Nacional
San Andrés logra superar el millón de turistas durante el año 2025
Las autoridades han enfatizado que la respuesta a estos desafíos pasa por fortalecer el turismo sostenible, implementar estudios de capacidad de carga, y promover políticas que integren gestión ambiental, planificación urbana y desarrollo comunitario.
A medida que avanza el año 2026, el turismo en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina continúa consolidándose como uno de los principales motores económicos de la región, pero también plantea desafíos clave para la sostenibilidad del territorio.
Según datos preliminares del cierre de 2025, el archipiélago cerró el año superando el millón de visitantes, cifra que las autoridades proyectan superar nuevamente en 2026 gracias al crecimiento sostenido de la conectividad aérea y las rutas internacionales directas al aeropuerto Gustavo Rojas Pinilla.
Durante 2025, el turismo en el destino caribeño mostró tendencias de crecimiento significativas:
Más de 533.000 visitantes en el primer semestre, con un incremento del 43 % en turismo internacional, impulsado por mercados como Brasil, Chile, Argentina, Estados Unidos, Perú y Canadá.
A cierre parcial del año, cerca de 904.000 turistas habían arribado, de los cuales más de 230.000 fueron extranjeros, reflejando la importancia creciente del turismo internacional para la economía local.
Mientras que el turismo representa una fuente fundamental de ingresos para la isla —alimentando sectores como hotelería, comercio, gastronomía y transporte—, también plantea retos como:
Presión sobre infraestructura y servicios públicos. Un flujo creciente de turistas implica demandas mayores de agua, energía y manejo de residuos en un ecosistema insular con recursos limitados.
Preservación ambiental. Corales, pastos marinos y manglares, pilares de la biodiversidad local, requieren una regulación precisa del uso turístico para evitar su degradación.
Equilibrio socioeconómico. Las comunidades raízales y residentes expresan la necesidad de que el turismo se maneje con equidad y con una visión de largo plazo que evite impactos negativos sobre la identidad cultural y la calidad de vida.
Las autoridades han enfatizado que la respuesta a estos desafíos pasa por fortalecer el turismo sostenible, implementar estudios de capacidad de carga, y promover políticas que integren gestión ambiental, planificación urbana y desarrollo comunitario.
Estas cifras estimulan la expectativa de que 2026 podría marcar un nuevo récord histórico de visitantes, superando la barrera del 1,2 – 1,3 millones de turistas, según fuentes del sector turismo local y proyecciones que consideran el impulso de nuevas rutas aéreas y estrategias de promoción internacional.
La isla de San Andrés, uno de los principales destinos turísticos de Colombia, ha experimentado un crecimiento sostenido en el número de visitantes durante la última década, superando el millón de turistas anuales en años recientes y consolidándose como un destino de alta demanda tanto para viajeros nacionales como internacionales.
El crecimiento del turismo también reaviva el debate sobre la capacidad de carga ambiental y social del territorio, es decir, cuántos visitantes puede soportar San Andrés antes de que el desarrollo turístico comience a afectar sus recursos naturales, infraestructura y calidad de vida de los residentes.
Autoridades ambientales y organizaciones dedicadas a la sostenibilidad resaltan que la capacidad de carga turística es un parámetro clave para proteger ecosistemas frágiles como arrecifes coralinos, manglares y playas, así como para ordenar el uso de espacio y recursos en zonas altamente demandadas por visitantes.
La implementación de estudios técnico-científicos para determinar límites aceptables de uso y establecer protocolos de monitoreo es parte de la agenda de planificación del turismo en el archipiélago.
La preocupación por los límites de capacidad no es nueva: expertos han señalado en años anteriores que el número de visitantes anual puede superar el volumen de población flotante sostenible, lo que puede poner presión sobre servicios básicos, la gestión de residuos, agua potable y áreas naturales protegidas si no se acompaña de políticas efectivas de manejo turístico y ambiental.
Crecimiento turístico vs. capacidad de carga
La capacidad de carga es un concepto que describe el límite máximo de visitantes que un destino puede recibir sin deteriorar sus recursos naturales, servicios e infraestructura ni afectar negativamente la calidad de vida de sus residentes. Cuando este límite se supera, se generan impactos ambientales, sociales y económicos significativos, conocidos en la literatura como overtourism.
En el caso de San Andrés, varios elementos muestran que la llegada masiva de turistas está ejerciendo presión sobre la capacidad de carga de la isla:
La isla depende de recursos naturales frágiles: agua potable escasa, infraestructura sanitaria limitada y ecosistemas marinos sensibles. El consumo turístico de agua y energía es mucho mayor que el de los residentes, duplicando el uso doméstico promedio en algunos casos. Esto intensifica la presión sobre un sistema con escasas fuentes de agua dulce.
El manejo de residuos sólidos se ha convertido en un reto creciente. El aumento de visitantes genera grandes volúmenes de desechos que sobrecargan los sistemas de recolección y disposición final, especialmente en temporadas altas.
Un caso claro es el cierre temporal de Johnny Cay, una de las zonas más populares para visitas diarias, debido a que la cantidad de turistas sobrepasó la capacidad de manejo de basura y servicios sanitarios disponibles, obligando a detener operaciones para limpieza y descanso ecológico.
Encuestas recientes muestran que muchos residentes sienten que el turismo no ha sido planificado con visión a largo plazo ni se ha incluido suficientemente a la comunidad en la toma de decisiones, lo que contribuye a la percepción de que el crecimiento turístico supera la capacidad real de la isla para gestionarlo de manera sostenible.
Llegada estimada de turistas a San Andrés — 2015 a 2025
| Año | Visitantes anuales aproximados | Tendencia / evento clave |
| 2015 | ~900,000 + (estimado) | Turismo en crecimiento previo a 2019 |
| 2016 | ~950,000 + (estimado) | Crecimiento sostenido |
| 2017 | ~1,000,000 + (estimado) | Cruce del millón aproximado |
| 2018 | ~1,100,000 + (estimado) | Antes de récord histórico |
| 2019 | ~1,338,636 turistas | Récord pre-pandemia según autoridades locales. |
| 2020 | Caída fuerte por COVID-19 | Turismo mundial y vuelos afectados |
| 2021 | Recuperación parcial | Ocupación hotelera aumentó pese al entorno pandémico. |
| 2022 | ~1,338,636 (referencia de máximo) | Año de recuperación post-pandemia, alta llegada.l |
| 2023 | ~917,000 – 1,000,000* (descenso) | ↓ menos llegada de pasajeros que en 2022 según análisis de aerolíneas y agencias. |
| 2024 | 1,057,935 turistas | Superó 1 millón de visitantes; +15 % respecto a 2023. |
| 2025 | ~1,100,000 + proyectados | Ya supera récords de llegadas, con más de 629,000 hasta julio y tendencia al cierre >1 M. |
* Las cifras para algunos años (2015-2018, 2020-2023) son estimados basados en tendencias del sector, reporte de aeropuertos y análisis de saturación turística porque no hay datos oficiales globales públicos año a año.
Frente a estos retos, autoridades locales y entidades ambientales han empezado a implementar medidas orientadas a mitigar los impactos del turismo:
Regulaciones de acceso y control de capacidad en sitios turísticos específicos como parte de estrategias para evitar la sobrecarga ecológica.
Proyectos de turismo sostenible que buscan reducir residuos plásticos, promover economía circular y fomentar prácticas responsables entre visitantes y prestadores de servicios.
Incremento y ajustes en la tarifa de ingreso turístico, cuyos ingresos se plantean para financiar infraestructura que permita una gestión más equilibrada del flujo de visitantes sin perjudicar los recursos naturales o a la comunidad local.
El turismo es la principal fuente económica de San Andrés, concentrando buena parte de la actividad comercial y laboral.
Sin embargo, cuando el número de turistas supera lo que la isla puede sostener —tanto ecológica como socialmente— surgen efectos negativos:
Deterioro ambiental: contaminación de agua, degradación de arrecifes y pérdida de biodiversidad.
Saturación de servicios básicos: agua, energía, gestión de residuos y capacidad sanitaria.
Impactos sociales: percepción de pérdida de calidad de vida entre residentes y conflictos por recursos escasos o por no participar en decisiones de planificación.
San Andrés enfrenta un delicado equilibrio: por un lado, el turismo es motor de la economía local; por otro, la llegada masiva y concentrada de visitantes presiona la capacidad de carga de la isla, agotando recursos, limitando la infraestructura y generando tensiones sociales y ambientales. La sostenibilidad del destino —y la calidad de vida de sus habitantes— depende de una planificación más rigurosa, gestión de flujos turísticos y robustecimiento de infraestructura ecológica y social, así como de la participación activa de la comunidad en la construcción de un turismo realmente sostenible.
Nacional
Fueron 120 segundos de horror en Colombia
La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.
Un registro instrumental de entre 90 segundos y dos minutos en las estaciones más cercanas al epicentro fue el balance técnico de tiempo entregado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC) de la duración del fuerte terremoto de magnitud 7.4 ocurrido en la mañana de este lunes 10 de agosto, cuyo epicentro se localizó en San José del Palmar, Chocó.
La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.
Ante la disparidad de testimonios de la población sobre la percepción del tiempo de la sacudida, la entidad especializada aclaró que la duración de un temblor abarca tres conceptos técnicos importantes e independientes: el tiempo percibido por los habitantes, el tiempo registrado por la instrumentación y la duración exacta del movimiento en la falla de origen.
El reporte técnico del Servicio Geológico Colombiano (SGC) señaló a través de la publicación que los sismómetros monitorean hasta movimientos del suelo imperceptibles para las personas.
Por esta razón, mientras la población puede percibir una sacudida durante contados segundos, las estaciones de monitoreo captan las ondas durante varios minutos. De acuerdo con el SGC, “en Colombia todos los días ocurren sismos que nuestros instrumentos detectan, pero que nosotros no sentimos”.
En el evento reportado este lunes en San José del Palmar, la red de monitoreo registró un rango de movimiento significativo que fluctuó entre un minuto y medio y dos minutos en las zonas inmediatas al epicentro, es decir, el resto de lugares afectados.
Respecto a la sensación individual de los ciudadanos —algunos de los cuales afirmaron haber sentido el temblor durante mayor o menor tiempo—, la institución explicó que la percepción no es uniforme. Esta variación depende de la distancia al hipocentro (el punto interior de la Tierra donde inicia la ruptura), la tipología de las edificaciones y las condiciones topográficas y geológicas del suelo.
El tipo de terreno desempeña un rol determinante en la propagación sísmica. En superficies compuestas por rocas rígidas, las ondas tienden a amplificarse en menor medida. Por el contrario, los suelos blandos presentan una tendencia a amplificar las ondas, prolongando el movimiento percibido.
La entidad concluyó que la respuesta a la pregunta “¿cuánto duró el sismo?” depende de si la evaluación se realiza desde la duración percibida por la población, la registrada por los instrumentos de medición o la ocurrida en la fuente sísmica.
De acuerdo con el más reciente balance oficial emitido por las autoridades nacionales, la emergencia deja de manera preliminar 111 personas fallecidas, 87 heridos y más de 100 desaparecidos, con las mayores afectaciones concentradas en los departamentos del Eje Cafetero, Valle del Cauca y Chocó.
¿Cuánto tiempo duró el sismo del 10 de agosto en Colombia según el registro oficial?
Las estaciones de monitoreo del Servicio Geológico Colombiano (SGC) más cercanas al epicentro en San José del Palmar, Chocó, registraron entre 90 segundos y 2 minutos (de 1:30 a 2:00 minutos) de movimiento significativo.
¿Por qué algunas personas sintieron el temblor más largo o más corto que otras?
La percepción individual de la duración varía según la distancia al hipocentro, el tipo de edificación y las condiciones del suelo donde se encuentre cada persona. Los suelos blandos suelen amplificar la vibración y hacer que se sienta por más tiempo, mientras que las rocas rígidas amortiguan el movimiento.
¿Cuál es la diferencia entre la duración percibida y la duración instrumental de un temblor?
La duración percibida es el tiempo durante el cual un ser humano alcanza a sentir la sacudida, mientras que la duración instrumental mide el tiempo total en que los sismómetros captan las ondas. Como los equipos detectan vibraciones imperceptibles para las personas, el registro instrumental suele ser considerablemente más largo.
¿El Servicio Geológico Colombiano puede predecir cuánto va a durar un temblor antes de que ocurra?
No. Ni la duración, ni la magnitud, ni la hora exacta de un sismo se pueden predecir. El SGC únicamente puede calcular la duración de las ondas e informarla una vez que los instrumentos de monitoreo han registrado el evento en tiempo real.
Nacional
Abelardo de la Espriella toma posesión como nuevo presidente de Colombia
El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.
Cali amaneció el 7 de agosto con algo más que el acostumbrado movimiento de una ciudad acostumbrada a las grandes jornadas. Esta vez, la capital del Valle del Cauca tenía sobre sus hombros una responsabilidad que durante más de un siglo había pertenecido a Bogotá: recibir la ceremonia de posesión de un presidente de Colombia.
La protagonista era una figura que pocos años atrás parecía destinada a los escenarios jurídicos y mediáticos y que ahora llegaba al corazón del poder nacional: Abelardo de la Espriella.
La ceremonia rompió una tradición republicana de más de cien años. La Arena USC, en la Universidad Santiago de Cali, reemplazó a la tradicional Plaza de Bolívar como escenario del acto solemne. Allí se congregaron cerca de 2.300 personas entre congresistas, empresarios, dirigentes políticos, representantes gremiales y delegaciones internacionales.
Pero la escogencia de Cali no fue simplemente un cambio de dirección en la invitación presidencial. Desde la campaña, De la Espriella había insistido en que quería llevar la posesión a una región distinta de Bogotá y, originalmente, había planteado hacerlo en una guarnición militar. La propuesta provocó un enfrentamiento con el entonces presidente Gustavo Petro, quien se opuso a utilizar instalaciones militares para la ceremonia. Finalmente, el nuevo mandatario trasladó el acto a un escenario civil, aunque mantuvo un fuerte componente militar en la jornada.
Una alfombra roja para el nuevo poder
Pasadas las cuatro de la tarde, la Arena USC comenzó a convertirse en el retrato de la nueva Colombia que De la Espriella había prometido durante su campaña.
Por la alfombra roja desfilaron presidentes, expresidentes, dirigentes políticos y representantes internacionales. El rey Felipe VI de España estuvo entre los invitados, acompañado por mandatarios como Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; José Antonio Kast, de Chile; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; Nasry Asfura, de Honduras, y Laura Fernández, de Costa Rica.
También estuvieron expresidentes colombianos como Álvaro Uribe, Iván Duque y Andrés Pastrana.
Hubo, sin embargo, ausencias que no pasaron inadvertidas.
El presidente saliente, Gustavo Petro, no estuvo presente. Tampoco fueron invitados los expresidentes Juan Manuel Santos y Ernesto Samper. Y en el Congreso, la bancada del Pacto Histórico no asistió al acto, aunque sí se logró el quórum necesario para realizar la ceremonia constitucional.
La escena dejaba así una imagen difícil de ignorar: mientras unos llegaban para acompañar el nacimiento del nuevo Gobierno, otros escogían no estar allí.
El juramento
A las 4:22 de la tarde llegó el momento que había esperado buena parte del país.
Abelardo de la Espriella juró ante el Congreso de la República y recibió la banda presidencial de manos del presidente del Senado, Honorio Henríquez. Con ese acto, asumió oficialmente como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030.
A su lado estaba su familia.
El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.
Y entonces comenzó el discurso.
“El tigre ha llegado”
Si había una frase que resumía el tono del nuevo mandatario, probablemente era aquella que pronunció ante las Fuerzas Militares: “El tigre ha llegado”.
De la Espriella anunció una política de mano firme frente al narcotráfico, el terrorismo y las organizaciones criminales. Ordenó a las Fuerzas Militares y a la Policía combatir las estructuras delincuenciales y advirtió que quienes persistieran en el delito tendrían que someterse a la ley o enfrentar la respuesta del Estado.
La seguridad ocupó, de esta manera, un lugar central desde el primer discurso presidencial.
Pero hubo otro mensaje que buscó ampliar el alcance de su llegada al poder. De la Espriella afirmó que sería el presidente de todos los colombianos, incluso de aquellos que no votaron por él.
Era una declaración importante para un país que llegó a las elecciones profundamente dividido y que ahora comenzaba un nuevo capítulo político.
Fe, música y política
La ceremonia también tuvo momentos que se alejaron del protocolo estrictamente político.
Hubo un espacio de oración con la participación del rabino David Michaan, el pastor Eduardo Cañas Estrada y el sacerdote Francisco Javier Múnera Correa. La cantante Maía interpretó Aleluya, mientras en el recinto se mezclaban símbolos religiosos, música y solemnidad institucional.
El mensaje parecía claro: el nuevo Gobierno quería construir su identidad también desde los símbolos.
Y esa identidad estuvo presente en prácticamente cada detalle de la jornada.
De la Arena a los cuarteles
La ceremonia había terminado, pero la jornada presidencial todavía tenía una escena por contar.
Después del acto formal de posesión en la Arena USC, De la Espriella se trasladó al Cantón Militar Pichincha, en Cali, donde las Fuerzas Militares le rindieron honores como nuevo comandante supremo.
Fue allí donde pronunció su primer discurso dirigido directamente a la Fuerza Pública y donde reforzó su mensaje de autoridad y lucha contra las organizaciones criminales.
Era, en cierta forma, la imagen que había buscado desde el comienzo: una posesión fuera de Bogotá, pero profundamente ligada a Cali y a las Fuerzas Militares.
El primer día de un Gobierno que promete mano firme
La posesión no fue únicamente una ceremonia protocolaria.
Fue el primer capítulo de un Gobierno que llega con una promesa contundente: recuperar el orden, fortalecer la autoridad del Estado y enfrentar al crimen organizado.
Y el nuevo presidente quiso demostrarlo desde las primeras horas.
Ese mismo día comenzó a ejecutar una de sus primeras decisiones en materia de seguridad: el traslado de 117 internos vinculados a estructuras criminales y procesos relacionados con las negociaciones de paz hacia establecimientos penitenciarios de máxima seguridad.
Así, entre la banda presidencial, los himnos, los invitados internacionales, las oraciones, los aplausos y las ceremonias militares, Colombia comenzó oficialmente una nueva etapa.
Una etapa que tendrá como escenario un país todavía polarizado, una economía con enormes desafíos, regiones que reclaman mayor presencia del Estado y una ciudadanía que espera resultados.
Cali puso el escenario.
La Arena USC recibió al nuevo presidente.
Las Fuerzas Militares recibieron al nuevo comandante.
Y Colombia, desde ese 7 de agosto, comenzó a preguntarse qué significarán realmente para el país las palabras con las que Abelardo de la Espriella inauguró su mandato: orden, autoridad y libertad.
Ahora ya no hay campaña.
Ya no hay discursos de candidato.
Ya no hay promesas desde una tarima electoral.
Nacional
Colombia fue una nación que caminó unida por la fe en la multitudinaria Marcha para Jesús
Las calles de Colombia cambiaron de rostro este domingo 2 de agosto. Allí donde habitualmente se escuchan los motores, las consignas políticas o el bullicio cotidiano, esta vez fueron los cánticos de alabanza, las oraciones y las banderas blancas las que marcaron el paso de cientos de miles de creyentes que participaron en la Gran Marcha para Jesús 2026.
Desde las primeras horas de la tarde, familias enteras comenzaron a reunirse en parques, avenidas y plazas principales de ciudades y municipios. Niños sobre los hombros de sus padres, jóvenes portando pancartas con mensajes de esperanza y adultos mayores caminando con serenidad hicieron parte de una movilización que, según sus organizadores, se desarrolló de manera simultánea en los 32 departamentos del país y en centenares de ciudades y municipios.
No hubo colores partidistas ni discursos electorales. La consigna fue una sola: exaltar el nombre de Jesús y elevar una oración colectiva por Colombia. Católicos, iglesias evangélicas, comunidades protestantes y creyentes de distintas denominaciones compartieron un mismo recorrido, dejando a un lado las diferencias doctrinales para enviar un mensaje de unidad, reconciliación y paz.
En Bogotá, miles de participantes caminaron hasta el Parque Simón Bolívar, donde la jornada concluyó con música cristiana, momentos de oración y mensajes de esperanza. Escenas similares se vivieron en Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Pereira y decenas de municipios, donde las calles se transformaron en un gran templo al aire libre.
La movilización transcurrió de manera pacífica. En lugar de reclamos o confrontaciones, predominó el ambiente familiar. Hubo abrazos entre desconocidos, cantos compartidos y palabras de ánimo para quienes observaban el paso de la multitud desde los andenes y balcones.
Los organizadores describieron la jornada como un movimiento ciudadano, apolítico y no denominacional, cuyo propósito fue recordar que la fe también puede ocupar el espacio público como una expresión de esperanza y servicio a la sociedad. Para esta edición se esperaba una participación superior a la de años anteriores, con presencia en cerca de 700 ciudades y municipios del país.
Al caer la tarde, mientras las columnas de marchantes se dispersaban lentamente, quedaba la imagen de un país que, por unas horas, decidió caminar al mismo ritmo. En un momento marcado por desafíos sociales, económicos y políticos, miles de colombianos optaron por responder con oración, música y un mensaje de fe.
La Marcha para Jesús volvió así a demostrar que, más allá de las cifras de asistencia, continúa consolidándose como una de las manifestaciones religiosas más multitudinarias de Colombia, donde la esperanza fue, una vez más, la protagonista de la jornada.
Todo se cerró con el Bogotá Gospel
El momento culminante de la jornada se vivió en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, donde miles de marchantes confluyeron tras recorrer las principales vías de la capital. Allí, la Marcha para Jesús encontró un escenario de celebración con Bogotá Góspel 2026, el tradicional concierto del Festival de Verano que este año se articuló con la movilización nacional para convertir el parque en un gran espacio de adoración, música y unidad.
Durante cerca de ocho horas, el escenario reunió a reconocidos artistas de la música cristiana como Miel San Marcos (Guatemala), Alex Zurdo (Puerto Rico), Rescate (Argentina), Cales Louima, además de agrupaciones colombianas como Avivamiento, One 4 All, Vasija de Barro, Rapha y Diana Paipa. Cada presentación estuvo acompañada por mensajes de esperanza, reconciliación y fe, en un ambiente familiar que congregó a creyentes de diferentes iglesias y generaciones.
La unión entre la Marcha para Jesús y Bogotá Góspel convirtió el cierre de la jornada en una verdadera fiesta de la fe. Lo que comenzó como una caminata por las calles de la capital terminó con miles de voces elevando alabanzas al unísono, reafirmando el propósito de los organizadores: hacer visible un mensaje de paz, amor y reconciliación para Colombia. La Plaza de Eventos del Parque Simón Bolívar se transformó así en un inmenso templo al aire libre, donde la música sirvió como lenguaje común para celebrar la esperanza y la unidad del pueblo creyente.
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