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Westcol y la forma como se viene transformando la comunicación masiva

La dimensión del negocio se entiende mejor cuando se observa su evolución: lo que empezó como una herramienta para transmitir videojuegos se transformó en una industria cultural que mezcla entretenimiento, publicidad, comercio y comunidades digitales.

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Lo que actualmente se vive era impensado hace apenas unos años: un joven de 25 años, con tatuajes en el cuello y una audiencia construida desde su habitación, logró entrar a la Casa de Nariño para entrevistar en vivo al presidente de Colombia ante más de un millón de espectadores. No ocurrió en televisión, ni en un canal tradicional. Fue en Kick, una plataforma de streaming, que desde hace varios años viene apostándole fuerte a esta industria.

Luis Fernando Villa, más conocido como Westcol, arrancó la conversación con una advertencia que marcaba el tono: “Ustedes, huev**, saben que yo no estoy con políticos”. Durante más de una hora, el diálogo con Gustavo Petro y rompió todos los esquemas del formato tradicional. Al cierre de la transmisión, ya sumaba 1,5 millones de espectadores en vivo. Luego, en YouTube, con el streaming resubido, acumuló más de 1,6 millones de visualizaciones adicionales durante la primera semana, que van contando.

El impacto fue tal que incluso el propio presidente replicó la entrevista en su canal, donde superó ampliamente el alcance de contenidos previos con medios tradicionales. Mientras una entrevista anterior con un medio internacional rondaba las 100.000 vistas, esta se acercó al medio millón en la misma plataforma. Por todo lo anterior, esto puso el foco sobre esta industria streaming, pues por primera vez, un influencer logró atraer a una audiencia masiva en vivo para conversar con un mandatario, confirmando que el centro de gravedad del consumo de contenido cambió hace varios años.

Y lo que viene el próximo 10 de mayo, es que Westcol ahora entrevistará al expresidente Álvaro Uribe. La política, de todas las orillas, ya entendió dónde está la audiencia joven.

Detrás de ese momento hay una historia más amplia: la consolidación del streaming en vivo como una de las industrias más poderosas y dinámicas del ecosistema digital global.

La dimensión del negocio se entiende mejor cuando se observa su evolución: lo que empezó como una herramienta para transmitir videojuegos se transformó en una industria cultural que mezcla entretenimiento, publicidad, comercio y comunidades digitales.

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El dato clave es que el espectador cambió. Actualmente no se conforma con ver contenido pregrabado, puesto que busca participar. Las transmisiones en vivo permiten preguntas, respuestas, donaciones y decisiones en tiempo real. Es una experiencia inmersiva.

Ese giro ha hecho que el streaming deje de ser un contenido con un papel alternativo de entretenimiento, para convertirse en un canal principal. De hecho, el segmento de plataformas concentra más del 64% de los ingresos del mercado, mientras que la publicidad sigue siendo el modelo dominante de monetización a nivel global.

Además, el consumo ya no está atado a un dispositivo. Teléfonos, tabletas, televisores inteligentes y consolas permiten que el contenido fluya sin interrupciones. Ese consumo multiplataforma amplía el alcance y multiplica las oportunidades de negocio.

Con más de 240 millones de usuarios activos mensuales y cerca de 23.000 millones de horas vistas, Twitch se consolidó como el principal escenario del streaming global. Cada mes, más de 7,3 millones de creadores transmiten contenido en vivo, lo que da una idea de la magnitud del ecosistema.

Su modelo, basado en comunidades, convirtió la interacción en el eje del negocio. Los usuarios no solo ven contenido: pagan suscripciones, envían donaciones y participan activamente en chats que se mueven en tiempo real.

Sin embargo, ese modelo tiene un límite: la repartición de ingresos. El esquema 50%-50% ha sido cuestionado por muchos creadores, especialmente los más grandes.

Ahí es donde entra Kick, competencia de este primero, lanzada en 2022, esta plataforma irrumpió con una propuesta agresiva: entregar hasta el 95% de los ingresos por suscripción a los streamers. Esa diferencia, que parece técnica, ha cambiado el mercado.

Para 2025, Kick ya alcanzaba más de 153 millones de usuarios activos mensuales y cerca de 4,6 millones de espectadores simultáneos en eventos de gran escala. Su crecimiento ha sido impulsado por la migración de creadores que buscan mejores condiciones económicas.

Un ejemplo claro es el evento “Stream Fighters”, organizado por Westcol, que logró reunir más de 4,6 millones de espectadores simultáneos, cifras comparables con eventos deportivos tradicionales.

Además, este creador, en la última semana, realizó transmisiones que rompen el molde de la TV tradicional llevando en vivo, además de la entrevista con el presidente, el Concierto en vivo de Blessd en el Atanasio Girardot, un stream desde la cárcel La Picota, entre otros.

Colombia en el mapa: de espectadores a protagonistas

Y es que el paisa, Westcol, no solo domina la escena nacional. También lidera el ranking de streamers en América Latina, con más de 57 millones de horas vistas en 2025. Su contenido combina charlas, eventos, transmisiones de la vida cotidiana y colaboraciones con artistas como Ryan Castro, Arcángel o Blessd.

Su historia es clave para entender su conexión con la audiencia. Nació en Ciudad Bolívar, Antioquia, en una familia de bajos recursos y vivió el desplazamiento forzado. A los 15 años empezó a subir videos jugando videojuegos. Y ahora es uno de los creadores más influyentes de la región.

Su éxito también se mide en dinero: tiene contratos de exclusividad por cerca de un millón de dólares, ingresos mensuales de decenas de millones de pesos y transmisiones que pueden generar miles de dólares en pocas horas.

No es el único colombiano en la cima. el caleño Steven Tangarife, más conocido como MrStivenTC ocupa el segundo lugar en América Latina con cerca de 48 millones de horas vistas en 2025. Su estrategia ha sido distinta: transmisiones constantes jugando en vivo videojuegos como Freefire o Warzone, cercanía con su audiencia y una construcción de comunidad sostenida.

El fenómeno se extiende por toda la región. Creadores como ElZeein en Perú, DaVooxeNeize en Argentina o RDJavi en República Dominicana demuestran que el streaming en español ya compite con los grandes mercados globales.

¿Cómo se gana dinero en el streaming?

Detrás del espectáculo hay un engranaje económico complejo y diversificado.

Las suscripciones son la base. En Twitch, los usuarios pagan desde US$5 mensuales (unos $18.375), mientras que en Kick la cifra es de aproximadamente US$4,75 ($17.456), con una diferencia clave en la distribución de ingresos.

A esto se suman las donaciones, que en canales populares pueden representar miles de dólares por transmisión. También está la publicidad, que aunque en algunos casos es secundaria, sigue siendo una fuente relevante.

Pero uno de los ingresos más importantes viene de los acuerdos con marcas. Aquí, el streaming ofrece algo único: acceso directo a comunidades altamente comprometidas.

En el caso de Westcol, sus propias cifras dan cuenta del potencial: cerca de 70 millones de pesos mensuales por monetización en YouTube y más de US$6.000 en una sola transmisión de cuatro horas en Kick.

La economía del reconocimiento y las nuevas audiencias

Más allá de los números, el fenómeno tiene una explicación cultural.

Para Lina María Martínez, consultora en mercadeo, el streaming funciona bajo una lógica distinta: “Es una economía del reconocimiento. El usuario paga para ser visto, para que el creador lo nombre, para sentirse parte”.

Ese cambio es profundo. Mientras la televisión vendía contenido, el streaming vende pertenencia.

Las transmisiones son largas, orgánicas y muchas veces imperfectas. Esa “imperfección” es, en realidad, su mayor fortaleza. En un entorno saturado de contenido editado, la autenticidad se vuelve un valor diferencial.

“En el streaming no hay contenido perfecto. Hay vulnerabilidad, hay espontaneidad y eso le encanta a la audiencia”, explica Martínez.

Esa dinámica crea comunidades. El seguidor no solo consume, sino que interactúa, comenta, participa y se siente cercano al creador. Se genera lo que en marketing se conoce como lealtad. Y esa lealtad es la base del negocio.

El streaming también está transformando la publicidad. Las marcas ya no solo compran espacios: compran validación. Cuando un streamer usa un producto o lo menciona, está dando un sello de aprobación frente a su comunidad.

Es una evolución del emplazamiento de producto, pero en tiempo real. Sin embargo, este modelo tiene un riesgo: la autenticidad no se puede forzar. Si el creador no cree en la marca, la audiencia lo percibe de inmediato.

Además, la espontaneidad del streaming implica un riesgo reputacional. Comentarios fuera de lugar o polémicas pueden afectar a las marcas asociadas. Por eso, cada vez es más común que los contratos incluyan cláusulas de comportamiento y monitoreo en tiempo real.

Las métricas también han cambiado. Ya no basta con medir visualizaciones. Las marcas analizan el sentimiento del chat, el engagement, los clics en enlaces, el uso de códigos promocionales y la reacción de la comunidad.

Innovación, tecnología y el futuro del streaming

El crecimiento del streaming no se detiene. Tecnologías como la realidad virtual, la realidad aumentada y la inteligencia artificial están empezando a integrarse en las transmisiones en vivo, creando experiencias más inmersivas.

Al mismo tiempo, las grandes empresas tecnológicas están invirtiendo y adquiriendo plataformas para fortalecer su posición en el mercado, lo que ha generado un aumento en fusiones y adquisiciones dentro del sector.

La regulación también juega un papel clave. Normas sobre contenido, derechos de autor y moderación obligan a las plataformas a adaptarse constantemente, lo que impacta tanto en la experiencia del usuario como en los costos operativos.

@davidporrasp

Nadie se dio cuenta de esto en la entrevista de Westcol al presidente Gustavo Petro, en donde queda evidenciado que en Colombia la presidencia ha sido hereditaria y que la oligarquía colombiana fue la que originó la violencia en Colombia con el frente nacional. #CapCut

♬ sonido original – David Porras

Un ecosistema en expansión, con desafíos

A pesar del crecimiento, la industria enfrenta retos importantes. Uno de ellos es la concentración de audiencia en pocos creadores, lo que dificulta la entrada de nuevos talentos. Otro es la presión de los algoritmos, que obliga a los streamers a mantener altos niveles de interacción, a veces recurriendo a contenidos polémicos.

También está el desafío de la saturación. Las audiencias empiezan a mostrar señales de fatiga frente a transmisiones largas, lo que podría impulsar formatos más cortos pero más dinámicos.

Y es que el streaming en vivo no solo cambió la forma de consumir contenido. Cambió quién tiene el poder de convocar audiencias.

Hoy, día un creador puede reunir millones de personas en tiempo real, generar conversación, mover dinero y hasta influir en la agenda pública.

Entérese: Pobreza, juventud y hasta los porros: así fue el cara a cara entre Petro y Westcol en Casa de Nariño

En ese escenario, Colombia ya no es espectador. Es protagonista.

Desde una habitación en Medelllín, o hasta una entrevista con el presidente, el recorrido de Westcol resume perfectamente el cambio de era: el entretenimiento dejó de ser unidireccional.

Ahora es conversación, comunidad y negocio. Y apenas está comenzando.

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Fueron 120 segundos de horror en Colombia

La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.

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Un registro instrumental de entre 90 segundos y dos minutos en las estaciones más cercanas al epicentro fue el balance técnico de tiempo entregado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC) de la duración del fuerte terremoto de magnitud 7.4 ocurrido en la mañana de este lunes 10 de agosto, cuyo epicentro se localizó en San José del Palmar, Chocó.

La cifra oficial revelada por la entidad especializada a través de una publicación en redes sociales respondió, según ellos, a la interrogante más recurrente de todos los ciudadanos colombianos posterior al evento telúrico: “¿Cuánto duró?”.

Ante la disparidad de testimonios de la población sobre la percepción del tiempo de la sacudida, la entidad especializada aclaró que la duración de un temblor abarca tres conceptos técnicos importantes e independientes: el tiempo percibido por los habitantes, el tiempo registrado por la instrumentación y la duración exacta del movimiento en la falla de origen.

El reporte técnico del Servicio Geológico Colombiano (SGC) señaló a través de la publicación que los sismómetros monitorean hasta movimientos del suelo imperceptibles para las personas.

Por esta razón, mientras la población puede percibir una sacudida durante contados segundos, las estaciones de monitoreo captan las ondas durante varios minutos. De acuerdo con el SGC, “en Colombia todos los días ocurren sismos que nuestros instrumentos detectan, pero que nosotros no sentimos”.

En el evento reportado este lunes en San José del Palmar, la red de monitoreo registró un rango de movimiento significativo que fluctuó entre un minuto y medio y dos minutos en las zonas inmediatas al epicentro, es decir, el resto de lugares afectados.

Respecto a la sensación individual de los ciudadanos —algunos de los cuales afirmaron haber sentido el temblor durante mayor o menor tiempo—, la institución explicó que la percepción no es uniforme. Esta variación depende de la distancia al hipocentro (el punto interior de la Tierra donde inicia la ruptura), la tipología de las edificaciones y las condiciones topográficas y geológicas del suelo.

El tipo de terreno desempeña un rol determinante en la propagación sísmica. En superficies compuestas por rocas rígidas, las ondas tienden a amplificarse en menor medida. Por el contrario, los suelos blandos presentan una tendencia a amplificar las ondas, prolongando el movimiento percibido.

La entidad concluyó que la respuesta a la pregunta “¿cuánto duró el sismo?” depende de si la evaluación se realiza desde la duración percibida por la población, la registrada por los instrumentos de medición o la ocurrida en la fuente sísmica.

De acuerdo con el más reciente balance oficial emitido por las autoridades nacionales, la emergencia deja de manera preliminar 111 personas fallecidas, 87 heridos y más de 100 desaparecidos, con las mayores afectaciones concentradas en los departamentos del Eje Cafetero, Valle del Cauca y Chocó.

¿Cuánto tiempo duró el sismo del 10 de agosto en Colombia según el registro oficial?

Las estaciones de monitoreo del Servicio Geológico Colombiano (SGC) más cercanas al epicentro en San José del Palmar, Chocó, registraron entre 90 segundos y 2 minutos (de 1:30 a 2:00 minutos) de movimiento significativo.

¿Por qué algunas personas sintieron el temblor más largo o más corto que otras?

La percepción individual de la duración varía según la distancia al hipocentro, el tipo de edificación y las condiciones del suelo donde se encuentre cada persona. Los suelos blandos suelen amplificar la vibración y hacer que se sienta por más tiempo, mientras que las rocas rígidas amortiguan el movimiento.

¿Cuál es la diferencia entre la duración percibida y la duración instrumental de un temblor?

La duración percibida es el tiempo durante el cual un ser humano alcanza a sentir la sacudida, mientras que la duración instrumental mide el tiempo total en que los sismómetros captan las ondas. Como los equipos detectan vibraciones imperceptibles para las personas, el registro instrumental suele ser considerablemente más largo.

¿El Servicio Geológico Colombiano puede predecir cuánto va a durar un temblor antes de que ocurra?

No. Ni la duración, ni la magnitud, ni la hora exacta de un sismo se pueden predecir. El SGC únicamente puede calcular la duración de las ondas e informarla una vez que los instrumentos de monitoreo han registrado el evento en tiempo real.

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Abelardo de la Espriella toma posesión como nuevo presidente de Colombia

El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.

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Cali amaneció el 7 de agosto con algo más que el acostumbrado movimiento de una ciudad acostumbrada a las grandes jornadas. Esta vez, la capital del Valle del Cauca tenía sobre sus hombros una responsabilidad que durante más de un siglo había pertenecido a Bogotá: recibir la ceremonia de posesión de un presidente de Colombia.

La protagonista era una figura que pocos años atrás parecía destinada a los escenarios jurídicos y mediáticos y que ahora llegaba al corazón del poder nacional: Abelardo de la Espriella.

La ceremonia rompió una tradición republicana de más de cien años. La Arena USC, en la Universidad Santiago de Cali, reemplazó a la tradicional Plaza de Bolívar como escenario del acto solemne. Allí se congregaron cerca de 2.300 personas entre congresistas, empresarios, dirigentes políticos, representantes gremiales y delegaciones internacionales.

Pero la escogencia de Cali no fue simplemente un cambio de dirección en la invitación presidencial. Desde la campaña, De la Espriella había insistido en que quería llevar la posesión a una región distinta de Bogotá y, originalmente, había planteado hacerlo en una guarnición militar. La propuesta provocó un enfrentamiento con el entonces presidente Gustavo Petro, quien se opuso a utilizar instalaciones militares para la ceremonia. Finalmente, el nuevo mandatario trasladó el acto a un escenario civil, aunque mantuvo un fuerte componente militar en la jornada.

Una alfombra roja para el nuevo poder

Pasadas las cuatro de la tarde, la Arena USC comenzó a convertirse en el retrato de la nueva Colombia que De la Espriella había prometido durante su campaña.

Por la alfombra roja desfilaron presidentes, expresidentes, dirigentes políticos y representantes internacionales. El rey Felipe VI de España estuvo entre los invitados, acompañado por mandatarios como Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; José Antonio Kast, de Chile; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; Nasry Asfura, de Honduras, y Laura Fernández, de Costa Rica.

También estuvieron expresidentes colombianos como Álvaro Uribe, Iván Duque y Andrés Pastrana.

Hubo, sin embargo, ausencias que no pasaron inadvertidas.

El presidente saliente, Gustavo Petro, no estuvo presente. Tampoco fueron invitados los expresidentes Juan Manuel Santos y Ernesto Samper. Y en el Congreso, la bancada del Pacto Histórico no asistió al acto, aunque sí se logró el quórum necesario para realizar la ceremonia constitucional.

La escena dejaba así una imagen difícil de ignorar: mientras unos llegaban para acompañar el nacimiento del nuevo Gobierno, otros escogían no estar allí.

El juramento

A las 4:22 de la tarde llegó el momento que había esperado buena parte del país.

Abelardo de la Espriella juró ante el Congreso de la República y recibió la banda presidencial de manos del presidente del Senado, Honorio Henríquez. Con ese acto, asumió oficialmente como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030.

A su lado estaba su familia.

El abogado nacido en Bogotá, de 48 años, que había construido una campaña presidencial alrededor de la seguridad, la autoridad, la defensa de las instituciones y una comunicación política poco convencional, pasaba de ser candidato a convertirse formalmente en jefe de Estado.

Y entonces comenzó el discurso.

“El tigre ha llegado

Si había una frase que resumía el tono del nuevo mandatario, probablemente era aquella que pronunció ante las Fuerzas Militares: “El tigre ha llegado”.

De la Espriella anunció una política de mano firme frente al narcotráfico, el terrorismo y las organizaciones criminales. Ordenó a las Fuerzas Militares y a la Policía combatir las estructuras delincuenciales y advirtió que quienes persistieran en el delito tendrían que someterse a la ley o enfrentar la respuesta del Estado.

La seguridad ocupó, de esta manera, un lugar central desde el primer discurso presidencial.

Pero hubo otro mensaje que buscó ampliar el alcance de su llegada al poder. De la Espriella afirmó que sería el presidente de todos los colombianos, incluso de aquellos que no votaron por él.

Era una declaración importante para un país que llegó a las elecciones profundamente dividido y que ahora comenzaba un nuevo capítulo político.

Fe, música y política

La ceremonia también tuvo momentos que se alejaron del protocolo estrictamente político.

Hubo un espacio de oración con la participación del rabino David Michaan, el pastor Eduardo Cañas Estrada y el sacerdote Francisco Javier Múnera Correa. La cantante Maía interpretó Aleluya, mientras en el recinto se mezclaban símbolos religiosos, música y solemnidad institucional.

El mensaje parecía claro: el nuevo Gobierno quería construir su identidad también desde los símbolos.

Y esa identidad estuvo presente en prácticamente cada detalle de la jornada.

De la Arena a los cuarteles

La ceremonia había terminado, pero la jornada presidencial todavía tenía una escena por contar.

Después del acto formal de posesión en la Arena USC, De la Espriella se trasladó al Cantón Militar Pichincha, en Cali, donde las Fuerzas Militares le rindieron honores como nuevo comandante supremo.

Fue allí donde pronunció su primer discurso dirigido directamente a la Fuerza Pública y donde reforzó su mensaje de autoridad y lucha contra las organizaciones criminales.

Era, en cierta forma, la imagen que había buscado desde el comienzo: una posesión fuera de Bogotá, pero profundamente ligada a Cali y a las Fuerzas Militares.

El primer día de un Gobierno que promete mano firme

La posesión no fue únicamente una ceremonia protocolaria.

Fue el primer capítulo de un Gobierno que llega con una promesa contundente: recuperar el orden, fortalecer la autoridad del Estado y enfrentar al crimen organizado.

Y el nuevo presidente quiso demostrarlo desde las primeras horas.

Ese mismo día comenzó a ejecutar una de sus primeras decisiones en materia de seguridad: el traslado de 117 internos vinculados a estructuras criminales y procesos relacionados con las negociaciones de paz hacia establecimientos penitenciarios de máxima seguridad.

Así, entre la banda presidencial, los himnos, los invitados internacionales, las oraciones, los aplausos y las ceremonias militares, Colombia comenzó oficialmente una nueva etapa.

Una etapa que tendrá como escenario un país todavía polarizado, una economía con enormes desafíos, regiones que reclaman mayor presencia del Estado y una ciudadanía que espera resultados.

Cali puso el escenario.

La Arena USC recibió al nuevo presidente.

Las Fuerzas Militares recibieron al nuevo comandante.

Y Colombia, desde ese 7 de agosto, comenzó a preguntarse qué significarán realmente para el país las palabras con las que Abelardo de la Espriella inauguró su mandato: orden, autoridad y libertad.

Ahora ya no hay campaña.

Ya no hay discursos de candidato.

Ya no hay promesas desde una tarima electoral.

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Colombia fue una nación que caminó unida por la fe en la multitudinaria Marcha para Jesús

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Las calles de Colombia cambiaron de rostro este domingo 2 de agosto. Allí donde habitualmente se escuchan los motores, las consignas políticas o el bullicio cotidiano, esta vez fueron los cánticos de alabanza, las oraciones y las banderas blancas las que marcaron el paso de cientos de miles de creyentes que participaron en la Gran Marcha para Jesús 2026.

Desde las primeras horas de la tarde, familias enteras comenzaron a reunirse en parques, avenidas y plazas principales de ciudades y municipios. Niños sobre los hombros de sus padres, jóvenes portando pancartas con mensajes de esperanza y adultos mayores caminando con serenidad hicieron parte de una movilización que, según sus organizadores, se desarrolló de manera simultánea en los 32 departamentos del país y en centenares de ciudades y municipios. 

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No hubo colores partidistas ni discursos electorales. La consigna fue una sola: exaltar el nombre de Jesús y elevar una oración colectiva por Colombia. Católicos, iglesias evangélicas, comunidades protestantes y creyentes de distintas denominaciones compartieron un mismo recorrido, dejando a un lado las diferencias doctrinales para enviar un mensaje de unidad, reconciliación y paz. 

En Bogotá, miles de participantes caminaron hasta el Parque Simón Bolívar, donde la jornada concluyó con música cristiana, momentos de oración y mensajes de esperanza. Escenas similares se vivieron en Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Pereira y decenas de municipios, donde las calles se transformaron en un gran templo al aire libre. 

La movilización transcurrió de manera pacífica. En lugar de reclamos o confrontaciones, predominó el ambiente familiar. Hubo abrazos entre desconocidos, cantos compartidos y palabras de ánimo para quienes observaban el paso de la multitud desde los andenes y balcones.

Los organizadores describieron la jornada como un movimiento ciudadano, apolítico y no denominacional, cuyo propósito fue recordar que la fe también puede ocupar el espacio público como una expresión de esperanza y servicio a la sociedad. Para esta edición se esperaba una participación superior a la de años anteriores, con presencia en cerca de 700 ciudades y municipios del país. 

Al caer la tarde, mientras las columnas de marchantes se dispersaban lentamente, quedaba la imagen de un país que, por unas horas, decidió caminar al mismo ritmo. En un momento marcado por desafíos sociales, económicos y políticos, miles de colombianos optaron por responder con oración, música y un mensaje de fe.

La Marcha para Jesús volvió así a demostrar que, más allá de las cifras de asistencia, continúa consolidándose como una de las manifestaciones religiosas más multitudinarias de Colombia, donde la esperanza fue, una vez más, la protagonista de la jornada. 

Todo se cerró con el Bogotá Gospel

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El momento culminante de la jornada se vivió en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, donde miles de marchantes confluyeron tras recorrer las principales vías de la capital. Allí, la Marcha para Jesús encontró un escenario de celebración con Bogotá Góspel 2026, el tradicional concierto del Festival de Verano que este año se articuló con la movilización nacional para convertir el parque en un gran espacio de adoración, música y unidad. 

Durante cerca de ocho horas, el escenario reunió a reconocidos artistas de la música cristiana como Miel San Marcos (Guatemala), Alex Zurdo (Puerto Rico), Rescate (Argentina), Cales Louima, además de agrupaciones colombianas como Avivamiento, One 4 All, Vasija de Barro, Rapha y Diana Paipa. Cada presentación estuvo acompañada por mensajes de esperanza, reconciliación y fe, en un ambiente familiar que congregó a creyentes de diferentes iglesias y generaciones. 

La unión entre la Marcha para Jesús y Bogotá Góspel convirtió el cierre de la jornada en una verdadera fiesta de la fe. Lo que comenzó como una caminata por las calles de la capital terminó con miles de voces elevando alabanzas al unísono, reafirmando el propósito de los organizadores: hacer visible un mensaje de paz, amor y reconciliación para Colombia. La Plaza de Eventos del Parque Simón Bolívar se transformó así en un inmenso templo al aire libre, donde la música sirvió como lenguaje común para celebrar la esperanza y la unidad del pueblo creyente. 

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