quiénes son? ¿Por qué entre ustedes no aparecen?
Esto, además, evidencia una sociedad que falla una y otra vez.
¿Dónde están las charlas obligatorias, los talleres, los procesos terapéuticos con enfoque de género?, ¿quién les enseña a los hombres, desde niños, a reconocer la violencia
—incluso en el silencio cómplice—?
Los hombres también pueden denunciar, hacer pedagogía, aprender sobre límites, consentimiento y responsabilidad. Pero sigue siendo más fácil responsabilizar a las mujeres: decir que no se cuidaron, que no vieron las señales, que “se expusieron”.
Hoy también señalo a aquellos que sí alzan la voz —pero solo cuando se trata de escándalos o chismes de figuras públicas femeninas—. Allí sí opinan, juzgan y señalan. Pero frente a estas realidades, guardan silencio. ¿Dónde están los posts incendiarios, los comentarios “funables” y la mano dura? Esa doble moral también es parte del problema.
Y entonces vuelvo a preguntar: ¿qué habrías hecho si, por error, hubieras entrado a uno de estos sitios?, ¿si hubieras visto en el chat de un amigo uno de estos grupos?
La respuesta más probable es: nada. Mirar a otro lado. No involucrarte.
Los hombres deben dejar de ser estáticos ante estas situaciones.
Mientras no te sientes con tus amigos a hablar de esto y cuestionar lo que normalizan; mientras no exijas políticas reales que eduquen y responsabilicen;
mientras no incomodes al amigo de los chistes de violación y de “por eso las encuentran en una maleta”; mientras sigas mirando sin hacer nada, esperando que sean las mujeres quienes carguen con todo —o peor, atacando a quienes alzan la voz—no eres neutral. Estás del lado que lo permite.
A las mujeres que leen esto: hoy más que nunca debemos sostenernos, creernos y ser red de apoyo. Estos hechos nos recuerdan que no importa si estas en discoteca o en casa, con falda o con bata, con un desconocido o con tu esposo: nunca podrás estar completamente segura. Y por eso, nunca fue, es, ni será tu culpa. Ninguno nunca más debe encontrar comodidad y complicidad en nuestras palabras o en nuestros silencios.
Y cierro con una pregunta que ya no admite evasivas:
si mañana ves a un amigo, a un hermano, a un primo o a un desconocido haciendo chistes de apología a la violación, diciendo obscenidades a mujeres por la calle, emborrachando o drogando a mujeres en discoteca para poder llevárselas, enviando o vendiendo fotos íntimas sin consentimiento, en grupos de WhatsApp o Telegram que evidencien delitos sexuales, ¿vas a mirar hacia otro lado…o vas a incomodar, aunque eso te cueste amigos, silencio y estabilidad?
Opinión
Juventud Comunal Invisibilizada
Hoy con mucha preocupación observo que ni en las JAC ni mucho menos en la Asojuntas S.A.I se promocionó la participación de los jóvenes en el seno de cada Junta Comunal para que inscribieran por lo menos una lista de jóvenes comunales aspirantes al Consejo Municipal de la Juventud.
Por: Ashly Fontalvo Manuel
Especialista en la gestión de la Comunicación Digital
En el año 2.016 cuando cumplí los 14 años de edad fui elegida Secretaria Ejecutiva de Juventud Comunal de la Asojuntas S.A.I con jurisdicción municipal, el principal obstáculo que se me presentó en aquella época fue trabajar prácticamente sola, puesto que el 90% de los coordinadores de las comisiones de juventud de las Juntas de Acción Comunal de San Andrés tenían 40 años de edad o más, a pesar de que la Ley de Juventud establece que es joven aquella persona que tiene entre 14 y 28 años cumplidos.
Aun así, al termino del cumplimiento de mi periodo para el cual fui elegida había logrado a través de una acción de tutela la realización de las elecciones de Consejo Municipal de Juventud en octubre de 2021 y la integración de una lista de 9 aspirantes jóvenes comunales denominada “Coalicion JAC” legalmente inscrita en la registraduría, lista que en su momento apoyaron 5 JAC y la promoción de la participación juvenil apoyada por el presidente de la Asojuntas de aquel entonces, el resultado, logramos sacar 50 votos.
Hoy con mucha preocupación observo que ni en las JAC ni mucho menos en la Asojuntas S.A.I se promocionó la participación de los jóvenes en el seno de cada Junta Comunal para que inscribieran por lo menos una lista de jóvenes comunales aspirantes al Consejo Municipal de la Juventud, esto lo que demuestra es el desinterés de los adultos para motivar a los jóvenes a que se apropien de estos espacios como ocurrió en julio de 2021, esta ausencia de motivación a nuestros jóvenes comunales generan una invisibilizacion de los liderazgos juveniles, que sí los hay, a pesar de que son pocos, si existen lideres juveniles en algunos barrios con ganas de participar, el problema es que la actual dirigencia comunal en San Andrés no les interesa que a los jóvenes se les abra espacios en las Juntas de Acción Comunal ni mucho menos se postulen para ser candidatos en instancias de participación juvenil.
Radiografía de una marginación juvenil
Los pocos jóvenes comunales que participan en actividades comunitarias no son reconocidos o valorados adecuadamente por las Juntas de Acción Comunal, ni mucho menos valorados por la actual dirigencia de la Asojuntas de S.A.I, sus opiniones no son escuchadas y sus contribuciones no son tenidas en cuenta por los adultos y dirigentes comunales, al contrario, en caso de que algún o alguna joven gane algún espacio de participación en la Asojuntas S.A.I se esfuerzan para que ese espacio se pierda, anulando al Joven que ostente esa dignidad, como lo ha sido en mi caso. Esta invisibilización puede manifestarse en diferentes contextos y niveles, desde la falta de espacios de participación juvenil en la toma de decisiones hasta la ausencia de reconocimiento de su labor en proyectos comunitarios.
Factores que contribuyen a la invisibilización de la juventud comunal:
Falta de espacios de participación:
En muchos casos, los jóvenes comunales no tienen acceso a espacios donde puedan expresar sus ideas, opiniones y propuestas sobre temas que les afectan directamente.
Prejuicios y estereotipos:
Existen prejuicios y estereotipos sobre la juventud comunal, que a menudo los perciben como inmaduros, irresponsables o apáticos, lo que dificulta su inclusión en procesos de participación.
Falta de reconocimiento de sus capacidades:
La juventud comunal posee un potencial significativo para la transformación social, pero sus capacidades y conocimientos a menudo no son valorados ni reconocidos por los adultos o líderes comunitarios.
Consecuencias de la invisibilización de la juventud comunal:
Desmotivación y desinterés:
La falta de espacios de participación y reconocimiento al interior de las Juntas de Acción Comunal de San Andrés Isla, puede llevar a la desmotivación y al desinterés de los jóvenes por participar en actividades comunitarias.
Pérdida de potencial:
La invisibilización impide que la juventud comunal aporte su energía, creatividad y nuevas perspectivas a la resolución de problemas y al desarrollo de sus comunidades.
Aislamiento y exclusión:
La falta de reconocimiento puede llevar a sentimientos de aislamiento y exclusión, lo que puede afectar negativamente la salud mental y el bienestar de los jóvenes, la hegemonía de los adultos en los cargos directivos impiden que los jóvenes puedan, a su edad, ser elegidos Presidente, Vicepresidente, Teroreso o Secretario de una Junta de Acción Comunal.
Es fundamental promover la participación activa de la juventud comunal en la vida comunitaria, reconociendo su valor, sus ideas y potencial, y creando espacios donde sus voces sean escuchadas y sus ideas sean valoradas.
Actualidad
Qué pensar en el Día del Maestro
La columnista del diario El Tiempo Yolanda Reyes lanza una reflexión sobre la forma como se viene manejando la docencia en Colombia en el marco del Día del Maestro.
Columna de Yolanda Reyes para El Tiempo
Para el día del maestro, además de flores, tarjetas y frases hechas sobre la importancia de los maestros y las maestras –que, más allá de las aulas, está ausente en la agenda del país– deberíamos aprovechar esta fecha para hablar de esa brecha entre la escuela pública y la privada, y la rural y la urbana, y de ese perverso vínculo entre el aprendizaje y el nivel socioeconómico que seguimos repitiendo como loros en Colombia, en un currículo inamovible.
Ahora, cuando empiezan a divulgarse estudios sobre los efectos del cierre escolar con el que Colombia afrontó la pandemia, y que, en la mayor parte del país, se extendió desde la mitad de marzo de 2020 hasta febrero de 2021, las cifras reflejan la inequidad aumentada.
Por citar un ejemplo, en ‘Desigualdad en el aprendizaje durante el covid-19’, los investigadores Marín, Rodríguez, Maldonado y García se basaron en las pruebas Saber de grado 11, presentadas en 2020 y 2021, y tuvieron en cuenta variables como las condiciones individuales de los estudiantes (género y etnia), el nivel socioeconómico de sus hogares (educación de los padres, tenencia de libros, acceso a internet y a dispositivos electrónicos), el tipo de institución (oficial o privada), y la zona (rural o urbana).
Si bien sabemos que el cierre escolar por la pandemia aquí fue excesivamente largo, y desigual en el retorno a la presencialidad, el estudio revela que los sectores más vulnerables, que ya traían rezagos en el aprendizaje, fueron los que más descendieron en el percentil de los de peor desempeño durante el confinamiento.
La diferencia de posición de los estudiantes, según su procedencia (rural o urbana), se multiplicó casi por cuatro en 2020 y 2021, y entre los estudiantes de estrato socioeconómico alto y los de mayores carencias, la distancia se hizo seis veces mayor. Aunque la brecha de género no registró variaciones, eso no puede verse como una buena noticia sino como fuente de preguntas: ¿las niñas más vulnerables se presentaron a las pruebas Saber en pandemia? Ahí cabe recordar cifras alarmantes: según el Dane, entre 2020 y 2021 hubo un incremento del 31,5 % en el número de embarazos de menores de catorce años, así que hay mucho por investigar.
Estos resultados nos muestran un mapa de la Colombia presente y futura, trazado por los bachilleres de la pandemia, que hoy son estudiantes o aspirantes a la educación superior, o son trabajadores… o ‘ninis’.
En ellos y ellas, pero también en sus condiscípulos de todos los grados de secundaria, primaria y educación inicial, cuyas pérdidas pueden haber sido mayores debido a esa desatención, durante dos años cruciales para el desarrollo cognitivo y emocional, se lee la radiografía del talento humano del país, en el que las intervenciones oportunas para los estudiantes con dificultades distan también de ser equitativas.
Esas intervenciones urgentes que deberían reflejarse en prácticas cotidianas y sistemáticas de recuperación, focalizadas en estudiantes más vulnerables, y en decisiones de política educativa que afronten esas pérdidas de aprendizaje, parecen un tema tabú, como si la pandemia se hubiera superado sin dejar huellas y como si, una vez concluida, pudiera pasarse la página a la lección siguiente.
Los anuncios de este gobierno prometen 500.000 cupos para educación superior y declaman que la consagrarán como un derecho humano, sin tener en cuenta que ese derecho requiere herramientas para garantizarlo en condiciones similares. Para decirlo en palabras que todos los maestros entendemos, sin bases no hay educación. Y las bases no dependen de un potencial individual misterioso, sino de lo que a unos se les da y a otros se les ha negado.
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